Carta a Gabino Palomares

In memoriam

La autora de esta misiva, su amiga de muchos años, rinde homenaje al cantor Gabino Palomares, fallecido el miércoles 30 de septiembre, un verdadero hombre de izquierda comprometido con su tiempo y la Patria.

Gabino Palomares, 1950-2026. (Foto: Beatriz Zalce)
Beatriz Zalce
Ciudad de México /
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Llevabas tres semanas hospitalizado y, más allá del sístole y el diástole, tu ánimo estaba decaído. Sofía Valadez, tu compañera, y Modesto López, uno de tus hermanos de vida, invitaron a muchos de nosotros a grabarte videos. El sábado te consideraban “estable”, tu ánimo mejoraba. Lo atribuimos a las altas dosis de cariño que te hacíamos llegar digitalmente como una especie de transfusión de vida.

El martes te iba yo a grabar un nuevo saludo. Por angas y mangas ya no me dio tiempo y el tuyo, tu tiempo, se terminó en la mañana de este miércoles 30 de septiembre. Sucedió como en el poema de Miguel Hernández que tanto te gustaba: “Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada”.

Hay quienes te consideran un cronista, un juglar. Y sin embargo, tú te veías a ti mismo como un “relator”. Tus canciones, tus composiciones se hicieron en el barro germinal de los movimientos sociales y políticos, no solo de México sino de América Latina. El contacto cercano con la gente te daba los temas para escribir. Decías: “La inspiración no tiene nada que ver con la canción. El material hay que vivirlo: hay que mezclarse con la gente para saber qué está pasando. Lo mejor de nosotros no está adentro, está afuera. Lo digo no en el sentido del viejito que da consejos; pero le recomiendo a los jóvenes que vivan intensamente, que vivan el pedacito de historia que les tocó vivir y si pueden, que sean protagonistas, que no vean pasar la vida por las pantallas, que no dejen que les hagan su historia, que la hagan ellos. Si no vives intensamente no tienes nada que decir, nada que contar”.

Por eso tus canciones salieron como tú: no duermen en sus laureles, no saben estar tranquilas. Son canciones para reflexionar, para cuestionarnos y actuar. Te preocupaba que a los jóvenes los matara la desesperanza, la trivialización. Que se mataran en el vacío.

Te gustaba la idea de que la gente se ponga tus canciones como si fueran una camisa, que las use, que las cante. Contaste, cantaste la historia reciente del país en las últimas cinco décadas. Sin embargo, te dolía que sigan siendo vigentes porque esto quiere decir que el país no ha cambiado.

“A mí me gustaría que mis canciones se hicieran viejas, que quedaran obsoletas —me decías, en entrevista, hace casi 20 años. —Lamentablemente tengo que seguirlas cantando porque el mundo no ha cambiado.

—Tus canciones son semillas —te comenté.

—Prefiero llamarlas espejos. Yo pongo espejos para que la gente se vea. En este mundo virtual ya no sabemos cómo somos. El ponerle un espejo a la gente por medio de la canción es volverla a la realidad, al mundo que tenemos, no al que imaginamos”.

Hombre imprescindible —diría Bertolt Brecht de ti, pues luchaste toda tu vida—, supiste renacer y volver a vivir. Hijo de ferrocarrileros, lector de García Lorca, Alberti y Miguel Hernández, le cantaste a la Patria hablándole amorosamente recio: “No te puedo querer como te hicieron. No te puedo mirar siempre engañada. No te puedo querer siempre callada: que la rabia se torne en lucha”. En 1994 a raíz del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional compusiste “Espejos de mi alma” que luego cantaste en marzo del 2001 cuando los zapatistas vinieron al Congreso de la Unión a exigir el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés firmados con el gobierno mexicano: “¡Gloria a los que rompen el silencio! ¡Gloria a los espejos de mi alma! ¡Gloria a los que cimbran conciencia!” La Patria, Gabino querido, fue uno de tus grandes amores, no por ello menos tormentoso…

Nacido en Comonfort, Guanajuato, el 26 de mayo de 1950, tu vida se enraizó en la Historia. Recordabas a tu padre ferrocarrilero en la huelga del 59. Tu papá decía que cuando en casa pronunciaran los nombres de Valentín Campa y Demetrio Vallejo había que ponerse de pie. Él tuvo que huir porque la policía lo andaba buscando; tu mamá se quedó con las mujeres a defender la estación a donde llegó el ejército con la bayoneta calada. Ellas hicieron una valla y de pronto una se adelantó, se quitó los calzones y los puso encima de una bayoneta. Fue tal la confusión de los soldados que se retiraron. Y tú, Gabino, te reías, triunfal al contarlo, al volverlo a pasar por el corazón.

