El pasado mes de agosto Consuelo Sáizar de la Fuente cumplió 65 años. En este 2026, ha vivido una vorágine de coincidencias que le permiten hacer un balance, un inesperado corte de caja: el próximo 10 de noviembre recibirá la máxima distinción que otorgan los editores mexicanos a través de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), el Premio Nacional al Mérito Editorial Juan Pablos 2026 en reconocimiento a una trayectoria que abarca la dirección editorial, la creación y el desarrollo de catálogos, la distribución de libros, la transformación digital, la investigación y la gestión cultural tanto en México como en el ámbito iberoamericano.
Paradójicamente, Sáizar de la Fuente debuta ahora como autora con El Aleph digital. Del libro impreso a la lectura total, un testimonio personal editado simultáneamente en España por el prestigioso sello Siruela y en México y América Latina por Tusquets, en el que, en términos generales, aborda las transformaciones del mundo del libro en los primeros 25 años del siglo XXI.
Además, este 2026 Sáizar de la Fuente ingresó a la Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras con un discurso memorable: “Los archivos del porvenir. La memoria y su custodia”. Recibió un homenaje entrañable en su tierra natal, Acaponeta, Nayarit, y la Cámara de Diputados le entregó un reconocimiento por su trabajo en el ámbito editorial, la promoción de la lectura y el fortalecimiento de instituciones culturales.
A lo largo de los años, Consuelo Sáizar y quien realiza esta entrevista hemos conversado de manera pública y privada sobre temas muy variados: su historia como ejecutiva de editoriales y editora privada; su paso por el servicio público y su posterior decisión de estudiar un par de maestrías y un doctorado en Inglaterra. Siempre con el ánimo de seguir de cerca las mutaciones del libro, la lectura y la industria editorial; todo a la luz de sus tres compromisos fundamentales: su género, su generación y su oficio.
Empecemos por el significado del Premio Juan Pablos que recibirás el 10 de noviembre.
Es sentir que todo valió la pena, que mi vocación precoz tuvo una continuidad que acabó siendo reconocida. Tuve la fortuna de nacer en la imprenta de mi abuelo, lo mismo que mis hermanos, que no fue algo que los conmoviera. En cambio, siempre me ha apasionado el proceso de edición: ver cómo una idea intangible se transforma en un objeto que primero se tiene que escribir, luego componerlo, diseñarlo e imprimirlo. Después viene el resultado contable que refleja la opción que ejercen muchísimas personas al decidir leer o no ese libro.
No tengo una gran imaginación, pero sí soy alguien que piensa y analiza mucho. Por eso he podido llevar a cabo mi labor como ejecutiva, empresaria, servidora pública y, finalmente, como estudiosa del proceso de edición.
Disfruto enormemente ir a las ferias del libro con mis colegas, las conversaciones con los autores, lo fascinantes que son los libreros, llegar a librerías de diferentes ciudades y meterme en esos almacenes en los que encuentras maravillas que te hacen diferente después de leerlas.
¿Te imaginas lo que es haber conocido a Jorge Luis Borges y a los cuatro del boom: Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar; o conocer a la primera ganadora mexicana del Premio Pulitzer [Cristina Rivera Garza] y a la primera ganadora mexicana del Premio Cervantes [Elena Poniatowska]? Claro que también es un privilegio haber conocido a Octavio Paz y conversado muchas veces con él.
Nadie lo dice en voz alta, pero la mayoría de los editores soñamos con obtener algún día este premio. He visto a grandísimos editores mexicanos, como Joaquín Díez-Canedo, Arnaldo Orfila Reynal, Luis Fernández González, Neus Expresate Xirau, Alberto Ruy Sánchez, por mencionar unos cuantos nombres, conmovidos hasta las lágrimas porque es el reconocimiento que te otorgan tus pares. Estoy muy emocionada y sorprendida de que después de escuchar tantos discursos de recepción, ahora sea yo quien vaya a darlo.
¿Cómo fue que te diste la oportunidad de ser autora si siempre te has considerado editora?
Pertenecemos a una generación privilegiada que en muy poco tiempo ha visto pasar muchos cambios. Eso es lo que intenté reflejar en el libro, primero en forma de ensayo y luego como el testimonio personal que se inicia con mi encuentro con los tipos móviles pues aprendí a leer en la imprenta de mi abuelo, así que mi origen es tipográfico.
Para hacer corta una historia larga, me percaté de que, en 2007, surge el Kindle; en 2010, el iPad y, con ellos, todas las aplicaciones que transformaron la lectura en el año 2020. Luego vino la pandemia, que incidió de manera muy drástica en el consumo, la distribución, el almacenaje, y, por supuesto, en la forma de leer. El libro se convirtió en la posibilidad de sentirnos acompañados y de darle sentido a un momento apocalíptico. En 2022 apareció la Inteligencia Artificial (IA), que tiene una incidencia total, sobre todo en la traducción. Quise reflexionar sobre ese vertiginoso proceso de transformación.
