Cuando hace poco le deseé feliz año a mis amigos y familiares, pensé que los buenos deseos eran especialmente necesarios en este 2025. Una vez terminadas las fiestas, basta ver las noticias para pensar que todo parece a punto de salirse de control. Un dato inquietante es que en el mundo los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. Según la ONG Oxfam, en los últimos dos años, el uno por ciento más rico de la población mundial “acumula casi el doble de riqueza” que el resto. El mismo informe señala que los países del hemisferio sur tienen el setenta y nueve por ciento de la población mundial pero solo el treinta y un por ciento de la riqueza global. No es casual que estemos en una era masiva de migraciones de esos países, que ni Europa ni Estados Unidos podrán detener.
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Y si hay desigualdades extremas en la economía, en la política ocurre lo mismo. Los de la izquierda son cada vez más izquierdistas y los de la derecha son cada vez más derechistas. En Alemania, el euroescéptico y ultraconservador partido AfD, tiene un veinte por ciento de apoyo para las elecciones del 23 de febrero. Está segundo en las encuestas. Su lideresa Alice Weidel, cuya pareja es una mujer de Sri Lanka, anuncia deportaciones masivas a los inmigrantes si llega a salir elegida. Y aunque parece improbable que los extremistas alemanes ganen las elecciones, el hecho es que ya han cimentado una base en un escenario político fragmentado. Elon Musk apoya a Weidel, lo que nos recuerda que pronto inicia la era de Trump y sus promesas de invadir otros países “en caso necesario”. En el lado de la izquierda, algunos defienden todavía la ascensión del sátrapa Nicolás Maduro. La terrible dictadura venezolana, cuyo modelo lleva a la pobreza generalizada, sólo aumentará la diáspora hacia los vecinos que apoyan al dictador.
Tengo la impresión de que en el tema político, la gente va de la indiferencia a la polarización. O no estamos enterados de nada o somos unos fanáticos de algún movimiento. Pero no se trata de una polarización ideológica sino emocional.
Estos extremismos en el campo económico y político se corresponden con los del clima. Los veranos son más calientes que antes y los inviernos más fríos. El año pasado fue declarado el más cálido en la historia del planeta. Los fuegos devastadores en Los Angeles, cuyos efectos tardaremos en comprender, se debieron a los vientos y a los efectos de la sequía. Por otro lado, algunos estados del sur de Estados Unidos sufren inusuales tempestades de nieve.
Y, sin embargo, algo en nuestro organismo nos impide pensar que todo está perdido. Vamos a creerlo por un momento. Prevalecerán a lo mejor algunos líderes centrados como Olaf Scholz en Alemania. Las instituciones democráticas americanas resistirán los embates del nuevo gobierno. Detendremos las emisiones a la atmósfera. No nos iremos por un despeñadero de extremismos de izquierda o de derecha. Tratando de creer en todo eso, nos seguimos deseando feliz año. Y que Dios nos coja confesados.
AQ