Fuerza motriz del jazz en México, tan importante ha sido su contribución al desarrollo de este género, lo mismo como pianista que como compositor y docente, que algunos le llaman san Francisco de Jazzis. Por este motivo, este miércoles Francisco Téllez recibirá la medalla Bellas Artes 20026 en Música, reconocimiento que, asegura, también corresponde a quienes han contribuido a engrandecer el género al que ha dedicado su vida.
En entrevista el pianista afirma que la medalla “es para todos los que hemos luchado durante muchos años para que el jazz se reconozca en otro nivel a través de discos, conciertos, revistas, programas de radio y todo lo se ha hecho en las aulas, primero en la Escuela Superior de Música (ESM) y luego en otras instituciones. Si echamos un ojo hacia atrás, vemos que antes no había nada. Cuando estudiaba en el Conservatorio Nacional no me dejaban tocar jazz”, dicen con humor negro.
Creador en 1980 de los talleres de jazz en la ESM del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), que luego de mucho bregar dieron lugar a que se instituyera la licenciatura en la especialidad, vivió en carne propia el menosprecio hacia el género. “Cuando buscábamos que se registrara el plan de estudios, en un comité de la ESM nos decían que era música de segunda —recuerda el pianista con sarcasmo—. Un maestro se reía y nos decía: ‘¿Por qué no hacen una licenciatura en Juan Gabriel? Esa música es indigna, no merece nada’”.
De ahí que reitere que este reconocimiento “es para el jazz de México en su conjunto, porque uno está aquí de paso. De alguna manera a mí se me ocurrió hacer los talleres de jazz y luego la licenciatura. Todo ello conllevó una investigación con el propósito de cambiar la educación del músico y crear, por ejemplo, las materias de armonía o instrumentación con características diferentes a las que se imparten en las escuelas de música. Hoy me da mucho gusto porque hay muchísimos músicos que fueron alumnos de la ESM y siguen promoviendo el jazz. Aunque siempre me pregunto: ¿les di las herramientas necesarias o faltó esto, o aquello?”
Intercambio mágico
Con una larga travesía al frente del Cuarteto Mexicano de Jazz, Francisco Téllez siente un compromiso muy fuerte con quienes escuchan su música.
“El público es el que nos hace a los músicos. Cuando estás en un ensayo o grabas un disco no sucede nada. Bueno, sí se toca lo mejor posible o se hacen otras tomas para mejorar las cosas, pero no está el intercambio mágico que se da con el público.
“Puede que estés cansado, pero empiezas a tocar y la música suena de otra manera gracias al aplauso del público o un grito de aliento. Eso hace que toques de otra manera. La creación nace de la improvisación. Esos son los momentos más agradables que tenemos todos los músicos: poder intercambiar con el público, además de tocar en el lugar adecuado, con un buen piano y las condiciones acústicas necesarias para sonar bien. Muchas veces no podemos contar con estas condiciones y tocamos como podemos en un changarrito con un piano eléctrico, pero ahí estamos”, dice entre risas el pianista.
Para Téllez “el jazz es como el aire, el mar o los pájaros, es libre de hacer lo que quiera. Me llama mucho la atención que algunos músicos quieren tocar los estilos antiguos, y qué bueno que estén haciendo eso, pero qué bien por los que están buscando nuevos caminos, nuevas armonías, como lo hacía Thelonious Monk. Lo criticaban porque tocaba armonías que no entendían, y que muchas veces una escuela como la Berklee prohíbe, aunque Monk lo hacía a cada rato y él es un pilar del jazz. El jazz es un arte que desarrolla creación, así que a seguir adelante, habrá más cosas. A veces se critica al free jazz, pero ya es música antigua. Tiene que haber algo más”.
El INBAL otorga la Medalla Bellas Artes 2026 en Música a Francisco Téllez, precursor de la profesionalización del jazz en México. Pianista, compositor y docente, su labor de más de tres décadas en la Escuela Superior de Música impulsó la primera Licenciatura en Jazz del país y… pic.twitter.com/SXOY5F729Y
— Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (@bellasartesinba) August 11, 2026
En el plano laboral, el panorama no es nada optimista, pues Téllez comenta que los jazzistas viven principalmente de los clubes o cafés donde se toca el género. Sin embargo, “muchos lugares son muy pequeños o no cuentan con presupuesto. Otros son más grandes y ganan un dineral con el cover, pero a los músicos nos dan una parte mínima a pesar de que mantenemos esos lugares. Grabamos un disco y subimos una pieza a las plataformas, pero nos dan .008 centavos por cada reproducción, así que nunca vamos a ganar nada. Es una realidad, pero seguimos luchando”.
Así como otros músicos, Téllez asegura, “los jazzistas tenemos una rivalidad con la inteligencia artificial. Cantas una melodía en el teléfono y le pides que te la adapte para un grupo de jazz o una sinfónica y lo hace. Claro, esa inteligencia artificial no nos va a afectar a los músicos que tocamos en vivo y que gozamos al hacerlo, lo mismo que gozamos el error. Nos equivocamos porque somos seres humanos y, como dijo Miles Davis: aprovecha ese error y al tocar lo que sigue deja de ser error, se vuelve parte de tu forma de ejecutar”.
hc