Suelta reúne en Isla Project a José Eduardo Barajas (México), Sébastien Dosantos Capouet (Bélgica), Benjamin Installé (Bélgica), Madeline Jiménez Santil (República Dominicana), Elsa-Louise Manceaux (Francia) y Marek Wolfryd (México). La exposición surgió de una sucesión de invitaciones, conversaciones entre artistas y el deseo compartido de recuperar un territorio para la experimentación.
Pruebas de taller, instalaciones temporales, pintura, sonido, cinta magnética, superficies reflejantes e incluso un dispositivo que mina Bitcoin forman parte de una exposición que propone mostrar no solamente resultados, sino también aquello que sucede mientras una obra todavía está encontrando su forma.
MILENIO conversó con algunos artistas de Suelta sobre el origen de la exposición, el riesgo, el fracaso y aquello que normalmente permanece dentro del taller.
—¿Cómo nació Suelta?
Marek Wolfryd: El proyecto surge de una invitación de Karen Huber para hacer algo en el espacio de proyectos Isla Project. A partir de ahí contacté a Madeline y a otro artista para proponerles una exposición en trío, enfocada en prácticas ligadas a la instalación. El tercer artista terminó cancelando y, a partir de ahí, Madeline y yo hicimos una lluvia de ideas: empezamos a pensar en obras y en gente que, bajo esta dinámica, nos pareciera interesante y con quienes nos gustaría colaborar hacia adelante. Así se fue armando el grupo que hoy conforma Suelta.
Madeline Jiménez Santil: Para artistas de media carrera, por llamarnos de algún modo, no hay muchos lugares para experimentar. Pareciera que una vez que entras a la dinámica del mercado, los espacios existen solamente para producir cosas con un fin y una estética particular. Eso no quiere decir que se quiten las ganas de experimentar; al contrario, creo que se hace más necesario tener espacios que revigoricen la práctica del artista: no solamente la producción de objetos, sino también la producción de pensamiento, la experimentación y el diálogo con otros. Ese es un punto importante de Suelta: tiene rigor, pero una energía mucho más relajada, sin tener al mercado o la producción de objetos como finalidad.
—¿Qué vamos a encontrar en Suelta que normalmente no vemos en una exposición?
Madeline Jiménez Santil: Me gusta pensar Suelta como una especie de anti-exhibición. Vamos a ver pruebas, cosas que están solamente en el taller, cosas que nos acompañan. Creo que en varios de los artistas se verá un poco el detrás de cámara de las obras: obras en proceso o aquello que queda fuera cuando estamos en espacios más formales o ante invitaciones mucho más precisas. Me gusta esa idea de la anti-exhibición porque no hay curadores, tampoco somos un colectivo. Hay cosas efímeras, cosas que todavía no tienen nombre, que todavía no llegan a ser, pero que permiten sentir algo de lo que podrían llegar a ser.
—¿Cómo se traduce esa experimentación en obras concretas?
Sébastien Dosantos Capouet: Presento cuadros de doble cara provenientes de una secuencia expositiva anterior, Co , Ma , presentada el año pasado en Espacio Báltico, en la Ciudad de México. De un lado tienen una superficie pintada y del otro una superficie reflejante. Habían sido concebidos para un gesto expositivo muy ligado a las especificidades de aquel lugar. En Suelta se trata de repetir ese gesto en un contexto distinto, ponerlo a prueba y ver qué produce. Los espejos en la parte trasera reflejarán las obras cercanas, la arquitectura, pero también a los propios espectadores, generando un diálogo directo y cambiante con el espacio.
Elsa-Louise Manceaux: Estoy exhibiendo unos casetes pintados —que produje en paralelo mientras trabajaba en otro proyecto titulado Notas de voz presentado en el Museo Jumex—, que retoma la historia de una correspondencia epistolar mediante casetes. Dentro de Suelta, estos casetes pintados tomaron su propio camino, carga y significado.
—Marek, ¿cómo funciona tu propuesta?
Marek: Presento Towards Aesthetic Contemplation and Realist Speculation I, que forma parte de una nueva serie de instalaciones alrededor de la especulación como medio. Estoy experimentando con aparatos llamados lucky miners: dispositivos de minería independiente de Bitcoin que operan en solo mining, sin adherirse a un pool colectivo y compitiendo por cuenta propia contra la totalidad de la red.
El aparato que utilizo tiene una probabilidad estadística de resolver un bloque en un promedio de 16 mil 500 millones de años, un tiempo que excede la edad estimada del universo. Pero como cada sorteo es independiente del anterior, no es imposible que resuelva un bloque en el primer minuto, en cualquier momento o nunca. Mientras la obra se encuentre instalada, el aparato permanecerá encendido las 24 horas y, si durante la exposición llegara a resolver un bloque, la recompensa correspondería a quien esté exponiendo la obra en ese momento. En este caso, a Isla.
