Desde que el hombre salió del continente africano hace 70 mil o quizá 100 mil años y hasta la fecha, los grandes viajes no han sido solo exploratorios y aventurados, también han tenido carácter fundacional y espiritual. Los viajes han sido portadores de propósito y sentido. Han trazado mapas sobre la tierra y la conciencia, abierto rutas y senderos simbólicos, fundado ciudades y cosmovisiones.
Cuando los primeros seres humanos surcaron los océanos del pacífico sur y caminaron por los fríos estrechos del norte, había en ellos algo más que el caminar buscando alimento y lugares favorables, albergaban también el impulso que despierta el misterio y la necesidad de ver nuevos paisajes.
Y cuando los seres humanos habían poblado ya todos los rincones de la Tierra siguieron caminando. La sed por descubrir nuevos horizontes no ha terminado y no terminará nunca.
El primer viaje de Cristóbal Colón llamado “Viaje del descubrimiento” que realizó en 1492, se dice fue motivado por la búsqueda de nuevas rutas hacia las islas Molucas cuando la ruta de la seda empezó a comprometerse por el dominio otomano. Pero también se dice que Colón estaba intrigado y que en realidad había sentimientos de extrañeza y curiosidad que lo movían. La expectación nacía de eventos enigmáticos que llegaban desde lejos: se rumoraba que en la isla de Flores —que es una de las Azores— el mar había arrojado dos cuerpos de hombres muertos “que parecían tener las caras muy anchas, se aseguraba que tenían un gesto distinto del que tienen los cristianos”. Se decían esas y muchas más cosas parecidas, —de árboles y tallos trabajados que llegaban arrastrados por las aguas—.
Sin embargo, la verdad oficial no es otra que la expresada por Bartolomé de las Casas: “Dios lo movía con empellones, porque la providencia divinal, cuando determina hacer alguna cosa, sabe bien aparejar los tiempos, ansí como elige a las personas, da las inclinaciones, acude con los adminículos, ofrece las ocasiones, quita eso mismo los impedimentos para que los efectos que pretende finalmente se hayan por sus causas segundas de producir”*.
Con Cristóbal Colón viajaron portugueses, italianos, españoles y por lo menos dos ingleses. Mucho se ha debatido acerca de la lista de tripulantes, pero sabemos con certeza que el capitán de la expedición era italiano y que con él iban otros 87, quizá más, de diferentes nacionalidades.
Casi tres décadas después del primer viaje de Cristóbal Colón un portugués llamado Fernando de Magallanes, de linaje noble y al servicio de la corona española, comenzaba la travesía para dar la vuelta al mundo en un viaje lleno de significados. La tripulación de la expedición de Magallanes-Elcano estaba compuesta de nuevo por muy diversas procedencias y el capitán otra vez no era español.
Los viajes espaciales norteamericanos de nuestra época no son la excepción cuando de diversidad se trata. Desde que Michael Collins (nacido en Italia) voló en 1966 y William Anders nacido en Hong Kong en 1968, han volado australianos, checos, polacos, alemanes y un largo etcétera de nacionalidades.
Los grandes viajes han sido siempre viajes de la humanidad, aun cuando son las naciones económicamente exitosas del momento las que impulsan su realización.
En septiembre de 1522 Juan Sebastián Elcano escribió a Carlos I de España:
“Mas sabrá su Alta Majestad lo que más avemos de estimar y temer es que hemos descubierto e redondeado toda la redondeza del mundo, yendo por el occidente e viniendo por el oriente”.
Esta es parte de la crónica del italiano Antonio Pigafetta acerca del viaje que partió de Sevilla, España, en 1519 con Fernando Magallanes al mando y volvió en septiembre de 1522 con solo Sebastián Elcano y un puñado de supervivientes, después de darle la vuelta al mundo.
Hoy la recordamos como la mayor hazaña de la que se tenga memoria:
Miércoles 28 de noviembre, desembocamos por el Estrecho para entrar en el gran mar, al que dimos en seguida el nombre de Pacífico, y en el cual navegamos durante el espacio de tres meses y veinte días, sin probar ni un alimento fresco. El bizcocho que comíamos ya no era pan, sino un polvo mezclado de gusanos que habían devorado toda su sustancia, y que además tenía un hedor insoportable por hallarse impregnado de orines de rata…
La misión Artemis II no solo orbitará la Tierra, también circunnavegará la Luna. Su lanzamiento estuvo programado para el 6 de febrero, después fue pospuesto para el 6 de marzo y ahora se pronostica para abril.
Han pasado 507 años desde que comenzó “la mayor hazaña de la que se tenga memoria” y han transcurrido 57 años desde que la humanidad dio la vuelta al mundo y la Luna por primera vez.
Los miembros de la tripulación son: Reid Wiseman (NASA): comandante de la misión. Victor Glover (NASA): Piloto y primera persona afroamericana en viajar alrededor de la Luna; Christina Koch (NASA): Especialista de Misión y primera mujer en misión lunar; Jeremy Hansen (CSA): Especialista de Misión y primer canadiense en viajar a la Luna.
Como otrora, se trata de uno de los grandes viajes que han marcado el constante andar de la humanidad. Con certeza no será el último ni el más largo.
* Bartolomé De las Casas, 1875, Historia de las Indias. Edición del Marqués de la Fuensanta del Valle y José Sancho Rayón).
AQ / MCB