Tendrías unos siete años y viste entrar unos tanques a la Plaza de Armas de San Luis Potosí. Luego, gente corriendo y gente tirada en el suelo. Imágenes muy fuertes. Como estudiante de Ingeniería Química te tocó llevar pipas de agua al altiplano porque la gente se estaba muriendo de sed. Ese encuentro con la pobreza te definió: “O sigo el caminito de la universidad o le hago caso a la realidad”. Sabes, Gabino, muchas veces me he preguntado qué tiene la carrera de Química que da tan buenos músicos como Mario Stern, René Villanueva, Joaquín Berruecos o Memo Briseño y tú… Algo tiene… Pero volviendo al tema principal eran los tiempos en que oías a Óscar Chávez, a Mercedes Sosa, a Joan Manuel Serrat y empezabas a cantar.

En la capital, que todavía no se llamaba Ciudad de México, te integraste al Partido Comunista que todavía era clandestino. Compusiste “La Maldición de Malinche”, que tendrá grandes intérpretes como Amparo Ochoa y Los Folkloristas y que es considerada uno de los himnos del Canto Nuevo pues habla de nuestro racismo y afición por las culturas extranjeras.

¿Qué sentiste, Gabino, ahora que te la cantaron mientras te velábamos, tu ataúd cubierto por la bandera de México, del Partido Comunista y la de Cuba, rodeado de tantas flores, acompañado por tantísimos amigos?

En el año 76 te tocó conocer a Valentín Campa y recorrer con él el país en su campaña por la presidencia. Le comentabas al ingeniero Heberto Castillo, quien siempre andaba con la Constitución en la mano: “Entonces la política nos costaba tiempo, dinero y esfuerzo. Cuando se instaura en los partidos de izquierda la política priista de hacer política a partir del ‘hueso’, todo se va al traste. Ahora ya nadie quiere hacer nada si no tiene un hueso o un sueldo”.

Cuando René Villanueva estaba trabajando en sus memorias, me contó: “Un día llegó Gabino, mi compadre Gabino Palomares, el que siempre te dice ‘Órale’, el de ‘te busco la semana que entra para platicarte unas cosas’. Un ser de una calidad extraordinaria, con sentido de clase. Prángana toda la vida y generoso como solo él, porque si tiene medio quinto lo comparte con quien sea.

“Ah, pues te decía que un día me llevó Gabino a las oficinas de Discos Pueblo y me habló de una señora que era su suegra entonces, la mamá de Jenny Salas, Electra Pampín. Era justo la persona que necesitábamos en Discos Pueblo… A Gabino le agradezco haberme puesto en contacto con un ser cuya dulzura, cariño y franqueza significan tantas cosas en mi vida, además es la madre de una de mis compañeras más queridas: Maruxa”.

Pero Gabino, hay que recordar la relación fraterna tan maravillosa que tuviste con Amparo Ochoa. La conociste en la Peña de Anthar y Margarita, la Tecuicanime. Y de ahí pa’l real. ¿Cómo olvidar ese concierto que dieron ustedes en Managua en 1983 y ante una multitud cantaron a dúo “La maldición de Malinche”?: “Se nos quedó el maleficio de brindar al extranjero nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero. Y hoy les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio y damos nuestra riqueza por sus espejos con brillo”.

Tras los sismos de 1985 me tocó verte cantar solidariamente a la salida de un supermercado; la gente dejaba a tu lado algo de despensa para los damnificados. Amparo hacía lo propio; creo que Tehua y Óscar Chávez, también. Y René, por supuesto.

