M+.– Ha pasado apenas una hora desde que el pleno de la Real Academia Española (RAE) eligió al escritor Sergio Ramírez (Nicaragua, 1942) para ocupar la silla L, la cual perteneció a Mario Vargas Llosa (1936-2025).
Fueron minutos de expectativa mientras transcurría el Festival Centroamérica Cuenta en la ciudad de Panamá, hasta que llegó la noticia y MILENIO se trasladó a la residencia de España en ese país para charlar con el autor, quien ya esperaba junto a su inseparable esposa, Tulita.
¿Cómo recibe este reconocimiento?
Con gran alegría, seré el único latinoamericano ahora en la RAE tras el fallecimiento de Mario Vargas Llosa y es un gran honor. Pero al mismo tiempo es paradójico, porque gracias a que fui desnacionalizado de mi país, algo que no reconozco porque soy nicaragüense hasta la muerte, yo recibo el honor de la nacionalidad española, y es gracias a que, como latinoamericano, puedo entrar a la Real Academia. Estoy contento, no lo busco, pero no puedo mentir que lo estoy disfrutando.
¿Qué significa para usted entrar a la RAE? ¿Es casi como ganar un Mundial?
Tal vez el campeonato mundial es mi vida entera. No sólo este momento, luchando a brazo partido en una cancha, la cancha de la vida: dos exilios, dos dictaduras, una revolución de por medio, muchos libros escritos, de manera que mi vida ha sido un verdadero mundial, mi vida.
¿Qué significa para Nicaragua su ingreso a la RAE?
Lo que pone en relevancia a Nicaragua es una alegría íntima para mucha gente. Sienten que de alguna manera, en medio de la desgracia que vivimos, del silencio que tienen puesto sobre el país, se compensa con estas alegrías. Me siento satisfecho de dar esa alegría al país y sé que miles de nicaragüenses estarán celebrando esta noticia.
Usted es el único centroamericano en la RAE.
Ocupar la silla de Mario Vargas Llosa es una carga pesada, hay que reconocerlo de entrada. Es un gran honor y siento mucha responsabilidad de estar a la altura y, sí, es como una caricia al alma.
¿Cómo vivió el momento en que se lo confirmaron?
Estaba asistiendo al ingreso de Héctor Abad en la Real Academia Panameña, escuchando un bellísimo discurso sobre la lengua. Saliendo de ahí, recibí la primera llamada del director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, informándome oficialmente que había sido electo. Mi primera reacción fue de satisfacción, de emoción, de alegría, de echar la vista atrás y ver todo lo que ha dado mi vida.
Hubo algunas críticas hacia su candidatura a la RAE. ¿Qué opina?
Los exilios son mezquinos. No me voy a meter a hablar nunca, es un asunto de principios contra ningún nicaragüense que haya sido desterrado. De cualquier manera, de lo que se piense de mí o contra mí, jamás van a salir de mi boca palabras contra ningún exiliado. El destierro para mí es sagrado.
El reconocimiento llega en plena jornada de Centroamérica Cuenta.
Ya son 12 años del festival. Muchos de los invitados han ido madurando, se han ido haciendo escritores famosos, de manera que eso también es una gran satisfacción. Han tenido éxito en haber escogido este camino tan difícil de la literatura.
Usted ha resistido todo...
Y llegar hasta el final y no perder la esperanza, ni el entusiasmo ni la curiosidad. A veces uno empieza a envejecer cuando pierde la curiosidad, cuando deja de interesarse por las cosas, así que yo no me siento de ninguna manera viejo.
La palabra lucha define su vida.
La vida es una batalla, no una pelea. No a mano armada. Estuve en una revolución, pero nunca aprendí a disparar. Creo que el combate en la vida está basado en las decisiones que uno toma, y cuando uno toma la decisión, hay que ser consecuente con ella y eso significa lucha. La lucha constante por lo que yo creo. Siempre vale la pena en la vida defender lo que uno cree correcto: la libertad, la democracia, la justicia.
Usted sostiene que una novela no frena una revolución, pero sí transforma individuos.
Sí, eso es una gran revolución: hacer que a una persona se le abran los ojos, que pueda ver hacia distintos mundos, que pueda aprender a tener un sentido crítico, a no partirse por la primera, a no creer en las ideologías absolutas ni en el pensamiento único. Revisar permanentemente lo que uno cree, eso me parece que ha sido también un reflejo de mi vida. Yo he revisado mis propias creencias, mis propias convicciones, aceptando lo que ha estado mal y dejándome convencer por lo que siento ahora que ha estado bien. Uno debe estar abierto críticamente siempre al pensamiento nuevo.
Se le ve contento. Toda una vida con su esposa, a quien conoce desde la juventud. ¿Es feliz?
Desde que teníamos 16, 18 años. Eso es una felicidad. La monogamia es una felicidad (risas). Y llegar así con los hijos, los nietos... llegar hasta aquí, dándole gracias a la vida.
¿Cómo ve el panorama político en Latinoamérica?
En América Latina el gran parámetro es el respeto a las reglas democráticas. No hay sistemas que se puedan comparar con las democracias, por muy imperfectas que sean. Sustituirlas por el absolutismo, por los partidos únicos; ya se ve que eso nunca ha funcionado. La lucha política siempre va a estar fijada en que hay ideologías distintas, pero para eso están las urnas electorales: una persona gana, ejerce el poder porque se lo dieron las urnas y luego viene una alternancia. Cuando se termina la alternancia, cuando se usan las elecciones para después violentarlas y quedarse en el poder, comienzan los problemas.
¿Qué falta?
Lo de siempre, que los países, por muy distintos que sean los gobiernos en términos ideológicos, tengan un proyecto nacional de largo aliento, que se muevan sobre bases económicas y sociales que no estén sometidas a vaivenes. Construir sobre lo construido, esa me parece que es la gran meta que deberíamos tener en América Latina.
¿Sueña con volver a caminar por Nicaragua?
Sí, dormido y despierto (risas). Y volveré, no tengo ninguna duda. Uno se acostumbra a una escenografía diaria para escribir. Yo tenía dos escritorios muy grandes; en uno iba a buscar papeles, en el otro tenía mi ordenador. Sabía dónde estaban las cosas. Tenía un tarro con abrecartas muy antiguos, regalos, incluyendo una daga, y luego cabezas, bustos... todo eso estaba colocado de una manera que sigue en mi cabeza. Quiero volver a armar esa escenografía donde yo escribía… estar frente a mi jardín. Pero sé que volveré.
¿Siempre lleva la camiseta de Nicaragua?
Por supuesto. Nicaragua siempre está en mi corazón, la llevo muy tatuada.
BSMM