• Hidalgo guarda una riqueza paleontológica excepcional de hace millones de años

  • El Museo de Paleontología de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo resguarda seis mil ejemplares fósiles registrados.
Pachuca /
Únete al canal de Milenio

En Hidalgo, la historia no sólo está escrita en libros, edificios o documentos. También permanece bajo tierra, atrapada en huesos, dientes, conchas, plantas y huellas de organismos que habitaron el territorio hace millones de años.

El Museo de Paleontología, del Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), resguarda más de seis mil ejemplares fósiles registrados, con edades que van del Jurásico al Pleistoceno.

El acervo reúne restos de plantas, invertebrados, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos, además de icnofósiles, es decir, evidencias de la actividad de organismos.

Y la cifra todavía puede crecer: la universidad reconoce que existe mucho más material pendiente de catalogación.

El acervo está organizado en distintas colecciones, cada una bajo la responsabilidad de un curador encargado de su ordenamiento, registro y conservación.

Entre ellas se encuentran las colecciones paleobotánica, de invertebrados, paleoecológica, microvertebrados y macrovertebrados, además de una osteoteca y una colección de tipos.

Un laboratorio para devolverles vida

La historia del recinto se remonta a 1995, cuando se construyeron las instalaciones del Museo de Investigación y Laboratorio de Paleontología y Geología Regional, ubicadas en la Unidad Central de Laboratorios, donde durante más de dos décadas permaneció la Colección Paleontológica.

En 2023, la universidad habilitó el área de Colecciones Paleontológicas y el Taller de Paleontología, en la planta baja de la nueva Unidad Central de Laboratorios, edificio Poniente. Ahí se encuentran actualmente los fósiles recolectados principalmente en Hidalgo, aunque el acervo también incluye ejemplares procedentes de Tlaxcala, Puebla y Estado de México.

Judith Berenice Alamán García, subdirectora de la Unidad Central de Laboratorios, explicó a MILENIO que el trabajo no termina cuando un fósil es localizado en el campo.

Antes de llegar a una vitrina o a un espacio de almacenamiento, las piezas pasan por un proceso de limpieza, restauración, consolidación y, en algunos casos, reproducción.

“En los Laboratorios tenemos las colecciones paleontológicas. El Taller de Paleontología es el espacio donde se repara y se prepara el material de los fósiles desde la limpieza. Una vez que se colectan los ejemplares, ahí es donde se limpian, se hacen réplicas y también se corrigen”, explicó.

Si una pieza se fractura durante su traslado, añadió, en el taller se realiza el resanado. También se elaboran moldes y réplicas para exhibición o para complementar el material resguardado en la colección.

El resultado es un acervo que permite observar, pieza por pieza, cómo era la vida en el territorio mucho antes de que existieran los seres humanos.

Mamuts, mastodontes y un león americano

Entre los ejemplares destacan restos de mamut, incluidos dientes, mandíbulas y cráneos; un rinoceronte; el caparazón de un gliptodonte —un pariente prehistórico de los actuales armadillos—, así como peces y plantas fosilizados en rocas.

Miguel Ángel Cabral Pedromo, investigador del área académica de la UAEH, explicó que la colección de macrovertebrados concentra principalmente restos de grandes mamíferos, entre ellos mastodontes y mamuts.

“Tenemos defensas de proboscidios, fragmentos de cráneo, mandíbulas, también de mastodontes, de mamuts. Los fósiles que tenemos aquí resguardados van desde hace como 1.2 millones de años hasta hace 65 mil años”, señaló.

Uno de los ejemplares que más llama la atención es el cráneo de un caballo identificado como Equus conversidens, especie que habitó el territorio durante el Pleistoceno.

De acuerdo con Cabral Pedromo, se trata de un ejemplar de aproximadamente 65 mil años y “el cráneo mejor conservado del mundo”.

La colección también conserva restos de un león americano (Panthera atrox), especie que habitó América durante el Pleistoceno. El quinto metacarpo izquierdo y un canino inferior fueron encontrados en la localidad El Barrio, en el municipio de San Agustín Tlaxiaca.

Otro de los hallazgos corresponde a un gonfoterio (Cuvieronius hyodon), del que se conserva el tercer molar superior derecho. La pieza fue localizada en las inmediaciones de El Arenal y corresponde al Plioceno tardío, entre 5.3 y 2.6 millones de años.

