Estamos atrapados en el nihilismo de la queja: Hugo Mujica

Entrevista

El poeta argentino habla en entrevista del silencio como el motor de su poesía y de la necesidad de formar vínculos a través de la palabra.

Hugo Mujica. (Foto: Sebastian Szyd)
Laura Cortés
Ciudad de México /

La poesía de Hugo Mujica (Buenos Aires, 1942) está hecha de silencio. Esa ha sido la tierra donde han fecundado sus versos. En los años ochenta, descubrió el lenguaje poético mientras cumplía un voto de silencio en uno de los tres monasterios de la Orden Trapense donde permaneció siete años. Fue en la aparente quietud del bosque que escuchó “una musicalidad que despierta palabras”, dice en entrevista, quien es conocido como “el poeta del silencio”.

“Nacemos inacabados: nacemos para seguir naciendo”, sentencia el también ensayista, lo cual lo describe con precisión, de él se puede decir que ha nacido muchas veces: como inmigrante, hippie, pintor, hare krishna, monje, escritor y viajero impenitente, eso sí, siempre será viajero.

“Ya de todo hace mucho” dice citando uno de sus poemas el ahora sacerdote jubilado cuando se le pregunta, por ejemplo, de su vida en la cárcel como objetor de conciencia: “En Argentina tenías que hacer el servicio militar sí o sí, pero yo me negué a regalarles un año de mi vida, menos aún a tocar un arma. Podría decir que estar en prisión fue una experiencia muy amorosa, yo era muy chico, tenía 19 o 20 años, y todos los presos eran grandes, yo les contaba historias y ellos me cuidaban. Siempre he tenido la idea de que la vida me cuida y ahí me cuidaban”.

El ganador del Premio Internacional de la Fundación Loewe 2025 estuvo en México para presentar su libro La pasión por lo posible. En torno a lo humano, bajo el sello editorial Vaso Roto, en el cual reflexiona sobre lo que llama el misterio de la vida. Con estudios en Bellas Artes, Filosofía, Antropología y Teología, Mujica ha desarrollado una sólida obra literaria en la que busca “despojar el lenguaje hasta alcanzar una palabra que roce lo indecible”.

Durante su estancia en el país, también participó en el ciclo Poesía en La Milarca, en Nuevo León, donde ofreció la lectura “En el silencio el Silencio habla”, en la que dejó claro que la experiencia poética es un espacio donde se configura lo humano: “si no estamos uno con el otro, estamos todos incompletos… la palabra construye vínculos y revela una dimensión común de la existencia”.

¿Cómo se convirtió el silencio en el motor de su poesía?

Llevaba tres años en un monasterio situado en medio del bosque, en New England, en Estados Unidos, bajo un voto de silencio que duró siete años. Aprendí a escuchar. La poesía fue consecuencia de descubrir, a través del silencio, la expresividad de todo. Todo está hablando —no en palabras sino en expresión— y de alguna forma esa expresividad está en búsqueda de ser acogida. Al mirar a través de una ventana vi que todo hablaba en una musicalidad que despierta palabras. Cuando el silencio se encarna, uno se vuelve escucha. El silencio en sí no tiene un contenido, el contenido es la realidad que siempre estuvo ahí.

En un mundo cada vez más ruidoso resulta difícil escuchar el silencio…

Cada uno tiene que buscar ese silencio en su propia vida. No hay una receta. Es obvio que el mundo actual es un mundo de ruido, de velocidad, de todo aquello que no es realmente el tono favorable para escuchar, pero de todas maneras este es el tiempo que tenemos. No vale tener nostalgia ni esperanza de que algo va a cambiar. Tenemos este hoy y en este hoy tenemos que ser fieles a la vida… o no, pero no sirve lamentarse porque no tenemos las condiciones ideales. Han existido grandes artistas que en medio de las condiciones más adversas han creado obra. Es difícil pero las dificultades a veces ayudan porque, precisamente, llegar a hastiarse de ese ruido puede llevar a la necesidad del silencio. No hace falta una vida ideal sino una vida real. Nos tocó un ratito de estar acá en este mundo que vivimos y acá realizamos nuestra vida propia ahora o nunca más.

