‘Chungking Express’: ¿ha caducado el cine de amor en este siglo?

Cine

Casi treinta años después de su estreno, la cinta de Wong Kar-Wai gozó de una restauración que nos recuerda por qué se convirtió en un clásico instantáneo.

Brigitte Lin y Takeshi Kaneshiro en Chungking Express. (Miramax Films)

Fernando Zamora

Hay años importantes en la historia del arte. 1939, por ejemplo. En aquel año se estrenaron Lo que el viento se llevó, El mago de Oz y otras que, para bien y para mal, marcaron el cine del porvenir. De igual modo en 1994 se estrenaron dos películas cuya influencia llega hasta hoy: Pulp Fiction y Chungking Express. Ambos filmes siguen siendo tan actuales como hace veintisiete años, ambos exploran la narrativa coral, el juego de referencias al cine mismo y una imagen frenética que sigue marcando el gran cine de nuestro tiempo. Además, Chungking Express ha sido restaurada y se está promocionando en el mundo con la obra de su creador: Wong Kar-Wai.

El inicio de Chungking Express es acelerado. El director parece adivinar un tiempo (el nuestro) en que es posible rodar con un celular. Y, sin embargo, el gusto por la composición, por los colores y, en suma, por la imagen, presagia ya el estilo sofisticado de In the Mood for Love de 1997.

Vale la pena detenerse en el manejo del color. En Chungking Express el amarillo está presente cada que el director discurre en torno al amor. En este y otros sentidos la obra tiene correspondencias con My Blueberry Nights del 2007. Si en la primera Wong identifica el amor de la protagonista con el amarillo, en la segunda parece decir que el amor de la heroína es púrpura. Ambas películas, además, giran en torno a un pequeño restorán en que el dueño funciona como un dios Eros que invita a los amantes a trascenderse a sí mismos y cambiar. Porque, sí, ambas películas ponen en escena todo lo que cambia a la gente el fenómeno del amor.

La historia de Chungking Express parece mínima. Dos policías se enamoran. El primero de una traficante de drogas a quien todo le sale mal y el segundo de una vendedora de cabellos cortos y cierta inocencia que la hace crecer en sensualidad. Vale la pena notar, además, que en ninguna de las dos historias hay contacto físico. En ello, Wong Kar-Wai parece seguir a la letra aquella máxima del protagonista de Nostalgia de Andrei Tarkovski, quien afirma que en las grandes historias de amor no puede haber, ni siquiera, un beso.

Por otra parte, Chungking Express es una comedia de situaciones en la que el espectador se ríe de sí mismo al identificar en su propio caso esos fatales deseos que no terminan nunca por consumarse. Pero, además, la maestría del director hongkonés se evidencia en el modo en que la historia discurre en torno al significado del tiempo. El tiempo como sucesión de hechos y como momento propicio. En el primer sentido el cineasta hace hincapié en que el héroe de la primera historia está por cumplir años. Y obsesionado busca conservas que caduquen ese día. El muchacho en realidad está preguntándose por su propia caducidad. Porque este es otro tema de la película: la caducidad. En el segundo sentido, en el del tiempo propicio, Chungking Express explora el amor como la coincidencia que se ofrece en el momento justo. Una equivocación, un chubasco o un deseo impredecible, cambian el futuro de la relación. Pero el final de esta obra es abierto y, por ello, Wong Kar-Wai ha anunciado a propósito del reestreno de sus filmes, que quiere rodar la segunda parte de esta magnífica película que, en su discurrir en torno al amor y el tiempo, nos plantea, como lo hace también Tarantino, una pregunta sobre el significado de hacer cine. En Chungking Express, Wong Kar-Wai nos cuestiona: ¿acaso ha caducado en este siglo el cine de amor?


Chungking Express está disponible en Mubi.

Chungking Express
Wong Kar-Wai |Hong Kong | 1994

AQ

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