“El cine debe dar todo el espacio a la resistencia”: Julien Elie, documentalista

Entrevista

En los próximos días se estrenará en la Cineteca Nacional el documental ‘Shiftting Baselines’ del cineasta quebequense, director también de ‘Soleils noirs’ y ‘The White Guard’, en los que aborda temas tan dolorosos como contemporáneos.

Fotograma de ‘Shifting Baselines’, documental de Julien Elie. (Greenground Productions)
Ciudad de México /

El cineasta quebequense Julien Elie se emociona por el próximo estreno en México de su nuevo documental, Shifting Baselines (2025), aunque advierte que, como sus anteriores: es una distopía real.

Desde su debut con Celui qui savait (2001), sobre el asesinato del ex ministro del Interior de Ruanda Seth Sendashonga y su reflexión fílmica sobre la pena de muerte en Estados Unidos Le dernier repas (2003), hasta Soleils noirs (Soles negros, 2018) y The White Guard (La guardia blanca, 2023), sus documentales mexicanos sobre los feminicidios y las conexiones entre mineras, crimen organizado y Estado, respectivamente, y Shifting Baselines, Elie ha expuesto la responsabilidad humana en el caos.

Su más reciente documental, en el que la ciencia ficción ya está aquí, tendrá su proyección durante la Muestra de Cine de Quebec (Quebecine Mx), en funciones el 1 y el 3 de marzo en la Cineteca Nacional.

El filme sobre basura espacial, el síndrome de Kessler que augura un cataclismo por la acumulación de esos desechos, los gringos que atraviesan su país hasta Boca Chica, Texas, y su frontera con México, para soñar con vida en Marte cortesía de Elon Musk, parte del concepto de shifting baselines, del paisajista escocés Ian McHarg y del biólogo marino francés Daniel Pauly, sobre cambios de puntos de referencia que provocan pérdida de memoria y de percepción entre generaciones.

Elie cuenta que supo del concepto gracias a un periodista mexicano, Alfredo Valadez, corresponsal de La Jornada en Zacatecas, mientras realizaba su investigación para La guardia blanca.

¿Cómo diría que se conectan Soles negros, La guardia blanca y Shifting Baselines? Me queda la idea, después de haberlos visto, de que su tema son las teorías de conspiración, de complot.

No creo que sea un complot. En Soles negros es dar la voz a otro discurso, a toda la labor de sus colegas periodistas mexicanos que hicieron un trabajo increíble para buscar la verdad. Y mi trabajo fue exponer y dar voz a sus discursos. Sí, hay enlaces. Me interesa mucho la devastación del territorio. Soles negros trata de los feminicidios y de la violencia tremenda contra los periodistas, jóvenes y campesinos, pero atrás de eso había enlaces entre la devastación del territorio y la gente que asesinan. En Shifting Baselines es más obvio porque nos enfocamos en el territorio y el último que podemos conquistar es el espacio. El enlace tiene que ver más con una reflexión sobre el imperialismo de hoy, aunque las consecuencias son muy diferentes. En Soles negros (y en La guardia blanca) hay una violencia tremenda, que no está en Shifting Baselines, pero detrás de ellos hay cosas similares.

Julien Elie, documentalista canadiense. (Cortesía)

¿Cómo llegó a los conceptos de shifting baseline y del síndrome de Kessler?

Los caminos de la vida llevan a lugares que nunca esperas. Fue gracias a un amigo periodista mexicano, Alfredo Valadez, que me habló del shifting baseline, sobre la devastación y cómo los humanos olvidan lo que había. Me parece un concepto muy inteligente para explicar cómo los humanos siguen destruyendo todo y entonces olvidan cómo era ese todo antes. Y yo no tenía una película para tratar ese tema, hasta que un día estaba con un amigo, cerca de donde vivo en Montreal, en el campo, con un cielo muy oscuro, muy negro, lejos de las luces de la ciudad, y vimos una cantidad increíble de estrellas, pero también de satélites. Y ahí me tocó. Y recordé en ese momento lo del shifting baseline.

El cielo que yo conocí o que conocimos, ya no existe, los jóvenes de hoy no van a conocer ese cielo. Es muy fuerte como concepto, porque no es solo que contaminamos y destruimos todo; también olvidamos lo que había antes. Supongo que me afectó porque tengo una fascinación por la nostalgia. En San Luis Potosí estaba el cerro de San Pedro, pero ese cerro ya no existe porque una minera canadiense lo destruye, se está comiendo todo. Es muy loco eso. ¿Qué significa un cerro que ya no existe?

¿Cómo unió ese cambio de punto de referencia a la basura espacial?

Lo primero que entendí sobre la devastación del cielo y la basura espacial, que es tremenda, es que estamos viviendo una situación que ya no es ciencia ficción, es la realidad. El síndrome de Kessler, la base de la película Gravity, de Alfonso Cuarón, ya está pasando hoy. Estamos en este sistema de basura espacial enorme que puede ser fatal para la órbita. Por nuestras comunicaciones, por la explotación espacial en el futuro, hay muchos problemas muy graves. Y, lo vemos en el documental, esos desechos regresan a la Tierra, eso es muy peligroso, vamos a encontrarlo en todas partes, lo que está muy loco.

