Elisardo Pérez de Mata, director general de Hachette Livre México, sostiene que el papel del editor es fundamental en un mundo de contenidos gratuitos donde no se puede discernir entre lo cierto y lo falso. “La cantidad de información que uno recibe a través de internet no tiene validación”, advierte.
Hachette cumple dos siglos de existencia y dos décadas como uno de los grupos editoriales más importantes del mundo, con treinta sellos en español, como Cátedra, Alianza y Tecnos, de autores mexicanos y educativos como Larousse y Patria, con títulos como el clásico Álgebra, del cubano Aurelio Baldor (1906-1978).
Con años de experiencia en Grupo Planeta, Pérez de Mata se sumó en marzo de 2025 al grupo fundado por Louis Hachette en 1826 y líder editorial en Francia, para encabezar un nuevo proyecto en México, punta de lanza para el mercado de América Latina, aunque en Colombia hay también operaciones. “El grupo editorial tiene intereses en francés y en inglés, con una operación muy grande en Estados Unidos e Inglaterra. Por varias compras, acabó teniendo una operación en España, con Grupo Anaya, que desde España es un poco el gestor del mercado en español. Grupo Hachette piensa que hay una gran expectativa de crecimiento. En América, la gran operación es México”, expone a Laberinto.
Agrega que, a partir de México, se intenta generar una especie de cabeza de puente para llegar a otros mercados del resto de América Latina, con la idea de incrementar la presencia general, la cuota de mercado y la influencia en español, que a su juicio ha sido una asignatura pendiente para Grupo Hachette.
Entre los mexicanos en su catálogo están Ligia Urroz, colaboradora de MILENIO; Marcela García Robles Gil, Pedro J. Fernández, Sofía Guadarrama, Mónica Rojas y Suzette Celaya. Próximamente publicará a Veka Duncan. Entre sus lanzamientos internacionales, el director destaca títulos como El tren de la medianoche, de uno de sus autores insignia, Matt Haig, y Yesteryear, de Caro Claire Burke.
No desdeña fenómenos como el audiolibro, pero, aunque Hachette ya tiene esa modalidad en su catálogo y planea incorporar treinta títulos más el próximo año, el también editor asegura que es un sistema relevante para el mundo anglosajón, pero no todavía para el público de los países de habla española. “Leer es un acto voluntario e introspectivo. Eso es así y no cambiará. Nadie va a leer por ti”, sostiene Pérez de Mata, Y subraya que Hachette ya es el tercer consorcio editorial en México, y apuesta por la calidad de sus libros más que a la cantidad.
Hachette nació como empresa familiar hace dos siglos. Hoy es un consorcio y llega a México. ¿Qué ventajas y desventajas puede haber en esa transición?
Hachette lleva muchos años siendo un consorcio relevante. Las editoriales han tenido un proceso de concentración en todos los mercados: el estadunidense, el español, el italiano, el francés. La idea de editoriales “familiares” ha ido perdiendo peso; es más, muchas de ellas han sido vendidas a grupos que han ido incrementando el número de sellos. Lo fundamental es la economía de escala. El hecho de estar consolidado en grupos grandes permite el acceso a los mercados de una manera más eficiente, con mayor presencia y, sobre todo, con apoyo del grupo. Ese romanticismo del editor “familiar” ha ido perdiéndose. Se mantienen los sellos, sus nombres, pero las gestiones tienen una visión de negocio.
¿Cómo llegan a este mercado mexicano, con traducciones, nuevos sellos, nuevas colecciones?
La presencia de Hachette no es nueva en México. En el grupo está Larousse, que el año pasado cumplió sesenta años en México. Tenemos una larga tradición de contenidos para mercados locales. Nuestro plan editorial es mixto, porque tenemos la capacidad de acceder al plan editorial español, que es nuestra principal fuente, pero también, y es una de nuestras vocaciones, dar contenido local. Tenemos editores dedicados a la generación de contenido de autores mexicanos, tanto en ficción como en no ficción, con la vocación de estar más próximos al mercado.