Hay que transformar lo que tenemos. No podemos esperar porque creemos que otro tiempo fue diferente o mejor. Me parece que estamos muy atrapados en lo que llamo el nihilismo de la queja: siempre quejándonos y, de alguna forma, no haciéndonos responsables porque al quejarnos tenemos la sensación de que estamos del lado de los buenos, por así decirlo, pero se trata de obrar sobre la vida de uno, poner el cuerpo y no la queja.

Se ha dicho que la poesía elige a su autor, ¿cree que es así?

Suena más al amor más que a la poesía. Creo que todo es una forma de amor, aun los amores equivocados. No es que la poesía nos elige. Cuando nacimos la vida ya estaba y de alguna forma todo nos eligió a nosotros, aceptamos algunas cosas y le dijimos no a otras, así nos fuimos haciendo. Hemos aprendido el nombre para nombrar y para vincular, pero todo nos precede siempre: el mundo ya estaba, no elegí mi propia vida, la recibí sin haber estado y recibirla fue empezar a vivir. Yo defiendo mucho la alteridad como fundante de todo. El lenguaje me lo dio la comunidad y con ese lenguaje yo formé la persona que soy.

¿A eso se refiere en uno de sus poemas donde en parte dice que “la soledad de una vida es la de todas las otras”?

A una vida solitaria le faltan todas las otras vidas, porque somos uno, todos y cada uno con su nombre propio, pero la vida no es mía, es la vida que me está viviendo a mí y esa misma vida que me vive a mí está viviendo a los demás y a todo: a los otros, a los árboles y a las nubes… Es el hecho de tener esa conciencia de la unidad de todo. Aquí no hay eso de que ‘con que yo haga lo mío’, porque lo mío irradia, se comunica y transforma todo lo demás y a la vez eso me transforma a mí.

Todos respiramos un mismo aire, ¡eso es muy loco!, un aire que está siendo respirado desde hace milenios y que seguirá ahí aunque la humanidad desaparezca.

¿Por eso ha dicho que “somos una especie de Frankenstein y para darnos coherencia cosemos pedazos aislados”?

Usé esa expresión en un performance y me refería a la idea de que uno se acuerda de un pedacito del día de hoy y otro pedacito de mañana y luego se va contando una historia, hilvanando esas —a veces— arbitrariedades.

El ser humano va hilvanando su vida a través de la historia que se cuenta. Nosotros somos una identidad narrativa: vamos contándonos quiénes somos. Así ha sido desde que el humano es humano cuando hacía una fogata y se reunía alrededor contando historias, las contaba para comprenderse.

¿Cómo han influido la pintura y la música en su escritura?

Desde muy chico me dediqué a la pintura, en el colegio solía ganar premios. Mi primera carrera fue Bellas Artes. La pintura fue algo constitutivo en mí hasta que no se expresó más. Siempre cuento que sobre mi escritorio tengo un cuadro de (Giorgio) Morandi porque yo quería escribir como pintaba Morandi. ¡Me parece excelso! ¡Hace mil años que no pinto!

La música… siempre he sido solo auditor, soy un melómano. Nunca he tocado ningún instrumento, pero la música me ha acompañado toda la vida. Me levanto de la cama y lo primero que hago es poner música. Mi mundo es con música.

La música es divina, es la primera expresividad que conocemos de algo gratuito que inventó la humanidad para celebrar la vida, para acompañarla, para tener ritmo. He dicho en broma y en serio que el único argumento que demuestra la existencia de Dios es La pasión según San Mateo, de Bach y si Dios no existe, entonces La pasión según San Mateo es Dios.

Empezó a viajar desde muy joven, ¿le sigue entusiasmando tanto viajar?

Sí. Viajo mucho y lo disfruto. El otro día tenía que firmar un documento y me preguntaron dónde vivo y contesté ‘en los aviones`. Desde chico tenía la imagen del viaje. Me parece un lugar donde puedo inaugurar mi comportamiento, puedo inaugurar cosas de mí que no conocía o cosas que acojo de otras culturas.

Hace poco estuve en Medellín, en un lugar donde se bailaba, era un patio enorme bajo un cielo estrellado, donde pude hacer de lo extraño lo propio. Siempre diferencio vivir de estar naciendo: estamos para nacer.

¿Qué viaje le gustaría hacer?

El de la vida. El viaje es la vida hasta el fondo.

AQ / MCB

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