¿Y ahí se conectan el shifting baseline y el síndrome de Kessler al cambiar el paisaje?

Para el documental, fuimos a grabar desde Tamaulipas el lanzamiento del cohete, porque es lo más cercano al sitio (Boca Chica, Texas). Y es un paraíso por la naturaleza. Sé que hay una violencia tremenda en esa parte de México, pero también la naturaleza ahí es muy salvaje todavía. Pero ahora, con esos lanzamientos de cohetes al otro lado de la frontera, con esa basura espacial, está cambiando.

Sorprende ver en sus películas peregrinaciones de estadunidenses hacia la base de los cohetes del proyecto Space X de Elon Musk e imaginar que ellos, por supuesto todos blancos, gente ya madura, en su mayoría obesos o con problemas de movilidad, creen que pueden irse a vivir a Marte. Me dan la impresión de que se comportan como si fueran miembros de una secta.

Sí, supongo que hay algo de secta detrás de la fascinación por el proyecto de SpaceX y de Elon Musk. Pero, no solamente es la fascinación por un ser humano blanco, muy rico, eso es algo mundial, que no entiendo. Antes de que Musk se convirtiera en un señor muy peligroso y de su participación en la administración de Donald Trump, porque a mí no me tocan ese tipo de gente, sabía muy poco de él. Sí, hay algo de secta en esa fascinación por la gente que hace mucho dinero, que tiene mucho poder, pero atrás también hay algo muy triste de los humanos: hay mucha soledad en toda esa gente que sale en la película, es gente aislada, que camina de en ese sitio, aislada de todo. Hay mucha tristeza también.

Y la fascinación por este proyecto (de irse a vivir a Marte), muy loco desde nuestro punto de vista, también habla del temor de esa gente de vivir en la Tierra, un planeta lleno de guerra, de contaminación, de muchos problemas. Escaparse a otro planeta no es la solución, pero ellos lo ven y expresan como algo muy real. Todos los humanos deberían compartir este temor por nuestro futuro, que vivimos en un mundo peligroso, más que nunca. Y esas personas tienen este sentimiento muy fuerte, que es natural. No puedo condenarlos; además, son personas normales, sencillas, la mayoría.

Aquí los veríamos como el estadunidense promedio, fanatizado, el que votó por Trump.

Sí, hay el tema político, pero Shifting Baselines se grabó antes de Trump. Y eso cambió un poco la realidad. La verdad es que la mayoría son señores, no son gente muy pobre porque tienen el poder de ir a la otra parte del mundo a ver cohetes espaciales. Es gente que obviamente no trabaja, que tiene recursos, al contrario de las familias de origen mexicano que andan por la playa, donde se habla completamente en español. Y ahora con todo este tema de la migración, de ICE, esta situación en la frontera cambia y ahora sería imposible hacer esa película nuevamente ahí, también por la violencia.

Hicimos la grabación meses antes de que Trump ganara su segundo mandato. Y 14 meses después de que asumió hay un cambio tremendo en la política, hay cacería de migrantes, ahora es otra realidad. Regreso a Soles negros y su enlace con Shifting Baselines: ambas tratan de mundos que nos parecen una distopía total, pero, la verdad, no son distopías: es nuestro mundo. Miro videos que suben a redes sociales, esas imágenes de violencia terrible. Y entiendo que este mundo es real, no es una distopía.

Quien literalmente nos pone los pies en la Tierra es la científica en su documental que, mientras ordeña una cabra, dice que por muy malo que sea el planeta es mejor que irse a Marte.

Se llama Samantha Lawler. Es una gran astrofísica que vive en Canadá, muy aislada. Hoy se dedica a la lucha contra los desechos espaciales y el proyecto SpaceX. Es muy interesante porque tiene un discurso feminista y aporta una voz diferente sobre todo ante Elon Musk. Ella me conmovió mucho. Tuvimos una entrevista por Zoom solo para conocerla, ya había leído mucho su trabajo. Y, de pronto, durante la videocharla, me dijo: “Oh, tengo que ir a dar comida a mis cabras”. Y me dije: “Guau. Está increíble: es una astrofísica pero tiene una cabra, se encarga de animales”. Y era obvio que teníamos una protagonista increíble para el filme. Sí, su discurso es muy fuerte. Es un personaje fundamental de la película, porque es un enlace entre el amor por la Tierra, por los animales, dedica mucho tiempo de su vida a los animales pero, como astrofísica, también a al cielo. Me encantan esos dos puntos.

¿Cómo decidió el lado técnico de Shifting Baselines? Su fotografía en blanco y negro (Glauco Bermudez y François Messier-Rheault) es preciosa, contrasta con los temas tan duros que aborda el filme, como pasa con Soles negros.