No hay editorial que pueda vivir exclusivamente de un plan editorial internacional. Cuando tienes presencia local no eres solo un distribuidor, sino que te debes a tu mercado. Esa es una de las vocaciones del grupo: estar cerca de nuestro consumidor, de nuestro lector. Por tanto, se trata de una mezcla: hay un plan internacional, uno español, uno incluso de Francia, pero también uno local. Tenemos incluso licencias de producto infantil focalizado exclusivamente para este mercado.
Y al ser Hachette, ¿cómo se aborda la identidad del consorcio? Hay identidades que el lector mexicano reconoce de inmediato, como Larousse, Alianza, el Álgebra de Baldor.
La idea de identidad de grupo es Hachette, pero nuestros sellos son parte de nuestra historia. Consolidar la idea de un grupo dentro de Hachette no minimiza el hecho de que existan sellos que tienen una presencia en México desde hace mucho tiempo. No es solo Larousse, también está Patria, un sello fundamental, sobre todo en el mercado educativo. Es verdad que, al final, en las identidades corporativas es una obligación posicionarse como grupo, pero no se trata de erradicar la presencia de nuestros sellos, que siguen viviendo en el mercado y teniendo su propia identidad, tanto en el mundo físico como en el on line o en las promociones.
¿Con cuántos sellos inicia Hachette México?
Deben ser más de veinte, porque mantenemos muchos que vienen de una larga tradición. Están los españoles, como Alianza, Tecnos, Cátedra; luego, los nuevos que se han generado en España: AdN, Contraluz, Faeris... Tenemos un conglomerado de sellos muy focalizados por el tipo de contenido. Eso es muy habitual en el mercado editorial: no mezclar para que haya una cierta coherencia a la hora de manejar los contenidos en el punto de venta. La verdad es que tenemos una grandísima cantidad de sellos y muchos de ellos vienen de una tradición notable. Por ejemplo, Alianza cumple ahora sesenta años. Los sellos son parte de nuestra identidad.
En el análisis de mercado que hicieron, ¿qué les interesa a los lectores mexicanos?
Si bien México es un país de una población muy grande, el mercado no lo es. ¿Por qué? Hay una dispersión de la renta y eso hace que una parte importante de la población quede fuera del entorno de compra. El mercado de interés general, que es el que todos conocemos en librerías, en puntos de venta físicos, es un tercio del de España. Esto es muy relevante, porque nos enfrentamos a un mercado pequeño. Por otro lado, la distribución es muy estrecha. Hay muy pocos puntos de venta, aunque ha ayudado mucho, y eso hay que reconocerlo, el mercado on line, que ha permitido ecualizar el problema de la distribución.
¿Y en cuanto a tendencias?
Desde hace unos cuantos años, tenemos mediciones de cómo funciona el mercado, cosa que antes no sucedía. Sabemos exactamente qué compra el lector, y eso nos permite vislumbrar las tendencias. Históricamente, México ha sido un mercado donde la no ficción ha sido lo predominante, y obviamente el libro infantil y juvenil. La ficción era algo que no tenía tanto peso. Hoy, el crecimiento se da en la ficción, un cambio de tendencia. Ese es un tema muy relevante para nosotros porque hay que entender lo que pide el mercado y adecuarnos.
¿Cómo abordan la generación de nuevos lectores?
Hay fenómenos interesantes. Tenemos la esperanza de incorporar nuevos lectores con una serie de contenidos relacionados con el romantasy. Por fortuna, tenemos mediciones que permiten entender mejor qué pasa en el mercado y adecuar nuestra oferta a esas necesidades. Ese es el panorama: una distribución muy limitada, una cantidad de lectores también limitada, con algo de crecimiento, y una tendencia hacia la ficción. Estamos integrando contenidos de España, o internacionales, anglosajones fundamentalmente, pero también autores mexicanos, que pueden ser interesantes para nuestros lectores.
¿Qué porcentaje ha crecido la ficción en años recientes?
