Dulce Tierra Bakery & Coffee Shop, Boulevard Rinconada s/n, Rinconada, Puerto Escondido, Oaxaca, México
¿Era un gorrión, ese pájaro marrón del tamaño de un puño, o solo otro ingenioso impostor? No estaba lo suficientemente cerca como para ver los detalles de sus marcas o escuchar su canto —o tal vez simplemente el pájaro no se dirigía a ninguno de los que estábamos allí en la cafetería ese día.
Posado en lo alto de la valla de la terraza, permaneció allí, cambiando su línea de visión con giros de 180 grados del cuello, como suelen hacer todas las aves que conozco. Alzó el vuelo cuando me acerqué demasiado.
Los gorriones habitan todos los continentes del planeta Tierra excepto la Antártida. Mi compañero pájaro-nómada-de-cafetería en Puerto Escondido, en la costa pacífica, bien podría haber sido un gorrión, completamente a gusto allí como cualquier otra ave adaptada al clima tropical.
¿Podemos realmente comprender a los descendientes voladores de los dinosaurios?
¿Qué pasa por las cabezas de estos pequeños descendientes de los dinosaurios, tan diferentes a nosotros, que construyen sus nidos con ramitas y hojas, plumas y pelo, quienes utilizan el aire, el agua, la luz y el canto para casi todo lo demás?
Al día siguiente, en la Laguna de Manialtepec, en busca de aves tropicales más exóticas, me asomé por la borda de la lancha con mi guía turístico, un hombre nacido y criado en la zona, alguien que sabía cómo llamar a las aves, hablarles en su lenguaje silbante y escuchar sus respuestas. Pero ni siquiera él pudo decirme el significado de las respuestas que nos daban.
Las garcetas azules permanecían inmóviles en las aguas cristalinas de la laguna de fondo verde. Una Urraca hermosa cariblanca, de plumaje verde menta, del tipo que los humanos hemos plasmado en los envases de Fruit Loops y otros productos similares, sacudía su corona de plumas rizadas entre las ramas enmarañadas de un manglar.
Un anhinga (anhinga anhinga) se deslizó cerca de nosotros sobre el agua, con su pico recto apuntando hacia adelante desde su cuello largo como el de una serpiente, y un destello rojizo en los bordes de sus alas color chocolate oscuro.
No puedo decir que ese día llegara siquiera a comprender quién es quién entre las aves de la laguna—ni siquiera mi gorrión común del café, tan incomprensible y tan distante como cualquier otra ave tropical de Oaxaca.
Nota: Gracias a Jonathan Santiago, guía extraordinario de Manglar Birdwatching Tours, Laguna de Manialtepec, Puerto Escondido, por compartir conmigo sus amplios conocimientos sobre los nombres y costumbres de las aves tropicales de Oaxaca.
*Dorothy Dean Walton formó parte del consejo editorial de poesía de la revista The Chicago Review. Escribe ficción, guiones para cine y no-ficción creativa.
** Estos relatos también pueden encontrarse, tanto en inglés como en español, en el blog Third Place Cafe Stories (https://www.thirdplacecafestories.com).
AQ / MCB