René te hizo varios retratos: tu pelo lacio cayéndote sobre un lado de la cara, el grueso armazón de tus lentes y tu guitarra. El primero no muy te gustó. El segundo ya estaba más logrado el parecido aunque te dibujó muy serio. Se usó para la portada del disco Hace como un año.

Cuando a principios del 2000 le diagnosticaron un cáncer terminal a René, viniste a verlo muchas veces a la casa. El tema de conversación que más los apasionaba era la política, lo que estaba pasando en nuestro bien amado y bien fregado país. A él le encantaba oírte hablar de tus proyectos y te repetía que nos debías tus memorias. Estaría encantado con tu libro Cien canciones de amor y Patria en el que te ayudaron tan amorosamente Ernesto Anaya, Gerardo Tamez y Anastasia Sonaranda Guzmán a hacer la recopilación de canciones y fotos, pero te seguiría reclamando tus memorias.

Cuando estabas por presentar el libro, editado por De Lirio, te pregunté cómo se podía amar un país tan violento, con tantos muertos y desaparecidos y eso que no eran las cifras de ahora. Tu respuesta fue y es hermosa: “Vivo en un mundo así, pero creo en los hombres, creo en los seres humanos, creo en la lucha como una única posibilidad para reivindicarme como ser humano. Creo en la búsqueda permanente como único camino para alcanzar la verdad. Creo en la verdad desde hace más de 50 años y unas horas”.

Querido Gabino, tus ideales marcaron cada una de tus actividades. De aquel plantón en Reforma, después del fraude del 2006, y que duró 57 días, viviste 50 en la calle y bromeabas de que ya te daban ganas de fincar. Se hablaba mucho de Patria y ahí surgió y se consolidó el amor entre Sofía y tú.

Te asumiste parte del movimiento #YoSoy132 porque los jóvenes hablaban de la Patria. Fuiste a prácticamente todas las marchas, feliz de que no hubiera líderes. Les compusiste una canción. Por ese entonces te volví a entrevistar y expresaste: “Me da gusto que esa generación ‘X’ que se había perdido, haga su propia lucha que es nuestra misma lucha. Yo me voy a morir así: escribiendo canciones que narren la historia de este país, la lucha porque las cosas cambien. La terquedad es un elemento fundamental en la vida de todo luchador social porque las frustraciones son de todos los días. Siempre hay que estar luchando contra la corriente, por eso digo que pertenezco a la cofradía del salmón.

“Lo peor que nos puede pasar es pensar que como están el país y el mundo es lo normal. Eso es lo peor. Démosle una oportunidad a la paz, démosle una oportunidad a la utopía; démosle una oportunidad a los seres humanos de vivir como seres humanos. Eso debería ser lo normal, no lo otro. La violencia como sistema de vida, como modus vivendi, como cotidianidad es una aberración que hay que combatir.

“A los jóvenes les digo: La patria los necesita. La historia tiene que tomarse en las manos. Si los jóvenes no lo hacen, sencillamente no hay futuro. Ese futuro que les tienen predestinado no es futuro, es una vida llena de frustraciones, llena de carencias”.

Gabino querido, ya no alcancé a comentarte que me gustó mucho la entrevista que Elena Poniatowska te hizo y publicó el domingo pasado. Eres congruente hasta el último suspiro. Le declaraste: “Ahorita toda la comunidad artística de izquierda estamos teniendo muchos problemas porque no nos contratan. Tiene que ver con que los funcionarios no tienen formación de izquierda, no conocen el arte de la izquierda. La gente de izquierda está muy enojada con las secretarías de cultura. No es necesario ser de izquierda o de derecha. El arte es el arte”.

Te faltó tiempo, Gabino: “Hay muchas canciones que debo, como dice Silvio Rodríguez que le debe una canción a esto y esto otro. Yo tendría que multiplicar por 20 esa lista. Yo debo muchas canciones. No he escrito todo lo que hubiera querido porque creo que más que un cantor soy un activista. He dedicado buena parte de mi tiempo a la militancia con canción”.

Y ahora tú nos faltas a nosotros.

AQ / MCB

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