M+.- ¿De qué hablamos cuando hablamos de México? ¿Acaso traeremos a la conversación su gastronomía, o tal vez sus múltiples paisajes, que van desde desolados desiertos a vibrantes playas o zonas montañosas; o será quizá su gente? Y si nos detenemos en los personajes que le dan vida al teatro de este mundo, vendrá otra pregunta: ¿Quiénes son los mexicanos?
La pregunta y el tema “son inagotables”, como me lo dijo el filósofo Guillermo Hurtado en la respuesta al correo donde le solicité una entrevista para MILENIO. Y lo es tanto que hasta en el siglo XX surgió una corriente de pensamiento que dedicó gran parte de sus esfuerzos a intentar responderla. En ella desfilan los nombres de filósofos y escritores como José Vasconcelos, Octavio Paz, Emilio Uranga o Luis Villoro.
Pese a que una parte del trabajo de Hurtado abreva de esta tradición, su enfoque va más allá de asignar una categoría que defina la esencia del mexicano. Tampoco busca una respuesta psicológica o un diagnóstico patológico del alma nacional.
La conversación con el investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM me ha llevado a abordarlo desde otra visión, una que se preocupa por aquello que permite que los mexicanos podamos reconocernos como parte de una misma colectividad.
Hay un escenario en el que precisamente todas las piezas toman el lugar que les corresponde: se ondean las banderas, las ciudades y pueblos se llenan de los colores patrios y, bajo un mismo grito de “¡Viva!”, los mexicanos parecen reconocerse como parte de algo común.
Pero, ¿qué ocurre cuando la fiesta se apaga? ¿Puede aquello que se presenta con tanta fuerza y claridad permanecer para convertirse en la realidad de una forma cotidiana de reconocernos como comunidad?
La continuidad de 'México sin sentido'
Guillermo Hurtado es filósofo e historiador intelectual. Su trabajo ha transitado entre la filosofía política, la educación y la historia intelectual de México. En 2011 publicó México sin sentido, un libro que diagnosticó que la nación, que en ese momento cumplía 200 años de independencia, padecía una crisis de sentido que había paralizado su desarrollo democrático.
A quince años de aquella publicación, MILENIO conversó con el filósofo para volver sobre su tesis y preguntarse qué ha ocurrido con México desde entonces.
—Hace más de una década escribió 'México sin sentido', un libro donde diagnosticaba que los mexicanos carecíamos de un proyecto compartido. Tras todo este tiempo, ¿siente que hemos encontrado ya ese sentido?
“Escribí ese libro durante el sexenio de Felipe Calderón y lo publiqué en 2011, pero en realidad lo pensé en 2010, durante la celebración del bicentenario de la independencia. A mí me pareció una celebración muy pobre en términos conceptuales, ideológicos y simbólicos; me decepcionó mucho. Me dio la impresión de que el régimen no tenía una orientación clara acerca de cómo celebrar los 200 años.
“A nivel general, me parece que habíamos perdido una idea de cómo hacer México. No teníamos una idea clara de nuestro pasado, nuestro presente nos resultaba muy estrecho y no teníamos tampoco una idea de futuro”.
Para Hurtado, la llegada de un nuevo partido que desplazó a los dos que gobernaron anteriormente supuso la irrupción de un proyecto con una postura distinta frente al pasado, la actualidad y el porvenir de la nación. Sin embargo, este giro no resolvió el dilema de fondo:
“El hecho de que hoy tengamos un nuevo discurso político e ideológico —elaborado muy a las carreras y de manera superficial— no significa que los mexicanos hayamos encontrado un sentido a nuestra existencia colectiva. Pienso que estamos igual, o quizá peor, porque lo que tenemos ahora es un discurso histórico que oculta esa falta de sentido genuino y colectivo”.
Volver a pensar en la historia
Si recurrimos a la semántica de la palabra sentido, uno de sus significados hace referencia a la dirección que tomamos para desplazarnos de un punto A a un punto B. De esta manera, revisitar la historia de una nación puede permitir reconocer de dónde venimos y, a partir de ello, vislumbrar hacia dónde queremos ir.
