‘Dreadful monstrosity’: inocencia, barbarie y un Hitler bebé

Toscanadas

¿Puede una fotografía anticipar a un monstruo? ¿Qué ocurre cuando una imagen infantil termina atravesada por la historia? Fografía, manipulación y tragedia convierten la inocencia en un territorio inquietante.

Adolf Hitler, c. 1889-1890. (Wikimedia Commons. Montaje: Laberinto)
David Toscana
Ciudad de México /

En marzo de 1938, la revista semanal Life publicó una falsa foto de Hitler bebé. En realidad se trataba de una foto manipulada de un niño de dos años llamado John May Warren. Sin fotoshop, pero con las técnicas de entonces, habían convertido al niño en un horripilante bebé. Cinco ediciones más tarde, apareció la carta de la madre del niño. “Señores: La dreadful monstrosity… es la imagen distorsionada de uno de mis hijos”. Dado que la foto había aparecido antes en otro diario, continuaba: “No tengo idea de dónde consiguió el Chicago Tribune la imagen, pero les anexo la foto original”.

La revista Life mostró al niño tal como era, y la madre aprovechó la ocasión para publicar cuatro malos versos de su inspiración, y habrá estado muy contenta de hacerse pasar por poeta en la que entonces era la revista de mayor tiraje.

Para entonces, John May Warren ya tenía ocho años; y hay una fotografía en la que posa muy contento, mostrando la imagen alterada. La cosa se había tomado como un chiste.

Me quedé pensando en lo que ocurriría hoy si el New York Times publicara la fotografía alterada de un niño para convertirlo en una dreadful monstrosity. No habría una madre escribiendo cuatro versos, sino yendo a los tribunales para hablar de daño moral, violaciones a la integridad, abuso sicológico o algo que mi ignorancia legal no me permite imaginar. La madre no escribiría cartas al diario sino que firmaría demandas para solicitar alguna millonada como resarcimiento. No solo la movería la posibilidad de ganar dinero, sino que, efectivamente, el chiste de 1938 sería un catalizador de ira e indignación en estos tiempos.

En aquel entonces, el único que se molestó fue Adolfo Hitler y, junto con una protesta, hizo llegar a través de su embajada su verdadera fotografía de Führercito bebé. Ciertamente era un niño más bonito que John May Warren. Esa fotografía sirve bien para ciertos ejercicios de ética y moral. Por ejemplo, preguntar a alguien si, conociendo el futuro, se atrevería a matar a ese bebé tan bonito. Iván Karamazov habría respondido tajantemente que no.

O bien, si alguien tuviese que matar a uno de los dos, a Adolfito o a Johnnito, ¿quién sería? Aun sin convertir a John May Warren en una monstruosidad, comoquiera Adolfito era más bonito, luce más desvalido y provoca más empatía. Además está finamente vestido.

Poco después, ese mismo año de 1938, mandaron a John May Warren a comprar leche. Fue en bicicleta. Se cayó y un vidrio de botella se le clavó en el corazón. Así eran las botellas en aquel entonces. Mataban niños. Por eso las madres de mi infancia se la pasaban regañándonos si corríamos con botellas de refresco o leche.

Exactamente siete años después de que apareciera la carta de la madre de John May Warren, los soviéticos colgaron su bandera en el Reichstag. El bonito bebé que había sido Adolfito ahora era una dreadful monstrosity convertida en cadáver.

​AQ / MCB​

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