La historia que relato la he conocido de voz en voz. O, mejor dicho, de papel y tinta, en diferentes versiones y con un sesgo de incredulidad que se extiende a lo largo de más de cien años. Se cuenta que Santiago Méndez Armendáriz nació en la Ciudad de México en 1881 y egresó de la Escuela Nacional de Jurisprudencia en 1908. Una década más tarde, la Revista Mexicana publicó en 1916 “El idiota” y en 1920 “El último regalo”, ambos textos narrativos de su autoría. Entre esos años, mientras él vivía en el exilio forzado en Estados Unidos, la Librería de Quiroga, ubicada en 714 Dolorosa Street, en San Antonio, Texas, imprimió una plaquette de Vida y milagros de Pancho Reyes, el detective mexicano, que se divide en dos episodios, los relatos “La suicida invisible” y “El tres de espadas”. Sin embargo, esta publicación carece del nombre del autor y de la fecha de impresión.
Cuarenta años después, en el apartado correspondiente a “El cuento policiaco”, del libro Breve historia del cuento mexicano (1956), el crítico literario Luis Leal (1907-2010) atribuyó la creación de Pancho Reyes, el primer detective mexicano de ficción, a Alfonso Quiroga, confundiendo el nombre del impresor del cuadernillo con el del autor. Casi medio siglo después del comentario de Leal, Vicente Francisco Torres Medina (Ciudad de México, 1953) rescató un ejemplar de este cuadernillo en alguna librería de viejo de la calle de Donceles y ofreció algunas pistas sobre lo que planteó como “la primera muestra de literatura policiaca nacional”. En su libro Muertos de papel (2003) informó que en el número cuatro de la revista Selecciones Policiacas y de Misterio (originales en castellano) algún vivillo se atribuyó la autoría de “La suicida invisible”, uno de los dos relatos que conforman Vida y milagros de Pancho Reyes, asumiendo que Méndez Armendáriz era un plagiario.
Durante más de dos décadas prevaleció la hipótesis de Torres Medina. Incluso el investigador mexiquense Jorge Palafox Cabrera (Texcoco, 1985) en su multicitada tesis “Letras asesinas: Historia de la literatura policial mexicana (1930-1960)” (2014), sugiere esta probabilidad ya que “en los números dos y cuatro” de la revista Aventura y Misterio, a mediados de la década de 1950, salieron publicadas las dos narraciones que componen Vida y milagros de Pancho Reyes.
Fue hasta el 2025 cuando la investigadora Cathy Fourez (Francia, 1974) replanteó esta información, reconfigurando las raíces literarias del género policíaco mexicano: el verdadero autor, tanto de “La suicida invisible” como de “El tres de espadas”, sí fue Santiago Méndez Armendáriz.
Fourez se basa en un hallazgo hemerográfico propio que encontró en la biblioteca Miguel Lerdo de Tejada en 2022: en las páginas de El Universal Ilustrado, revista de El Universal, se publicó por entregas, entre el 4 de abril y el 16 de mayo de 1929, “Las aventuras de Pancho Reyes”, es decir, los dos episodios que conforman aquel cuadernillo publicado en Texas: “La Suicida Invisible” y “El Tres de Espadas”.
Tiempo después, la propia Fourez refiere que en la trilogía Puros Cuentos. Historia de la historieta en México (de 1874 a 1950), publicada entre 1988 y 1994, los historiadores Juan Manuel Aurrecoechea y Armando Bartra mencionan brevemente a Méndez Armendáriz como un pionero del género policial basándose precisamente en las dos aventuras de Pancho Reyes publicadas por El Universal Ilustrado en 1929.
Parte de esta información está disponible a partir del lanzamiento del volumen Vida y milagros de Pancho Reyes, el detective mexicano que este año publicamos en Serie RedRum en este 2026, del búnker editorial de Librosampleados. En este libro se despliegan ambos relatos, en los que el ingenio se enfrenta a lo imprevisto. En el centro de la tormenta se alza la figura magnética de Pancho Reyes, el primer detective mexicano de ficción, un joven que, bajo la fría luz del positivismo, desarticula los enigmas ocultos en los rincones más oscuros de la incipiente Ciudad de México.
AQ / MCB