“Somos muy chingones hasta que no lo somos”: Gabriel Ripstein, director de ‘México 86’

Entrevista

El cineasta Gabriel Ripstein hace la radiografía de un país con su película ‘México 86’, también un espejo de los males que aquejan a nuestro futbol.

El cineasta mexicano Gabriel Ripstein. (Foto: Ariana Pérez)
Ciudad de México /

El cineasta Gabriel Ripstein cabecea la pregunta sobre si México 86 es una apología de un personaje como Martín de la Torre, un pícaro al que interpreta el actor Diego Luna. “No es una apología, es una radiografía”, responde en el área chica de Netflix sobre su película, “inspirada en hechos reales”, de cómo México pudo hacerse de su segundo Mundial de fútbol de la mano de un tramposo, infiel, desleal, que de burócrata pasa a héroe nacional y luego a villano.

Sin temor al fuera de lugar, Gabriel Ripstein (1972) remata y tira a gol cuando admite haber querido hacer un reflejo del país con un personaje de ficción concebido por el guionista Daniel Krauze. “Me interesa mostrar a un país encarnado en un personaje divertido, pachanguero, desmadroso, encantador, seductor, oscuro, mentiroso, tramposo, oportunista, manipulador. Eso es México”, anota Ripstein en la tanda de penaltis de siete minutos con Laberinto.

Si se recurre al VAR (árbitro asistente de video) para revisar la película, se encuentra que el personaje de Martín de la Torre se puso la camiseta de Rafael del Castillo, exdirigente de la Federación Mexicana de Futbol entre 1980 y 1988, años en que pasó de la fama de haber traído el Mundial a México a la infamia por el escándalo de los cachirules de la Sub-20, que costó no asistir a Italia 90.

Del Castillo murió el pasado 3 de marzo, a los 92 años, después de recibir un homenaje de la Femexfut, la misma que lo denostó por el escándalo de los cachirules. Parece un mal chiste, pero irónicamente Martín de la Torre se metió de cachirul en la película en lugar de Rafael del Castillo, porque el resto de los personajes aparecen con sus nombres de personas reales. En ella deambulan el propietario del consorcio Televisa y entonces mandamás del futbol mexicano, Emilio Azcárraga Milmo (1930-1997), magistralmente encarnado por Daniel Giménez Cacho, o el delantero Hugo Sánchez (Memo Villegas). Aparecen Bora Milutinović, el mejor entrenador que ha tenido la selección nacional, interpretado por un croata (Davor Tomić); el periodista José Ramón Fernández, al que da vida su hijo Juan Pablo; João Havelange (Cândido Damm), Hermann Neuberger y hasta Henry Kissinger. Al reparto se unen Álvaro Guerrero como el colaborador de Azcárraga y exdirectivo de futbol Guillermo Cañedo, y Karla Souza, como Susana Gómez-Mont.

Producida por Gaumont, México 86 se estrenó en cines el pasado 21 de mayo y estará disponible en Netflix a partir del viernes 5 de junio, seis días antes de la inauguración de la tercera Copa del Mundo en territorio mexicano, el jueves 11 de junio, en el estadio Azteca.

Con espléndidos diseños de producción de Mónica Chirinos, y de vestuario, de Adela Cortázar, la película producida por Sidonie Dumas, Nicolás Atlan y Christian Gabela nos regresa a los años ochenta con un trabajo fotográfico excepcional de Emiliano Villanueva y edición de Miguel Musálem.

¿Por qué escogió la picaresca como género para México 86?

Porque acaba siendo una anécdota de cómo se consiguió el Mundial de 86, que tuvo un grado de picardía o surrealidad, una mexicanidad intrínseca en términos de la improbabilidad y de los recursos que tuvieron que ponerse en marcha para que eso sucediera. La decisión del género resultó natural.

¿Identifica esa picardía con la naturaleza del mexicano? A Enrique Peña Nieto se le cuestionó porque dijo que la corrupción es parte de la cultura mexicana. Y aquí vemos esto.

