Un mundo de cinabrio sonoro: el legado vivo de la Reina Roja

Cultura

‘La reina roja’, el libro de Adriana Malvido, inspiró a Gabriela Ortiz para componer una pieza que se estrenará a finales de julio.

Adriana Malvido, escritora y periodista mexicana. (Foto: Berenice Fregoso)
Beatriz Zalce
Ciudad de México /

¿Me lo puedes volver a contar? La petición de un niño a la periodista y escritora Adriana Malvido la impulsó a escribir el libro La reina roja hace veinte años. Desde el 1 de junio de 1994, cuando fue la única reportera presente en el interior del Templo XIII en Palenque, tenía claro que había que relatar la historia del hallazgo de una subestructura, una puerta que llevaba a un pasillo y este a una pieza donde se encontraba una tumba y un sarcófago que contenía la osamenta de una persona cubierta de jade y cinabrio, ese mineral de un rojo intenso que simboliza el renacer entre los pueblos mayas.

En ese momento, Adriana Malvido hacía reportajes especiales, de investigación, para el periódico La Jornada. Había cubierto la fuente de artes plásticas y escrito varios libros, entre ellos Nahui Olin, la mujer del sol y Zapata sin bigote, las andanzas de Guillermo Arriaga.

En libretas, rollos fotográficos y grabadora quedaron las declaraciones de Arnoldo González Cruz, quien encabezaba al joven equipo de arqueólogos, las de Fanny López Jiménez, quien descubrió la subestructura y que tuvo, desde un principio, la certeza de que se trataba del entierro de una mujer de muy alto rango. Estaban las voces de la selva, de los monos saraguatos, de las lluvias torrenciales y del silencio que antecedió a la explosión de alegría e hizo escribir a Fanny en su diario: “Hoy he encontrado lo mejor que me ha pasado en la vida”.

Con Fanny López Jiménez en la carita funeraria de la Reina Roja, 1994. (Archivo Adriana Malvido)

En casa de los papás de Adriana la lectura era costumbre de todas las tardes, pero un personaje determinante en sus afectos y en su formación intelectual fue su tío, el bailarín Guillermo Arriaga, quien estaría por cumplir su centenario el 4 de julio. Él le alimentó el gusto por la arqueología, por la memoria y los objetos de arte prehispánico y popular. Ella supo desde siempre que el pasado tiene mil historias que contar.

Durante más de 1300 años Tz’akbu Ajaw, la Reina Roja, Reina de Muchas Generaciones, Reina de Innumerables Linajes, como se le conoció, guardó silencio, oculta, sepultada junto al Templo de las Inscripciones, resguardada por una mujer y un niño que fueron sacrificados para que sus espíritus cuidaran su camino al inframundo y la guiaran de vuelta a la luz. Pero desde el 1 de junio de 1994 la Reina Roja no ha parado de brindarnos información de su vida al lado del gran monarca Pakal: ambos, hombro con hombro, hicieron resplandecer el mundo maya clásico y tuvieron injerencia en lo que pasó después: él, al convertirse en un dios solar, y ella, en una diosa lunar.

Cuando Adriana escribía sobre Nahui Olin se llegó a decir que estaba “ennahuizada”. Algo parecido sucedió con la Reina Roja. Malvido lo explica así: “Sin pasión, sin curiosidad no existe este oficio. Hay una frase del escritor italiano Alessandro Baricco que incluyo en el epílogo de la edición conmemorativa por los treinta años del descubrimiento: mientras tengas una buena historia y alguien a quien contársela, nunca morirás. Me hice el compromiso de escribir sobre la Reina Roja cada 1 de junio, aniversario de su descubrimiento, y actualizar la información cada año. Tengo además un vínculo con los arqueólogos con los que conviví. Los llevo en el corazón para toda la vida”.

—Al parecer, la Reina Roja sabe que puede contar con la complicidad de mujeres para seguir su camino.

—Con decirte que me despertaba en las noches y me decía: tengo que averiguar qué comía. Gracias a los avances científicos a partir de sus dientes podemos saber qué dieta llevaba y que padeció osteoporosis. Los huesos “hablan”.

Hace poco Adriana Malvido subió en Twitter, ahora X, que estaba a punto de salir una nueva edición actualizada de su libro sobre la Reina Roja. Ya había hecho una versión para adolescentes con ilustraciones de Gabriel Martínez Meave. La compositora Gabriela Ortiz se puso en contacto con ella y empezaron larguísimas conversaciones telefónicas. Gabriela hacía un montón de preguntas. El trabajo de cada una iba en direcciones similares. En Dzonot, Ortiz convierte en música su preocupación por los cenotes y el cambio climático. Malvido acababa de publicar un reportaje sobre el ecocidio causado por el Tren Maya.

Una foto de la pantalla de la computadora de Gabriela con la partitura recién terminada y junto el libro de Adriana recorrió las redes: “La Reina Roja no solo atrapó la vida de Fanny López o de mi querida Adriana Malvido. Yo también me vi envuelta en un mundo de cinabrio sonoro. […] Gracias a Alondra de la Parra por comisionar esta obra que pronto verá su luz con varias orquestas tanto en Europa como en México”, compartió Gabriela Ortiz.

Adriana oscila entre la alegría por ver los muchos caminos que recorre la Reina Roja, el reconocimiento que ella le hace a la arqueología mexicana y su preocupación plasmada en el epílogo de la edición que conmemora los treinta años del hallazgo de Tz’akbu Ajaw.

—El contexto en Chiapas es muy distinto. El crimen organizado tomó con absoluta impunidad parte de la Sierra Madre y la Selva Lacandona. La inseguridad alcanzó sitios emblemáticos como Yaxchilan y Bonampak. Palenque está resguardado por el Ejército y la Guardia Nacional. Eso no estaba así hace treinta años. En recientes recorridos he visto caer muertos a monos saraguatos debido al calor, la sequía y la deforestación. Seguir contando esta historia debe motivarnos a cuidar a las personas, la fauna, la flora y también a las piedras. El EZLN, eso te lo digo con alegría, conmemora treinta años de existencia y admirable resistencia.

La Reina Roja ha estado en la Ciudad de México, en Los Ángeles, en Nueva York, en Madrid y en Japón. Su nombre resuena en un glaciar en Pakistán. Convertida en música por Gabriela Ortiz, se estrenará en el Festival Paax en Xcaret a finales de julio.

AQ / MCB

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