También forma parte del acervo una rama mandibular izquierda, con segundo y tercer molares, de un mastodonte americano (Mammut americanum), localizada en Ventoquipa, al sureste de Hidalgo. Los investigadores la ubican en el Pleistoceno tardío, entre 60 mil y 11 mil 700 años.

Más de cien sitios bajo la lupa

Los fósiles no llegan por casualidad al museo. Detrás de cada pieza existe un trabajo de campo que comienza con la identificación de zonas con potencial paleontológico.

Los investigadores realizan prospecciones, localizan los sitios, excavan y trasladan los materiales a la universidad, donde son preparados, restaurados, consolidados, estudiados y finalmente incorporados a las colecciones.

“Nosotros hacemos toda la investigación de dónde puede haber fósiles, vamos al campo, hacemos una prospección; si encontramos, excavamos, los traemos acá a la universidad, en el laboratorio los preparamos, los restauramos, los consolidamos y ya los resguardamos aquí en el Museo”, explicó Cabral Pedromo.

Hasta ahora se han identificado más de un centenar de sitios con potencial paleontológico en diez regiones de Hidalgo: Otlamalacatla, Tenango de Doria, Zimapán, Valle del Mezquital, Zacualtipán, Santa María Amajac, Actopan, Tula-Tepeji del Río, San Agustín Tlaxiaca y Pachuca de Soto.

Para Víctor Manuel Bravo Cuevas, profesor investigador del Área Académica de Biología de la UAEH, cada fósil es una pieza de un rompecabezas mucho más grande.

“Los fósiles son evidencia tangible de que el conjunto de organismos vivos y el ambiente han cambiado a través del tiempo”, sostuvo.

Hidalgo, explicó, posee una importante riqueza paleontológica debido a sus características naturales e históricas, pues cuenta con cuerpos de roca sedimentaria, precisamente aquellos en los que pueden conservarse los fósiles.

“Con ellos podemos recuperar los momentos e hilar la historia de la evolución que ha tenido el territorio”, añadió.

Una historia que todavía se está escribiendo

El trabajo de los paleontólogos no consiste únicamente en identificar huesos antiguos. Cada pieza debe determinarse a partir de sus características para establecer qué es y a qué organismo perteneció.

“Los fósiles son elementos que tenemos que determinar qué es el elemento —plantas, dientes o conchas— y de quién es —de animales, plantas o microorganismos—, por lo cual la biología es una rama fundamental para emitir un juicio objetivo al respecto”, explicó Bravo Cuevas.

El material resguardado por la UAEH permanece además bajo estudio.

Entre las investigaciones en curso se encuentran el análisis sistemático de peces e invertebrados cretácicos de Zimapán; la paleoecología de mamíferos y la dinámica de los ecosistemas del Cenozoico tardío del centro de México; el análisis de isótopos estables y patrones de desgaste dental, y el estudio de pequeños vertebrados fósiles de la región central del país.

También se desarrollan investigaciones sobre la evolución paleoceanográfica y paleoclimática del Golfo de California durante el Cuaternario tardío, mediante el análisis de microfósiles silíceos y otros indicadores paleoambientales, además de un proyecto que busca reconstruir parte de la historia de la vida mediante la integración de la paleobiología, las geociencias y herramientas digitales.

Estos trabajos están a cargo de los investigadores Katia Adriana González Rodríguez, Víctor Manuel Bravo Cuevas, Jesús Martín Castillo Cerón, Mauricio Omar Velázquez Aguilar y Juan Moisés Casas Peña.

Fósiles bajo protección

Además de su valor científico, el acervo cuenta con protección institucional.

La UAEH informó que, debido a la necesidad de registrar y proteger el material fósil conforme a la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, solicitó la incorporación de la Colección Paleontológica al Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El 15 de junio de 2023 se otorgó al Museo de Paleontología la “Concesión de Uso de Bienes Muebles para Personas Morales”, con número de registro 3227 P.M.

Así, detrás de cada diente de mamut, mandíbula de mastodonte, caparazón de gliptodonte o hueso de un antiguo depredador existe algo más que una pieza de museo: una evidencia de cómo era Hidalgo cuando su paisaje, su clima y sus habitantes eran radicalmente distintos.

Más de seis mil fósiles ya permiten reconstruir una parte de esa historia. Y los ejemplares que todavía esperan ser catalogados indican que el pasado del estado aún tiene mucho por revelar.


  • Alejandro Reyes
  • Reportero desde 2009. Mi labor es cuestionar; lo mejor de este oficio son las crónicas y las historias.

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite