‘Hojas secas’, de Alexandre Koberidze: el mundo para jugar

Cine

Una imagen que no lo muestra todo también puede ser cine. ‘Hojas secas’, de Koberidze, pone a prueba nuestra forma de mirar.

Detalle del póster de ‘Hojas secas’, de Alexandre Koberidze. (New Matter Films)
Fernando Zamora
Ciudad de México /
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Durante una secuencia de Hojas secas del georgiano Alexandre Koberidze (que puede verse en la corrida del 45 Foro de la Cineteca hasta el 6 de septiembre) hay alguien buscando una cancha de futbol. Ya no existe. En su lugar se levanta un hotel. ¿Dónde juegan ahora?, pregunta el hombre a un niño que responde: en todas partes. En esta escena el niño es invisible; es decir, escuchamos su voz, pero no lo vemos. Quizá toda la película está aquí. 

La premisa es esta: Lisa, una fotógrafa de 28 años, desapareció luego de haber documentado canchas rurales. Irakli, su padre, va en compañía de su amigo Levani para encontrarla. Pueblo por pueblo con una foto. Buscan canchas, hablan con niños, campesinos y desconocidos. Nada. Pero el director construye la narrativa para que el misterio quede en segundo plano y, sin embargo, tampoco es una película contemplativa: Koberidze decidió filmar Hojas secas con un teléfono Sony. La resolución es tan baja que a menudo cuesta distinguir lo que vemos. Los rostros pierden definición, los árboles son manchas.

Hoy que el cine compite por ofrecer más detalle, Koberidze produce una película de tres horas con una cámara obsoleta.Y cuenta que usa ese modelo desde hace años porque encuentra hermosas las imágenes que consigue. No es un manifiesto o una resistencia programática. 

¿Entonces? Justamente por la imprecisión de la imagen podemos participar en esta película. La educación visual a la que nos ha acostumbrado la industria une dos conceptos que no están realmente unidos: definición y calidad. Koberidze no está de acuerdo. 

La idea de la película no surge de una compleja teoría sobre la ausencia sino de la solución de un problema práctico: ¿cómo se filma a alguien que no puede verse? La solución importa. Hojas secas no pide interpretar lo que no vemos como fantasmagoría o metáfora. Ya desde 1916, el teórico Hugo Münsterberg, en El cine: un estudio psicológico, mostraba que el cine no se limita a reproducir el mundo, sino que organiza nuestra atención. La cámara decide qué vemos y nuestra mente completa lo que falta. Koberidze radicaliza el hecho.

Volvamos a la cancha de futbol. Irakli busca algo que ya no existe. Los niños ahora juegan “en todas partes”. Hay algo radical en la respuesta. Dos jugadores pueden colocar piedras en el suelo y decidir que son una portería. No importa que luego dejen de serlo. Pues el cine hace exactamente eso: solemos pensar que un rectángulo de luz contiene un mundo por convención. Y mientras que la tradición realista del cine confía en la capacidad de la cámara para registrar el mundo, Hojas secas reflexiona con lo que sucede cuando la cámara ya no está ahí. Y es cierto, aunque la baja resolución puede resultar irritante, al encenderse las luces queda un viaje, Georgia y poco más. 

¿Es hermoso? Esta es la pregunta que conviene hacerse. La respuesta me parece que es sí, siempre que estemos dispuestos a pasar el trabajo de completar las imágenes faltantes y separar en nuestra mente la existencia de visión, porque, en efecto, no todo lo que existe tiene que ser visible con facilidad. Si pasamos el trabajo de aceptar que una persona es una mancha que puede volverse árbol y que una carretera conduce hasta una investigación sin fin, puede que finalmente tengamos una respuesta: jugamos en todas partes es como decir: hay cine en todas partes. Este es, me parece, el valor del arte moderno: la imagen deja de mostrarnos todo para poner a prueba nuestra capacidad de mirar.

¿Dónde ver ‘Hojas secas’?

La cinta de Alexandre Koberidze está disponible en la cartelera de la Cineteca Nacional.

Hojas secas

Dirección: Alexandre Koberidze. Georgia, Alemania. 2025.

AQ / MCB

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