‘Cumbres borrascosas’ y el color de la piel

Cine

La más reciente adaptación al cine de ‘Cumbres borrascosas’, dirigida por Emerald Fennell, apuesta por el espectáculo y el romance de temporada. Así, diluye la tensión moral y racial del texto original.

Jacob Elordi interpreta a Heathcliff en la más reciente adaptación cinematográfica de ‘Cumbres borrascosas’. (IMDb)
Fernando Zamora
Ciudad de México /

Una nueva adaptación de Cumbres borrascosas llega a las salas de México con el siguiente manifiesto: tomar una de las novelas más abrasivas del siglo XIX para hacer con ella un objeto grandilocuente. Abrasiva: que raspa, que está desgastada, que los personajes son incómodos. Y, bueno, el reto es cruzarla con el maximalismo cursilón de estrenarla en torno al día de San Valentín. Y, era de esperar, el asunto sale mal. Muy mal. Uno imagina a la cineasta, Emerald Fennell, esperando que, al menos, la gente salga de la sala con ganas de charlar de la película. Se sabe que a ella le gustan esos relatos en los que tiembla la moral pública. El mal gusto es su método, así lo vimos en Promising Young Woman y Saltburn, pero, en el caso de Cumbres borrascosas, ha empujado su idea hasta el punto en que la gente comienza a mirar el reloj y dice: “esto es demasiado”. Hay que darle a la directora un punto, la novela de Brontë, publicada en 1847, no fue nunca una historia de amor convencional; es un laboratorio de obsesiones de clase con violencia emocional y venganza. La narrativa es compleja: Lockwood escucha a Nelly, Nelly recuerda, los diarios irrumpen, los fantasmas regresan. He ahí el genio de la novela y la lectura fallida del cine de Hollywood.

​Empecemos por el reparto: Margot Robbie como Catherine Earnshaw y Jacob Elordi como Heathcliff buscan producir en la prensa de espectáculos una maquinaria de gran estreno. Están, también, los ochenta millones de dólares de presupuesto y la fotografía de Linus Sandgren, amante de lo monumental. Para terminar, está la música, combinación de Anthony Willis con canciones de Charli XCX, un cruce de mucho nervio. En una escena, la directora exigió que el actor rompiera realmente una silla. ¿Estaba jugando al método Stanislavski? Jugando, sí, porque lo suyo es oropel. La silla no. Que el actor tuviera que romperla solo porque la directora buscaba una reacción genuina y producir en el espectador la electricidad del método sale mal. Todo se vuelve esa sensación medio vergonzosa que ocurre cuando el cine grandilocuente se ha salido de carril. Y pasa todo el tiempo. En fin, que Cumbres borrascosas revive por la razón más ilegítima para lo que pretende pasar por gran cine: la temporada.

El estudio quiere para la gente un San Valentín aspiracional con vestuario exótico, poses, guiños góticos y alfombra roja. El punto interesante desaparece debajo de la bambolla: ¿qué se hace en este tiempo con la descripción racial, ambigua, que la autora hace de Heathcliff? En la novela, su origen es incierto, y es exactamente eso lo que alimenta la identificación de los lectores. Heathcliff es el otro, el mundo lo castiga por serlo. He aquí la razón por la que un actor como Elordi produce comezón. No se trata de que uno quiera ser fiel a toda costa a la novela. Es como si en Robinson Crusoe, Viernes tuviera los ojos azules. De modo que la ambigüedad del héroe de Cumbres borrascosas, tan llena de esa ambigüedad política que le da fuerza: raza, colonialismo y clase, desaparece.

La producción se defendió con lo más estúpido que le vino: es solo un libro. ¿Un libro? Cumbres borrascosas es una novela sobre pertenencia y exclusión, sobre herencia, linajes y racismo, sobre quien entra en la propiedad y quien queda fuera. Resulta irónico que esta nueva versión termine por ser juzgada por la estupidez de alguien que seguramente la leyó en la secundaria (hace muchos años) y no entendió el poder político del color de la piel.

¿Dónde ver Cumbres borrascosas?

La nueva película de Emerald Fennell está disponible en salas comerciales del país.


Cumbres borrascosas

Dirección: Emerald Fennell. Estados Unidos, 2026

​AQ / MCB

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