—¿Qué rol juega el espacio de exhibición?
Sébastien Dosantos Capouet: Cada lugar produce una nueva secuencia, un nuevo diálogo. Si Suelta se repitiera en otro espacio, probablemente no serían ni los mismos cuadros ni los mismos gestos. No se trata de repetir de manera idéntica la dirección de un gesto, sino de desplazarlo. Es en ese desplazamiento donde la obra se abre a una forma de alteridad.
Madeline Jiménez Santil: Tengo muy claro en mi trabajo que las piezas pertenecen a un espacio y a un momento específicos. Me gusta pensar que la pieza se modifica según el espacio; literalmente se transforma, se convierte o se vuelve otra cosa. La intervención sonora que presento existe para Isla, por el hecho de estar aquí, en este proyecto y en relación con los otros artistas.
—¿Qué lugar ocupa el fracaso cuando se expone lo que normalmente se oculta del proceso de trabajo?
Marek Wolfryd: Al preparar exposiciones siempre existen ese tipo de situaciones y terminan convirtiéndose en piezas, en obras definitivas. Aquí quisimos, hasta cierto punto, convertir ese proceso en parte de la exposición. Al final sí son obras completas las que se verán, pero a partir de la casualidad de la conversación podemos hablar de estas cosas, entenderlas dentro de nuestras propias prácticas y ponerlas en relación.
Sébastien Dosantos Capouet: Para mí, el verdadero “accidente”, o más bien lo desconocido, es el desplazamiento de la mirada y del punto de vista: poner estas obras en tensión con las de los demás artistas dentro de un contexto que no habían anticipado. Nunca sabes realmente qué va a producir ese desplazamiento hasta que ocurre concretamente en el espacio.
—Elsa, ¿qué riesgos asumiste con tu pieza?
Elsa-Louise Manceaux: Los casetes pintados tienen cierta fragilidad porque trabajo con acrílico sobre cinta magnética. Es una superficie totalmente inconvencional: el material puede desprenderse o necesitar restauración, algo que espantaría a muchos coleccionistas. Son pinturas que resuelven el tema del shipping, pero no el de la conservación, un aspecto en el cual pienso mucho.
Esta vez tomo el riesgo de mostrar algo que no cumple con las obligaciones de la conservación y que, al mismo tiempo, tiene mil maneras de exhibirse. Decidí soltar el control sobre la pieza para que el resultado funcione para este espacio en relación con la obra de los demás. Finalmente, me interesa la sencillez y el aspecto conceptual de una superficie pictórica.
—El texto de la exposición termina con la frase: “Por más que nos escondamos, al final, siempre es un show”. ¿Qué significa?
Elsa-Louise Manceaux: Muchos aspectos de la producción artística no se exhiben por completo. Siempre hay una selección, un montaje o un proceso de edición para distinguir qué se exhibe y qué no. Sin embargo, muchas partes de ese proceso aparecen como sedimentos del resultado final.
Para muchos artistas, el acto de exhibir es también un impulso para adentrarse en ciertos procesos y experimentos, sobre todo con trabajos in situ. Por más que nos recluyamos en nuestros mundos durante varios meses, a veces años, al final siempre es un show: aparece la necesidad de pasar de la privacidad del taller al espacio público, que muchas veces nos permite llegar a ciertas conclusiones dentro de la práctica, posicionarnos, dar la cara y después seguir de nuevo.
Marek Wolfryd: Tiene que ver con salir de las estandarizaciones y hacer una exposición entre amigos, pensando que no todo tiene que partir de un estatuto o de una elaboración extremadamente profesional. Podemos incluir consideraciones más auténticas y personales sobre nuestra relación con nuestro trabajo y con el trabajo de colegas. Eso es parte de Suelta: justamente esa acción de soltar y dejar que las cosas caminen un poco por ellas mismas.
Suelta incorpora también aquello que forma parte de sus procesos: la prueba, la conversación, el accidente y la duda. La muestra reúne trabajos que se modifican en relación con el espacio, instalaciones temporales y experimentaciones que no necesariamente permanecerán después de su cierre. Durante un mes, estas seis prácticas coinciden en Isla entre el trabajo de taller y su paso al espacio público, dejando visibles algunos de los procesos, decisiones e incertidumbres que anteceden o acompañan a una obra.
Suelta estará abierta hasta el 14 de septiembre en Isla Project, Bucareli 120, Ciudad de México.
PCL