Es parte de lo que nos define, parte de quiénes somos. Me refiero a la complejidad de lo que significa ser mexicano. Tenemos lados luminosos, divertidos, tenaces, luchones, persistentes, perseverantes, ingeniosos. Mucho de la película recae en ese ingenio. Y tenemos lados muy oscuros: tramposos, mentirosos, tratamos de brincar las reglas porque nos creemos muy listos. Esa es la realidad que queríamos retratar en la película.

¿Qué fue lo que más le sorprendió de conocer una historia así? El personaje tiene otro nombre, pero sabemos quién es.

Hay una amalgama de muchos funcionarios involucrados en el futbol. Tomamos decisiones para contar un cuento en una película. Lo que me parecía sorprendente era la improbabilidad de que México lograra hacerse por segunda ocasión con un Mundial y que rebasáramos a los gringos, que venían muy cargados, que tenían no solo los recursos, sino el poder político para llevarse ese Mundial. Me parece una historia brillante.

¿No hablamos de ese cliché de que “en México somos muy chingones”?

Somos muy chingones hasta que no lo somos. Creemos que somos muy chingones hasta que nos vienen y nos cobran, nos pasan factura, algo de lo que habla también esta película. Hay un personaje que tiene un objetivo y una ambición y lo logra como se pueda, con recursos oscuros o luminosos, los que sean, y una vez que llega ahí no puede parar. La línea entre ser ingenioso y resolver a la mexicana y ser oscuro, criminal, corrupto, es tenue y resulta fácil brincarla. Ahí cuestiono el cliché de que somos muy chingones.

¿Qué implica trabajar con personajes que representan a personas vivas, como Hugo Sánchez? ¿Participó en la creación de esos personajes o dio libertad a los actores?

El trabajo que hago con los actores es muy colaborativo. En el caso del personaje de Hugo Sánchez, hicimos una ficción exacerbada, digamos, por el tono que tiene la película. Es un personaje crucial. Nosotros arrojamos una mirada desde la ficción de un momento muy particular. Pero, en fin, había mucha colaboración con los actores siguiendo el retrato de este país que la película quiere hacer.

¿México se merecía ese Mundial en 1986? ¿México se merece personajes como Martín de la Torre, es decir, Rafael del Castillo?

Nos lo merecíamos, pero nada estuvo limpio. México 86 fue excepcional y, sobre todo, llegó en un momento en el que México lo necesitaba. Este país venía de los terremotos. Nos lo merecíamos en ese sentido, pero nada es gratis. Lograr algo, tener éxito y no saber parar es un poco la impronta de este país.

Está próximo otro Mundial y su película tocará muchas fibras. ¿Cómo se ve en ese contexto? Además, Rafael del Castillo acaba de morir.

En cuarenta años alguien hará una película que se llamará México 26, y a ver qué cuentan en términos de la complejidad que representa ser sede de un mundial por tercera ocasión. De nuevo, la película quiere hacer un retrato puntual de un momento y de una situación que ahora tiene ecos, sin duda. O sea, hay cosas que han cambiado en cuarenta años, pero hay muchas que no.

¿Qué no le gusta de Martín de la Torre?

Es un hombre que tiene muchos asuntos no resueltos. Hay un grado brutal de irresponsabilidad en él. Hay también arrogancia al pensar que es más listo que el sistema y que es intocable. No es que me gusten estas características, pero las veo y entiendo. Son muy humanas. Pero alguien que tiene esas características y opera sin ninguna consecuencia es muy peligroso. Es ahí donde el retrato del personaje me parece complejo. Por más que el tono sea pícaro, lo más profundo es la radiografía de una masculinidad y de un hombre que no es capaz de verse realmente a sí mismo. Si así fuera, creo que estaría bastante escandalizado y aterrorizado con quién es.

¿Su película es una apología de este tipo de personajes?

No es una apología; es una radiografía. No lo justifico porque lo muestro con su lado positivo y su lado negativo. Es un personaje que paga caro la factura. No lo quiero enaltecer ni quiero juzgarlo moralmente; quiero presentarlo a partir de cómo son las cosas. Me interesa mostrar un reflejo de un país encarnado en un personaje divertido, pachanguero, desmadroso, encantador, seductor, oscuro, mentiroso, tramposo, oportunista, manipulador. Eso es México.

AQ / MCB

  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.

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