Encuentro una división falsa en la disyuntiva de elegir entre el libro electrónico o el libro de papel. Inicialmente, en forma de ensayo, intenté mostrar que el libro es igual, independientemente de su formato, y que como tal es un objeto que democratiza a la sociedad. Cuando alguien me dice con cierta superioridad moral que prefiere el libro de papel al libro electrónico, me parece una insensibilidad frente a quienes no tienen acceso a librerías, frente a alguien que no tiene la posibilidad de guardar libros físicamente. Yo, por ejemplo, nací en Acaponeta, un lugar donde no había librerías. Por eso creo que uno debe de leer en lo que se pueda. Confieso que soy mucho menos proclive a escuchar audiolibros, aunque son muy cercanos porque Julia, mi esposa, que tiene problemas de la vista, es adicta a los audiolibros.
La vida es un proceso como el del libro: se avanza letra a letra en la construcción de un todo. No creo en las epifanías, que también las hay, pero en términos de elaborar un trabajo no creo en que venga un rayo y te otorgue todo. Lo importante es la disciplina, la constancia y la claridad en lo que se quiere lograr.
Terminaste el libro. ¿En qué pensaste cuando la editora española de Siruela, Ofelia Grande de Andrés, te pidió unas líneas para promocionar El Aleph digital?
Pensé en mi compromiso indeclinable con mi género, mi generación y mi oficio. Esa reflexión me llevó primero a Elena Poniatowska, alguien fundamental en la elaboración de mi punto de vista frente a la vida porque me regaló un siglo sobre México a través de la mirada de cuatro mujeres con sus novelas Hasta no verte Jesús mío [Jesusa Palancares, alias de Josefina Bohórquez], Tinísima [Tina Modotti], Dos veces única [Guadalupe Rivera Marín] y Leonora [Leonora Carrington]. Además, respeto profundamente a Elena porque le he escuchado discursos maravillosos y porque, entre muchas otras cosas, me dejó admiradísima con El amante polaco. ¡Cómo a los 90 años se puede escribir con esa grandeza, con esa precisión, con ese detalle, con esa investigación que hizo! Elena ha trabajado mucho por las mujeres y por eso en las líneas de presentación destaca mi compromiso con mi género y la relación tan cercana que tiene con Julia, mi esposa. Elena leyó con enorme atención el mecanuscrito inicial y me pidió que fuera a su casa para discutir sus observaciones. Me dijo que el libro era buenísimo, pero que “no debía de ser un ensayo, sino una memoria”. El ensayo, argumentó, podrás escribirlo después, contrastar ideas y exponer tu punto de vista al respecto. Luego añadió que lo importante en este libro era la memoria de una testigo de época como yo y me acribilló con preguntas: dónde estabas, qué pensabas, qué sucedía, qué sentiste, qué observaste cuando pasaron las transformaciones del libro que describes… Ahí nació un nuevo El Aleph digital, el que los lectores tendrán en sus manos.
[La observación de Elena Poniatowska fue tan aguda que impulsó a Consuelo Sáizar a reescribir partes sustanciales de su libro, lo que a su vez provocó el cambio de la editorial que inicialmente se había planeado en el Grupo Planeta: de Paidós a Tusquets].
Cristina Rivera Garza, que representa a mi generación, señala en su texto cómo he trabajado para las comunidades lectoras, un aspecto que pudo detectar y destacar muy bien. Más conocida como narradora, fue un privilegio editar su poesía en el Fondo de Cultura Económica, lo cual fue de enorme respaldo.
Finalmente, lo que vio sobre el oficio mi colega Joaquín Díez-Canedo Flores, un editor que pertenece a un linaje muy singular. A Joaquín lo conocí por su papá, cuando don Joaquín dirigía la editorial Joaquín Mortiz; ahí me presentó a su hijo, con quien tuve la fortuna de trabajar y que más tarde fue mi sucesor en el Fondo de Cultura Económica. Es un hombre que conoce el mundo editorial a la perfección.
Creo que estas tres lecturas le dan al lector un panorama muy amplio de lo que es El Aleph digital y ya decidirá si incursiona o no en el libro. Fue un honor que los tres aceptaran la invitación a escribir las líneas de entrada.
Quien te conoce personalmente sabe que cuando acabas algo ya estás lista para emprender nuevos proyectos. ¿Qué sigue después de todo esto?
No hay incertidumbre ante lo que viene porque siempre será algo relacionado con el mundo de los libros, al que le seguiré siendo fiel hasta el último de mis días. Por lo pronto, he pensado en dos libros más: mi tesis doctoral, que está a punto de publicarse en inglés; luego, quisiera traducirla al español con algunos cambios, incorporar anécdotas que tuve que omitir en la tesis, para que no sea un libro académico.
También hay una propuesta para llevar El Aleph digital al cine, pues lo han calificado como una especie de Cinema Paradiso de los libros. Hay muchas puertas que alcanzo a vislumbrar, pero no sé qué sucederá al abrirlas. Disfruto inmensamente cada momento. Si El Aleph digital se llega a hacer película, me hará muy feliz ir al estreno. Si no se hace, seré muy feliz de haberlo escrito y de que unos magníficos editores le hayan dado vida hasta llegar a las manos del lector.
Mi única certeza es que quiero estar con mi esposa, Julia de la Fuente, el tiempo que me quede de vida, seguir leyendo y dialogando con las amistades sobre lo que hemos leído. Me he dado cuenta de mi fidelidad a todo lo que tenga que ver con el mundo del libro porque me ha dado un disfrute inmenso. Sigo con la pasión por las plumas, las tintas, las libretas y todo lo que tenga que ver con las huellas, con ese mancharme los dedos de tinta como cuando era niña.
AQ / MCB