El mercado en general crece un dígito entre años. Es muy poco. Además, si descuentas la inflación, el crecimiento es relativamente pequeño. El crecimiento de la ficción de este primer semestre está entre un diez y un quince por ciento, mientras que la no ficción está prácticamente en ceros, así como la división infantil y juvenil. Es un elemento relevante, guardando la proporción, pero se nota una evolución hacia la ficción, cosa que no había pasado en muchísimos años. Tampoco podemos perder de vista que la no ficción en México, y particularmente los libros de actualidad, de periodismo, es muy relevante y hay que mantenerla en el catálogo. Estamos incursionando en líneas de actualidad, política, que en México tienen un enorme valor.
¿Y respecto a los autores mexicanos que han incorporado a su catálogo o a sus sellos nuevos?
Hay una editora dedicada al descubrimiento y a la gestión, porque no se trata solo de descubrir, sino de mantener un catálogo de autores mexicanos. Hemos tenido apuestas muy notables. Podría mencionar a Mónica Rojas, un caso significativo para nosotros. Hay este tipo de autoras, que llevan tiempo en el mercado y que han demostrado su calidad, que pueden ser un factor de crecimiento. Insisto, en nuestro equipo editorial hay gente dedicada exclusivamente al mercado mexicano, buscando autores, no solo en la ficción, sino en la no ficción.
Claro, los planes editoriales son algo secreto, pero queremos incorporar entre diez y quince autores para el año que viene e incluso repetir con algunos que tienen obras en proceso de creación. Es importante ser no solo un grupo multinacional, sino uno adecuado a las necesidades de nuestros lectores.
¿Cuáles son sus sellos punta de lanza para México?
Somos, digamos, un negocio doble. Por un lado, somos editores, creamos contenidos para el mercado, local o de otros lugares, pero los adaptamos y aquí los hacemos, pero somos también distribuidores, y esto es muy relevante. No editamos el cien por ciento de los títulos; traemos muchos de ellos como importación, porque es nuestra obligación mantener vivos esos catálogos, que además han sido históricos, colecciones muy relevantes en el mercado mexicano que vienen de España y que han sido pilares para la formación de muchos de los jóvenes que ya son adultos y mantienen la tradición de lectura. Hablo de Alianza, Cátedra, con versiones comentadas de un nivel muy alto, y Tecnos. Es cierto que tienen títulos no de amplia venta, pero que mantienen cierto nivel que debemos considerar relevante para nuestro catálogo.
¿Cómo lidian con la distribución? El internet, el e-book son herramientas, pero hay gente que busca libros físicos. Cátedra tiene pésima distribución en México. Pongo de ejemplo que por años busqué la edición que hizo Arcadio Díaz Quiñones de La guaracha del Macho Camacho, de Luis Rafael Sánchez, pero apenas pude conseguirla en Puerto Rico.
Cuando hablo del mercado online, hablo también de la distribución física. De hecho, el mercado sigue siendo preponderantemente físico. ¿Cuál es el problema del libro? Definitivamente, hay una inflación de títulos. La novedad genera una lucha sin cuartel por tener espacio en las mesas, pero las novedades duran muy poco en mesa. Hay demasiados títulos que no pueden madurar. La posibilidad de tener libros que no roten es muy complicada y eso hace que la posibilidad de colocar esos títulos en exhibición se vuelva mínima porque el metro cuadrado está muy disputado.
¿Qué alternativas hay ante esa situación?
La esperanza es la distribución física que permita contar con un gran catálogo disponible. Pero también es verdad que hay ejercicios de rotación por los distribuidores, que hacen que muchas veces no haya posibilidad de tenerlos disponibles. Luchamos contra eso, e intentamos abrir nuevas expectativas con los retailers para tener un catálogo que pueda mantenerse mucho tiempo y permita acceder a los títulos que tenemos, pero que por alguna razón no podemos colocar. Es complicado porque hay que luchar contra la idea de rotación o de venta. Hay títulos que no son bestsellers, son long sellers, libros de toda la vida, pero con venta muy limitada.
Estamos realizando actividades adicionales para tener no solo la novedad, sino todo aquello que forma parte de nuestra lista de fondo, que forma parte de nuestra esencia. Es difícil. En el mercado, no es tan sencillo tener eso a disposición del público.
Ya se habla de un género literario: el libro de mesa de novedad, que no dura mucho.
