Perreando con Cazzu

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En su primer libro, la cantante argentina afirma que las reggaetoneras están tan empoderadas de su sexualidad y su cuerpo, que generan una propuesta nueva y real sobre la mujer deseante y decidida.

Cazzu en Ciudad de México presentando su libro ‘Perreo, una revolución’. (Cuartoscuro)
Andrea Serdio
Ciudad de México /

¿El reggaetón es el género más machista de la música latina? ¿Es más machista el reggaetón que la lente con lo que miramos? Esto se pregunta Cazzu (Julieta Cazzuchelli) en las primeras páginas de su libro Perreo. Una revolución (Reservoir Books, 2025), una apasionada defensa del género que la convirtió en estrella, que ha sido calificado de misógino, vulgar, rudimentario y, sin embargo, es el más escuchado de la música latina en el mundo. Ella, feminista radical, reconoce que en el reggaetón la mayor parte de las letras hablan de “sexo, sexo y más sexo”, pero de un sexo siempre consensuado, de un placer compartido, alejado del abuso. Distante de la condena impuesta por el patriarcado: “un hombre que tiene mucho sexo y, sobre todo, si es con diferentes mujeres, se gana el lugar soñado del pedestal de la virilidad. Se vuelve un campeón, inspira respeto; por el contrario, la mujer que sostiene un comportamiento sexual similar al de un hombre […] es vista como una puta”, observa Cazzu.

Cantante, compositora, productora, Cazzu nació en Jujuy, Argentina, el 16 de diciembre de 1993; es una mujer libre, una artista que rompe fronteras en los géneros incursionando no solo en el reggaetón sino también en el trap latino, el rhythm and blues latino y el folclore. En su primer libro, para sostener su tesis, analiza canciones emblemáticas del reggaetón como “Gasolina” de Daddy Yankee, “En la cama” de Nicky Jam o “Mírala bien” de Wisin & Yandel, en todas ellas las mujeres participan de la aventura sexual, en ninguna son forzadas a hacer algo que no quieran; no se doblegan ante los tabúes. “Ojalá pudiéramos ser una de ellas, una mujer que termina la noche con quien quiere, sin tener miedo de ser descuartizada, que ejerce su derecho al sexo sin preocuparse de la condena social, y, digamos, que se comporta igual que lo haría un hombre. Hasta ahora, las mujeres que habitan en estas canciones me parecen la más seductoras de las utopías”, afirma Cazzu quien reniega de la imagen tradicional de la mujer sumisa, dedicada solo al cuidado del marido —que tiene derecho a todas las libertades— y los hijos, sin lances eróticos más allá de la vida conyugal, y escribe: “Al patriarcado no le gusta el juego de igual a igual, entonces ve necesario inculcarnos, desde pequeñas, que somos frágiles damitas de cristal, siempre al borde de rompernos”. Pero esto no es así para ella ni para sus compañeras y seguidoras: “la mujer reggaetonera está tan empoderada de su sexualidad y su cuerpo, que en realidad genera un cambio de paradigma, una propuesta nueva y real sobre la mujer deseante y decidida y que destruye la fantasía de la virilidad, porque ¿cómo se puede ser un macho viril sin superioridad sexual?”.

Perreo. Una revolución es mucho más que la defensa de un género musical, es una declaración del principio, un embestida contra los estereotipos de belleza que se imponen a las mujeres, mientras los reggaetoneros pueden delgados o gordos, altos o chaparros, a ellos solo se les juzga por lo que hacen, por lo que cantan; es una respuesta a quienes critican a la mujer por emanciparse sexualmente, una mujer —dice Cazzu— “se revaloriza por apropiarse de su sexualidad y de su deseo, al elegir qué hacer con ellos, en un mundo totalmente reservado al placer masculino heterosexual”. A ella, afirma, se le podrá criticar por muchas cosas, y sin embargo no se amedrenta, aquí sigue: “haciendo frente a las ideas que agravian mi integridad como mujer libre”.

AQ / MCB

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