Para mí es muy importante que la transmisión de información o de mis ideas pasen por las imágenes o por el sonido. Me encanta el cine documental que se mete en un territorio, que es casi como si los espectadores vinieran conmigo a ese lugar. Mi cine es muy inmersivo, me encanta este tipo de cine inmersivo. Y con mis compañeros metemos muchísima sinergia a la imagen, al sonido, a la edición, a la música también, para esa inmersión. Y por eso es un tipo de película como Soles negros, que espero que la gente vaya a verla en pantalla grande. Prefiero un cine que evoca las cosas, en lugar de decirlas. Y uso todas las herramientas del cine, del poder del cine, que es muy grande para transmitir informaciones o sentimientos. Shifting Baselines es un filme que la gente debe ver en sala del cine. En México, Artegio, que distribuyó Soles negros, compró los derechos de la película y podrá verse este verano en pantalla.

El trabajo fotográfico me recordó a Chernóbyl tras el percance nuclear o las primeras películas de Wim Wenders. La foto es tan preciosa que parece tétrica al abordar temas tan duros.

Podemos decir lo mismo de Soles negros, donde Ernesto Pardo hizo un trabajo increíble con la cámara. No sé, creo que hay un dilema interesante entre esas imágenes estéticamente muy perfectas y un mundo tan feo. Me gustan los contrastes, y es otro nivel de contrastes, que me conmueven. Es interesante porque a través de la estética podemos buscar la verdad de este mundo feo que vemos.

Y al retratar a esos gringos que abandonan todo para viajar a la estación espacial de Elon Musk con la idea ingenua de que algún día irán a Marte, ¿qué fue lo que más le sorprendió?

No quiero repetirme, pero es una forma de tristeza. Tal vez la gente no entiende que la historia se repite. Porque una cosa que me conmovió fue, sobre todo, ver a esa gente vestidas con playeras con la leyenda “Quest Mars (Vamos a conquistar Marte)”, que caminan sobre el mismo lugar en donde los españoles mataron a no sé cuántos cientos de indios en esas playas de Texas. Ahí donde está la base de SpaceX, de hecho, la gente indígena advierte que es un gran cementerio porque ahí hubo masacres; 500 años después, la historia se repite. Como dice Samantha Lawler en mi película: es siempre, vamos a conquistar otro mundo y olvidamos el que había entonces, que había gente ahí. Es un shifting baseline. Lo más triste ahora es que esos pueblos indígenas no tienen derechos sobre su propia tierra, que les fue arrebatada con la complicidad de políticos de Texas. La historia se repite siempre. Y olvidamos todo.

Recién el gobierno mexicano protestó por la basura espacial de Musk que cae de este lado de la frontera. Pero es un tema que vemos lejano, como ocurría con los feminicidios en Soles negros.

No es tan lejano, está más cerca de lo que piensan. Para mí es un honor increíble como cineasta exhibir mi película, la de un canadiense, en México. ¿Quién soy yo para hacer estas películas? Con Soles negros la recepción fue increíble, para mí eso es un éxito total. Luis Buñuel es mi mentor, mi ideal de cine. Él hizo muchas películas en México; era español pero murió en México. Y caminar ahora en sus pasos en México, es un reconocimiento que me conmueve mucho, es una oportunidad increíble.

Y a propósito de Wim Wenders. ¿Qué opina de su reciente postura como presidente de la Berlinale para censurar discursos en contra del genocidio que perpetra Israel en Gaza contra palestinos, con el pretexto de que es un festival de cine donde no debe entrar la política?

Es imposible hacer cualquier arte sin hacer política. Eso no quiere decir que tú debes pasar mensajes, hacer panfletario el cine, con ideas muy fuertes. Hay muchas maneras de hacerlos. Para mí hacer arte es tratar de política, porque la política es de nosotros. Cuando la gente me pregunta que por qué hablo siempre de temas muy duros, de los feminicidios, en Soles negros, de la devastación del territorio que provocan las industrias, en La guardia blanca, y ahora sobre la basura espacial y la pérdida de memoria, en Shifting Baselines, contesto: ¿Qué tratar entonces? ¿Cómo no podría hablar de eso? A ver, con tanta violencia contra las mujeres, contra los campesinos, ¿por qué no tratar de eso? Aunque no soy mexicano, como canadiense, ¿cómo puedo callarme y no decir nada?

Hay muchas maneras de hablar de política, no se necesita que sea de manera sencilla. Hay muchos cineastas que hicieron películas muy políticas, pero que no se ven como políticas, aunque detrás hay un discurso político. Te hablo de Buñuel, mi mentor, maestro del surrealismo, un movimiento que la gente no ve como político, pero era totalmente político, era acción, discurso contra la Iglesia o el neoliberalismo. Sí, el cine necesita dar todo el espacio a los discursos de lucha, de resistencia. No dar la voz a lo que está pasando en Palestina, por ejemplo, para no molestar gente, es una estupidez total.

AQ / MCB

  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.

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