Definitivamente. Se ha convertido en una lucha encarnizada por no perder espacio. La concentración editorial tiene muchas ventajas, como las economías de escala. Pero también, y hay que ser honestos, genera la demanda de poner la maquinaria en marcha porque tienes muchos sellos y mucha capacidad de generación de contenidos. No creo que haya un sector en el mundo que tenga tantas novedades por semana. La cantidad de novedades por semana en el punto de venta es brutal. Si una compañía editorial, de las grandes, puede hacer mil novedades al año, divide entre los días y te darás cuenta de la cantidad que saca. En muchos de esos procesos de acumulación de novedades se pierden muy buenos contenidos porque no maduran.
¿Cómo anda Hachette en las ferias del libro en México?
Estamos en todas. Consideramos dos elementos. Por un lado, hay un tema de promoción de la lectura, y no podemos perder una oportunidad. En un país donde es tan complicado añadir lectores, la promoción es muy importante. Por otro lado, genera algo de venta que nos permite subsidiar parte de ese proceso. A veces, las ventas no son tan grandes y generan mucho costo logístico, pero consideramos eso como una inversión, no como un gasto. Recuerde que dedicamos una parte importante de nuestros sellos al texto educativo. Quizá somos de los pocos grupos que mantienen esos dos negocios a la vez.
¿En qué medida Hachette está en ese ámbito, el educativo, en México?
Cambió mucho. Desde 2023 ya no hay contratos con el gobierno. Para primaria y secundaria existe solo el libro gratuito, una gestión gubernamental. Eso ha sido un cambio fundamental para ciertas editoriales. Lo que antes era un mercado de acceso al público quedó completamente vetado. Quedó el bachillerato, donde hay iniciativa pública y privada. Sin embargo, ha habido polémica respecto de la calidad de los libros de primaria, y debo decir que el papel del editor es fundamental porque tenemos la experiencia para la generación de contenidos, que históricamente habían sido validados y generaban un concurso donde la asignación dependía de una serie de méritos. Ese es el modelo adecuado porque los editores conocemos cómo se hacen los libros, qué se necesita, cuándo y cómo, y, sobre todo, la metodología de enseñanza.
¿Cuál es el papel del editor en un contexto como el actual para la educación en México?
El papel del editor es cada vez más relevante en un mundo donde en el contenido gratuito no se puede discriminar entre lo cierto y lo falso, entre lo actual y lo pasado. Una gran cantidad de información que uno recibe a través de internet no tiene ninguna validación. El papel del editor es fundamental a la hora de definir que esos contenidos sean válidos, que estén certificados: da el sello de garantía. Es lo que estamos haciendo, pero limitados al mercado privado. Creo que eso debería cambiar. Hay iniciativas de la Cámara de la Industria Editorial para reivindicarnos como proveedores de contenidos. Generamos ideas para la vida de la gente, desde el punto de vista lúdico, pero también formativo, y tenemos toda la experiencia para hacerlo.
¿Cómo lidia Larousse con Wikipedia en un mundo como el actual?
Larousse sigue siendo una marca de referencia, sin duda, en diccionarios, en contenidos académicos. Hay una lucha, porque la gratuidad y el contenido abierto han puesto en duda, en cierta manera, nuestro valor en el mercado. Sin embargo, cada vez hay más una conciencia de que los contenidos sin garantía son un riesgo para la formación, sobre todo de los más jóvenes, porque no tienen capacidad de discriminar.
¿En qué forma equilibran esa realidad?
Hemos hecho toda una política de acercamiento a nuestros clientes explicando las bondades de nuestros contenidos; los hemos actualizado, hemos hecho variaciones para que sean más amigables a las nuevas generaciones. Por ejemplo, las últimas versiones de los diccionarios incorporan códigos QR que permiten acceder a videos o audios que conectan más con estas generaciones, con la ventaja de que garantizamos esos contenidos cerrados, validados, garantizados.. Hemos tenido una muy buena respuesta. Pero también es cierto que luchamos contra la invasión de contenidos indiscriminados que han puesto en duda nuestra continuidad. Ahora, más que nunca, el papel del editor tiene más fuerza, pues están en duda los contenidos, su validez y credibilidad.
AQ / MCB