Al cumplirse este 18 de julio el centenario del nacimiento del escritor español Ángel Crespo (1926-1995), debe recordarse y regresar a su legado como ensayista y traductor, pero no menos importante será redescubrir al poeta.
Muy joven, Crespo eligió exiliarse y se mantuvo lejos de España desde los 37 a los 62 años. Su proyección en las letras fue impulsada y reconocida en otras latitudes, pero en España, y más aún en América Latina, su poesía quedó al margen, incluso fuera de los referentes de algunas antologías.
De los 24 a los 37 años ejerce como abogado, llevando en paralelo una actividad editorial y literaria muy intensa; como ejemplos podemos citar la fundación y codirección de tres revistas de poesía: El pájaro de paja (1950-1954); Poesía de España (1960-1963) y en 1962 Revista de Cultura Brasileña, patrocinada por la Embajada del Brasil en Madrid, misma que da a conocer a los lectores españoles la floreciente cultura brasileña y difunde las posiciones de su vanguardia, entre ellas la poesía concreta.
Clave en la trayectoria del poeta es el año 1963, cuando Crespo viaja a Italia, en parte para tomar distancia del gobierno franquista, pero también para alejarse de las posiciones políticas de la oposición.
Este primer viaje a Italia lo deslumbra. Desde entonces, renuncia a su condición de abogado y se concentra en su labor como intelectual y traductor, actividad que lo haría célebre.
En 1967 viaja a Puerto Rico, donde trabaja junto a su esposa, la también profesora y traductora Pilar Gómez Bedate, en la cátedra de Literatura Comparada en la Universidad (Río Piedras) de aquel país.
A los 47 años, en 1973, obtiene el doctorado en Filosofía en la Universidad de Upsala, en Suecia. Con la caída de la dictadura de Francisco Franco, Ángel Crespo regresa a España, pero poco tiempo después vuelve a irse para fijar su residencia en Italia, donde es distinguido con la Medalla de Plata de la Universidad de Venecia en 1982.
En 1988 Crespo regresa definitivamente a su país, instalándose en Barcelona, donde trabaja como profesor invitado en las universidades de Barcelona (conocida como La Central) ya la Autónoma de Barcelona. Nombrado profesor emérito en la Universidad Pompeu Fabra.
Murió el 12 de diciembre de 1995. En la nota luctuosa que hace Andrés Sánchez Robayna en la revista Vuelta (marzo 1996), se sugiere que los trabajos del escritor, al mantenerse alejado de España, alcanzaron un justo reconocimiento como traductor y ensayista, pero el poeta quedó oculto (marginado) a los ojos de la crítica. Y añade:
“Crespo era —es— ante todo un poeta, y […] la poesía fue el centro desde el cual irradió todo su trabajo… la creación y el pensamiento aunados en una obra que el tiempo, inscribe ya en su claridad”.
Como poeta publicó 25 títulos y 15 como ensayista, incluyendo sus aforismos. Como traductor convoca a poetas del Brasil y de Portugal (Pessoa, por ejemplo); poetas catalanes y, sobre todo, es admirable su trabajo como traductor de La comedia, de Dante; y el Cancionero, de Petrarca.
La realidad entera (Galaxia Gutenberg, 2015) es una antología que traza la trayectoria y la voz poética de Ángel Crespo. En el prólogo, además de enfatizar sobre una poesía del “conocimiento”, se apuntan tres grandes etapas de su trayectoria lírica:
En primera instancia, es la voz que escapa a las condiciones político-sociales de una dictadura, que se manifiesta libre por el camino de la palabra, que alza la voz y lo hace (con originalidad) junto al paso de las vanguardias.
Ya en plena madurez, viene una elección más personal, los versos fluyen empapados de un humanismo “culturalista” (intelectual).
Finalmente, en sus últimos años, los versos se ahondan en el oficio de la palabra y la búsqueda del misterio de lo sagrado.
Para finalizar, como mínimo homenaje en su centenario, dejo dos poemas de Ángel Crespo a los que anteceden el siguiente aforismo:
“Un poema verdadero nunca es oscuridad, sino la otra cara de la luz.
“El poema se ilumina cuando lo leemos con los ojos cerrados”.
Las sombras van cayendo como un regalo de los dioses,
el más generoso, pues son
de sus incorruptibles cuerpos y de sus almas
inmortales imágenes; y no
nos piden nada a cambio de este espejo
en el que todo encuentra su unidad
de nuevo, es otra vez, y cada vez,
como un latido hecho de movimiento y de quietud,
el puro pensamiento que se esconde
de sí mismo, acosado por la luz.
Cuando te quedas solo
Cuando te quedas solo, eres espejo
de lo que fuiste:
una mañana
contemplada desde el balcón
entornado; unos pasos
armoniosos que no has seguido
para no derramar tu gozo;
unas cuantas palabras
que te cambiaron más que el tiempo;
una mirada que se ahogó
como luz en tus venas;
un viaje que nunca querías
terminar; tu alma ausente
de lo que te esperaba
al quedarte tan solo.
La realidad entera
El misterio no dice:
se muestra, y contemplarlo
es prodigioso oficio, pues se hace
la mirada interior una con él
aunque así misma no pueda mirarse.
No es renuncia ni entrega contemplar
—más sin intentar poseerla—
la realidad entera silenciosa
cuya superficie nos muestra
un paisaje parejo al interior
mostrarse de su abismo
—en el que las palabras se transmutan
en miradas; para aceptar
lo que, al estar oculto, más se muestra.
AQ / MCB