‘El huérfano’: la invención del padre

Cine

La imaginación infantil es capaz de convertir la decepción en un linaje idealizado. ‘El huérfano’ explora ese deseo de reinventar el origen familiar para resistir a la realidad.

Fotograma de ‘El huérfano’, de László Nemes. (IMDb)
Fernando Zamora
Ciudad de México /

Las películas históricas suelen explicar el pasado. Otras explican personas, pero El huérfano, de László Nemes pertenece a una categoría aún más rara. La historia es el pretexto para explorar una fantasía persistente en la condición humana: la de que nuestros padres reales son otros. El guion sucede en Budapest, luego de la revolución de 1956. 

Uno creería fácilmente que veremos la historia de una nación traumatizada por la guerra, el estalinismo y la represión soviética. La crítica internacional ha subrayado este contexto, pero es evidente que, conforme avanza la película, el director nos interesa en algo mucho más íntimo y universal. Porque el drama real sucede al interior de una familia o, mejor, dentro de la imaginación de un hijo.

Hay un texto breve y poco famoso de Freud que se llama La novela familiar del neurótico. En este texto, el padre del psicoanálisis ordena la observación de diversos niños que atraviesan por la etapa de negación de sus padres, imaginan que son adoptados, que son hijos de reyes, aristócratas o personajes extraordinarios. Para Freud, esta fantasía no emerge del odio hacia los padres sino de la decepción ante un mundo más bien gris. 

Conforme el niño descubre las limitaciones de quienes lo rodean, inventa genealogías alternativas para preservar sus ideales. La tesis podría parecer extravagante hasta que uno se da cuenta de que no se refiere únicamente a la infancia. Los seres humanos pasamos buena parte de nuestras vidas inventando figuras heroicas y, así, inventándonos un pasado legendario. 

Necesitamos creer que somos parte de algo más noble de lo que ofrece la vida cotidiana. Embellecemos recuerdos, transformamos ausencias en leyendas y creemos que venimos de algo más noble que la realidad.

Esta es la operación que articula el niño de El huérfano. Andor, el protagonista, está aferrado a la imagen del padre desaparecido. La ausencia ha vuelto a esta figura en algo más poderoso que una persona, un mito que da sentido a la realidad. Y es aquí donde la forma se articula magistralmente con el fondo. 

La cámara filma la historia con una intensidad mítica, religiosa: Andor dialogando con la memoria del padre ausente, por ejemplo, es una escena que necesitamos ver. Igualmente, las secuencias vinculadas a espacios domésticos y subterráneos. 

En ellos la memoria parece adquirir una materialidad inquietante en la que el pasado no funciona como recuerdo sino como compañía. Es aquí donde la película comienza a desmontar la novela familiar freudiana, porque cuando aparece un hombre en esta fantasía se agrieta el imaginario de Andor. El conflicto, sin embargo, no se expresa en términos genéticos sino en algo más profundo: ¿qué ocurre cuando la realidad amenaza la fantasía que nos permite sobrevivir?

Además, El huérfano es en realidad una reflexión sobre la identidad nacional de Hungría. Después de 1956, la nación húngara fue obligada a convivir con toda clase de relatos contradictorios sobre sí misma: heroísmo y derrota, resistencia y colaboración, silencio y derrota. El huérfano sugiere que los mecanismos psicológicos no solo se inventan familias, también, en las naciones, se producen mitologías, acontecimientos complejos que sustituyen narraciones heroicas de modo que, más que hacer de esta película una lección política simplificada, lo que vemos es que todos somos huérfanos de nuestra propia imaginación, de la patria soñada, del padre que inventamos para sobrevivir a la realidad.

¿Dónde ver El huérfano?

La cinta de Lászlo Nemes está disponible en la plataforma de streaming MUBI.


El huérfano

Dirección: László Nemes | Hungría, 2025

​AQ / MCB

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