Algo sobre Tinto Brass

Los paisajes invisibles

Aunque quedó asociado a ‘Calígula’, Tinto Brass construyó una filmografía que exploró el erotismo, el deseo y la libertad individual.

El director italiano Tinto Brass, 1933-2026. (EFE/Claudio Onorati)
Iván Ríos Gascón
Ciudad de México /
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@IvanRiosGascon

La anécdota ya es conocida. Bob Guccione, fundador de la revista Penthouse, produjo la película escrita por Gore Vidal y dirigida por Tinto Brass, un ambicioso relato histórico sobre el totalitarismo, la corrupción, la ignominia moral y la violencia.

La fórmula sonaba bien, por la combinación de dos autores: la habilidad narrativa de Vidal para desarmar el andamiaje del poder, y la vocación transgresora, visualmente hablando, que Tinto Brass mostró en Salón Kitty (1976), el filme sobre un burdel de Berlín que los nazis usan como centro de espionaje. Pero Guccione abusó de su jerarquía. Rodó escenas de sexo explícito, intervino la edición en proceso e insertó esos cortes que incluían orgías y cunnilingus y en 1980 lanzó Calígula a las salas. Gore Vidal se retiró de los créditos y lo mismo hicieron otros miembros del staff como Franco y Roberto Rossellini (que colaboraron con el guion), el editor Russell Lloyd, el compositor Bruno Nicolai (aparece como Paul Clemente) o el figurinista Danilo Donati. Tinto Brass quedó como responsable de fotografía. No como director.

La crítica fue brutal. Se organizaron protestas en los cines (eran tiempos de efervescencia antiporno). Se prohibió su exhibición en diversas latitudes pero, paradójicamente, recuperó con creces la inversión y es la cinta que los cinéfilos relacionan con Tinto Brass. En 2023 se proyectó en Cannes una versión ultimate cut (corte definitivo), que el productor Thomas Negovan hizo con escenas que se creían perdidas, y circula en plataformas de streaming con casi tres horas de duración, supuestamente para “redimir” una obra repulsada. Sin embargo, hay otro relato de lo que en realidad fue el affaire Calígula: ni Vidal ni Tinto Brass se molestaron por los insertos sexosos de Guccione, su renuncia fue por motivos de ego: Gore acusó que Brass y Malcolm McDowell (que aportó diálogos adicionales al libreto) deformaron el sentido original de su script, mientras que Tinto se sintió defenestrado de la cabina de edición por Bob Guccione. Sobre esto, hay quien sugiere que Brass no quería que la cinta fuera erótica sino repulsiva, pues desde un principio quería incluir mujeres feas en las escenas orgiásticas y tipos con pinta de delincuentes como miembros del senado. Además, los agregados de Guccione no eran más de cinco o seis minutos.

Ese antecedente quizá fue el pábulo por el que a Tinto Brass se le consideró un pornógrafo empedernido, a pesar de que sus filmes, más allá de la exploración del mecanismo del deseo y de la obsesiva exaltación del cuerpo femenino, se sostiene en un discurso libertario que cuestiona la hipocresía burguesa, la mojigatería o la represión, incluso en la fantasía individual, en filmes como La llave (1983), adaptación de la novela de Junichiro Tanizaki; Miranda (1985), inspirada en la comedia La locandiera de Carlo Goldoni; Capriccio (1987), adaptación de Las cartas de Capri de Mario Soldati; Snack Bar Budapest (1988), del libro de Marco Lodoli y Silvia Bre; Paprika (1991), su versión de Fanny Hill de John Cleland; El hombre que mira (1994), basada en Alberto Moravia; Senso’45 (2002), otra versión muy suya de la novela de Camilo Boito: para sus detractores, las piezas literarias que tocaba Tinto Brass perdían la profundidad psicológica, la dimensión política o el sentido filosófico y terminaban como espectáculos de frivolidad voyeur o patéticos productos de sexplotation.

No obstante, Giovanni Brass (su nombre verdadero porque Tinto provenía de Tintoretto, apodo que le puso su abuelo) fue un director cuya óptica se fincaba en experimentar con la cámara y sí, abordar la carnalidad a manera de insubordinación, pero siempre con estricto apego estético. (En 1964, Umberto Eco y Vittorio Gregotti lo invitaron a participar en la XIII Trienal de Milán dedicada al tiempo libre, con dos cortos experimentales, Tempo libero y Tempo lavorativo, que se ajustaron perfectamente a la meditación multidisciplinaria sobre la vida moderna.)

Brass murió el 4 de noviembre. Tenía 93 años. Sigo pensando que no se le valoró lo suficiente, a pesar de ciertas afinidades con el cine de Pasolini.

AQ / MCB

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