“Me gusta pensar en la materialidad de lo que escribimos; hay una huella que tiene que ver con lo político”: Iveth Luna Flores

La escritora habla de 'Comunidad terapéutica', su primer libro de poesía en el que explora el impacto de los tratamientos psiquiátricos en el cuerpo femenino, las relaciones familiares y el amor alejado del guion romántico.

Iveth Luna Flores, poeta mexicana. (Cortesía: Sexto Piso | @pliplila)
Ciudad de México /
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La escritora mexicana Iveth Luna Flores tuvo su primer acercamiento a la lectura a través de las historietas y periódicos que veía en su casa. No fue sino hasta que ingresó a la primaria que pudo acceder a la lectura a través de los libros, como muchas de las niñeces en México. En ellos empezó a descubrir la poesía en los versos de Nezahualcóyotl, pero recuerda que fue en la música en donde realmente sintió que se introdujo al lenguaje poético.

“Fue con la transcripción de las letras de las canciones en donde sentía ‘aquí está pasando algo’. Ya en la preparatoria empecé a leer a Pablo Neruda y a todos estos poetas que son muy famosos. Luego, cuando entré a Letras me aboqué a leer todos los anaqueles de poesía que había en la facultad, porque en nuestras clases casi no nos enseñaban poesía. Intenté buscarla siempre por mi lado y a través de mis amigos”, cuenta la autora en entrevista, a propósito de la reedición de Comunidad terapéutica (Sexto Piso 2026).

Este es el primer libro de poesía de la escritora regia. Se publicó por primera vez con un tiraje limitado en 2017 en el Fondo Editorial Tierra Adentro gracias a un estímulo estatal; ahora regresa a las librerías en la colección de poesía de Sexto Piso.

Cuando Iveth Luna Flores escribió sus primeros poemas buscaba hablar de las relaciones familiares, de la violencia ejercida hacia las mujeres de su familia, de los tratamientos psicológicos y psiquiátricos en el cuerpo femenino y del amor alejado del guion romántico, todo esto atravesado por el contexto de violencia que se vivía en ese entonces en Nuevo León.

Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud fueron los primeros referentes para empezar a conformar su estilo: “Aunque Baudelaire es muy reconocido por lo monstruoso, por estos personajes no bellos canónicamente, hablaba mucho sobre la calle y la pobreza; Rimbaud también. Eran poetas a los que les gustaba hablar sobre la experiencia de la ciudad o de la calle, de lo oscuro. Creo que por ahí empezó mi relación con hablar de los elementos que estaban puestos en mi ciudad; yo no tenía nada que ver con París, pero sí tenía que ver con la pobreza, con la suciedad y con lo incómodo”.

Más adelante se adentró en la poesía escrita por mujeres. En “Papi”, de Sylvia Plath, descubrió otras formas de hablar de la familia, “no desde un lugar romántico, sino desde lo confrontativo, desde lo violento que también puede”. Y en “el lenguaje visceral” de la poeta mexicana Enriqueta Ochoa encontró las claves para plasmar la crudeza en su obra.

La escritura de Iveth Luna Flores está plagada de cielos grises, de asfalto, del ruido y del calor sofocante de la fábrica, del agotamiento de la clase trabajadora y de la violencia que cala las entrañas.

Sobre cómo ha configurado su universo poético, la autora dice: “Creo que es muy intuitivo. Hay ciertas texturas, ciertos olores, ciertos sonidos que al momento de escribir regresan porque estoy rodeada de eso. Mi ciudad es industrial. Tú sales a la calle y ves la fábrica y la fumarola, ves policías en las calles que ya son militares, ves la contaminación. Todo eso está ahí orbitando y se mete en la escritura, le da forma”.

“Me gusta pensar en la materialidad de lo que somos y en la materialidad de lo que escribimos. Creo que hay una huella en nuestro cuerpo que tiene que ver con lo político, lo político entendido como lo que el gobierno nos quiere imprimir, pero también lo que nos imprime la fábrica, la economía, el espacio público. Todas esas dinámicas que están en las calles y en nuestra familia no son más que pequeños núcleos que están atravesados por la época en la que vivimos”.

Cuando Luna Flores escribió los poemas de Comunidad terapéutica, en Nuevo León se vivía una de las etapas más críticas de militarización de la Fuerza Civil. La autora de Neblina afuera y Mis amigas están cansadas recuerda el impacto al ver los convoyes militares en las calles, los cuerpos de personas colgados de puentes y otros abandonados en las carreteras: “Había una violencia que estaba explotando de manera exorbitante”.

Lo anterior la llevó a plantearse un panorama lejos de algunos de los tópicos más recurrentes en la poesía: “Pensaba, ‘cómo voy escribir poemas de amor tipo Octavio Paz cuando está sucediendo todo esto’. Para mí era necesario decir todo lo que me estaba afectando, y que eso al final se expresaba en la salud mental; muchas mujeres sufrimos ciertos padecimientos emocionales o trastornos de la personalidad a consecuencia de lo sistemático, de la precarización”.

Portada de 'Comunidad terpéutica'. (Cortesía: Sexto Piso)

Sin embargo, para la poeta también era importante representar los espacios de resistencia que surgen en medio de la violencia, “las amistades, las relaciones interespecie, el descanso, el goce, la fiesta, el guardar silencio para poder escuchar todo lo otro que está pasando”.

La salud mental también es un tema recurrente en su poesía. De ahí que decidiera hablar de la terapia psicológica y psiquiátrica reconociendo lo necesaria que es, pero también exponiendo sus limitaciones: “Yo estuve en una comunidad terapéutica. No sé si es porque era muy analítica, pero (me preguntaba) ‘¿por qué nos están tratando así?’, ¿cuál es el acercamiento a los síntomas?’. Se necesita en cierta manera, pero también creo que a la psiquiatría le falta regresar a lo humano. Si siguen existiendo los hospitales psiquiátricos es porque la sociedad sigue siendo igual de represiva”.

Abordar la salud mental desde su experiencia personal le ha permitido reconocer que existe “un entrecruce con lo poético muy fuerte. La poesía se llena mucho del inconsciente, de lo que no decimos, del síntoma. Y la terapia es eso, hablar, nombrar, y a veces también llegamos a hablar con metáforas”.

Finalmente, la autora reflexiona sobre su escritura y los cambios que ha atravesado desde sus primeros poemas, reconociendo que antes se contagiaban del ruido y la violencia que la rodeaba. Ahora, “siento que tengo más espacios de calma y eso me permite reflexionar de otras cosas. Antes la poesía era una forma para confrontar. A veces sigo escribiendo poemas enojada, pero ya no nada más lo hago desde ahí. Ahora me permito estar en otros estados emocionales y con otros temas para escribir”.

PCL

  • Patricia Curiel
  • patricia.curiel@milenio.com
  • Estudió Comunicación y Periodismo en la UNAM. Escribe sobre arquitectura social y el trabajo de las mujeres en el campo de las artes. Cofundadora de Data Crítica, organización de investigación periodística que produce historias potenciadas por análisis de datos.

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