La crítica del autor al régimen anterior recae precisamente en haber abandonado cualquier tipo de narrativa histórica capaz de orientar a la sociedad. A este abandono se le conoce como presentismo.
—Hablando del tiempo, menciona en su libro que vivimos en un presentismo en el que hay una desconexión hacia nuestro pasado y, a la vez, hacia el futuro. ¿Considera que sigue pasando?
“Eso pasaba en el régimen anterior. Ahora no, eso sí cambió. No nada más crítico—bromeó—. López Obrador nos hizo volver a pensar en la historia. Y eso está bien. La pregunta es cómo pensamos en la historia.”
“López Obrador retomó la cuestión histórica. Eso es algo que no se le puede negar. Esa es una diferencia entre el régimen actual y el régimen anterior. Pero diría que no lo hizo de la manera más adecuada.”
México volvió a pensar en su historia, pero Hurtado advierte que esto no implica poseer una visión compartida: “Esa narrativa no es la que va a permitir que México adquiera un nuevo sentido colectivo”, precisó.
—Usted no niega el valor de la historia en su libro. De hecho, menciona que es necesario recurrir a ella para encontrar valores.
Pero tengo la impresión de que las narrativas no son suficientes. En ese caso, además de una narrativa, ¿qué se necesitaría para empujar al mexicano a un nuevo sentido?
“No solamente una narrativa, sino una praxis política, —enfatizó—. Lo que propuse es que ese nuevo sentido tenía que construirse de manera colectiva por medio de la actividad democrática. No de la actividad democrática entendida como la entiende la partidocracia, en donde la democracia es propiedad de un grupo político. Sino de una democracia entendida como una forma de vida en donde uno va construyendo un sentido colectivo.”
Un ejemplo que surgió en la conversación fue un proceso que marcó nuestro siglo XX: la Revolución Mexicana. Si bien tuvo su propio marco ideológico y político, para Hurtado no se redujo a un discurso, ya que produjo una transformación de la sociedad:
“Por medio de la transformación de la sociedad, de sus estructuras, la Revolución Mexicana le dio un sentido para México. Un sentido que duró la mayor parte del siglo XX hasta que se fue agotando, hasta que fue abandonado por las élites y desde entonces no hemos vuelto a tener algo parecido.”
Retomar la historia lleva la discusión a un nuevo terreno. De Tijuana a Yucatán, conviven infinidad de identidades y formas de entender el país. Incluso podría sostenerse que no existe una forma unívoca de ser mexicano y, al contrario, pensar que existen distintas maneras de serlo.
Pero esta diversidad no debe entenderse como un impedimento para construir una colectividad. Por el contrario, como sostiene el investigador, un sentido compartido puede surgir de las relaciones entre quienes integran un grupo, aun cuando existan diferencias entre ellos.
—México es un país enorme; ¿cómo se construye un sentido compartido cuando hay tantos individuos con tantas visiones diferentes en un solo territorio?
“De la misma manera en que se construye un sentido individual. En una familia, todos son diferentes; también son diferentes los conocidos en el edificio, en la vecindad, en la colonia, donde sea. Somos diferentes, pero eso no significa que no podamos tener un sentido colectivo.”
“En el pasado se daba frecuentemente un argumento que a mí me parece falaz: ‘¿Dónde está México? Yo no veo dónde está México, yo no veo a los mexicanos’. Se decía: ‘Yo veo un yucateco, veo un veracruzano, veo un chilango de la Del Valle, veo un chilango de Iztapalapa; pero ¿dónde está México? México no existe’.
“Esa idea de que la colectividad no existe, que solo existen los individuos, me parece un argumento pobre. Bajo esta lógica, entonces las familias tampoco existen. Pero eso no es cierto. La colectividad mexicana se construye en la relación de los mexicanos entre ellos mismos”.
Nuevamente, la historia, y concretamente la Revolución Mexicana, aparece como referente de esta colectividad. Para Hurtado, este proceso generó un nuevo sentido colectivo gracias al encuentro y la movilización de personas provenientes de distintas regiones del país.
“¿Cómo se construyó el Estado-nación postrevolucionario? Se hizo a partir del proceso revolucionario mismo. Lo que construyó al Estado-nación mexicano fue la movilización de miles de personas de un extremo a otro del país. Los mexicanos del norte conocieron a los mexicanos del sur; los de Veracruz conocieron a los de Sinaloa. De ahí se generó un nuevo sentido colectivo. Por esa praxis revolucionaria. Y así se construyó el México de hoy”.
La colectividad viva
Si la colectividad depende de aquello que construimos en común como mexicanos, cabe preguntarse dónde se encuentran hoy en día esas expresiones de pertenencia. Para Hurtado, una de ellas aparece cada noche del 15 de septiembre; al respecto, el filósofo me compartió que: “Es una fiesta fabulosa. Algo que proteger. Celebrar nuestra independencia es algo virtuoso”.
Para él, el Grito va más allá de la ceremonia oficial; representa una expresión “totalmente popular”, una de las pocas ocasiones en que los mexicanos conseguimos reconocernos más allá de los gobiernos y partidos:
“A mí me encanta la fiesta del 15 de septiembre —admite—. No depende de un gobierno, o sea, no importa quién sea el Presidente o la Presidenta que salga a dar el grito.
“Más allá de la política, más allá de los partidos, me parece un ejemplo de un sentido colectivo, uno profundo; podríamos tratar, a partir de ahí, de construir un sentido hacia el futuro. Es una expresión de colectividad y es legítima.”
Ante el reconocimiento de que existen momentos en los que nos reconocemos como parte de una colectividad, propuse una observación: que esa unidad también aparece en dos extremos en los que brotan las pasiones. Tragedias como los sismos de 1985 o como el de 2017, que pusieron a prueba nuestra empatía y solidaridad, pero también en el desahogo festivo y la celebración, como ocurrió en el Mundial de 2026, del que fuimos una de las sedes.
Entonces surge la siguiente pregunta:
—¿Por qué nos cuesta tanto mantener esa solidaridad en el cotidiano? ¿Por qué la unidad solo dura mientras afloran emociones tan extremas?
“Ese sería el reto. Y eso es lo que yo llamaría la construcción de un sentido colectivo. Tiene que ser democrático, en el sentido de una democracia popular.”
Pero una democracia entendida como forma de vida también requiere ciudadanos capaces de participar en ella.
En otro momento de la conversación, Hurtado había defendido la importancia de la educación, y en específico de la filosofía, precisamente por su papel en la formación de la gente.
Al preguntarle por dos ramas de esta disciplina, la lógica y la ética, me explicó que la primera ofrece herramientas para el diálogo racional, mientras que la segunda, valores y principios:
“La lógica nos da los instrumentos y la herramienta para dialogar de manera virtuosa y la ética nos da los valores, los principios en los que vamos a fundar una colectividad.
“Son, como yo las veo, disciplinas que son valiosas en sí mismas, pero que tienen un papel muy importante en la formación de un ciudadano. Me gusta la idea de un ciudadano que puede defender sus posiciones por medio de la razón y de una razón virtuosa, ¿no? De acuerdo con el bien común, con los valores correctos. Ese es el tipo de democracia que a mí me gustaría que hubiera.”
Según explicó, esa formación no puede quedar en los libros de texto ni en discursos políticos. La construcción de la democracia cotidiana depende de la propia gente que es parte de ella:
“Eso es lo que nos está faltando, eso es lo que necesitamos, y ningún libro de texto de la SEP, ningún discurso de ningún político lo va a poder construir. Eso lo tenemos que hacer entre nosotros.”
Y entonces llega su definición de la transformación que, a su juicio, necesita México:
“La verdadera transformación de México sería esa. No cambiar un grupo de políticos por otro. La transformación que se requiere es de otro tipo: una que nos permita partir de lo que tenemos —ese sentido de colectividad, de identidad, de lealtad, de compasión— para alcanzar una forma de vida cotidiana en la que pudiéramos resolver nuestros problemas y ayudarnos entre todos para construir un mejor país”, finalizó.
AH