“Joseph Roth es un autor contemporáneo”: Keiron Pim, periodista

Entrevista

En una extensa biografía, Keiron Pim explora las dotes literarias y las ideas políticas del autor de ‘La leyenda del santo bebedor’.

Joseph Roth, novelista y periodista austríaco del siglo XX. (Foto: Wikimedia Commons) | El periodista británico Keiron Pim. (Foto: Alberto Tovalin)
Ciudad de Mëxico /

El periodista británico Keiron Pim (1978) destaca la actualidad de los temas que Joseph Roth abordó en sus libros durante las primeras décadas del siglo XX: el nacionalismo, la persecución, la xenofobia, la migración. Vino a México a finales de mayo para presentar la traducción al español de su libro La fuga sin fin. Genio y tragedia de Joseph Roth, un ensayo biográfico de casi 550 páginas en edición de la Universidad Veracruzana.

Pim recuerda que en vida de Roth muchos de sus libros fueron traducidos al inglés y que Job (1930), muy popular en Estados Unidos, tuvo una adaptación al cine que resultó muy diferente a la novela sobre las tribulaciones del judío ortodoxo Mendel Singer. Y cuenta que Marlene Dietrich, admiradora de Roth, quiso también llevar a Job al cine. “También La marcha de Radetzky (1932) fue muy popular, gracias a la traducción. Después, Roth fue un autor que se olvidó por largo tiempo. Murió en 1939 y hasta la década de 1980, al menos en Inglaterra, volvió su popularidad. Un excelente poeta y traductor, Michael Hoffmann (1957), emprendió la tarea de traducir todo lo que faltaba de Roth. Terminó hace unos años”, refiere Pim.

Pim, quien recorrió todos los lugares europeos por donde pasó Roth, desde Brody, el pueblo en la entonces Galizia del imperio austro-húngaro, donde nació en 1894, hoy en Ucrania, hasta París, donde murió en 1939, expone por qué Roth goza hoy de tanta popularidad en Inglaterra y Estados Unidos, y en España y México gracias a las traducciones en Anagrama, Siruela y Acantilado. “Primero, por la calidad de la escritura. Y dos: hay un aumento de interés por la Europa de tiempos de Roth. Él escribió sobre una Europa ahora perdida, sobre el mundo judío ahora perdido, obliterado por el Holocausto”, dice Keiron Pim.

Con prólogo de Javier García-Galiano, el libro de Pim es un relato pormenorizado de ese mundo perdido. “También, y muy importante, hay una sensación de que lo que Roth escribió en los años 1920-1930 es tema de actualidad. Roth escribía sobre refugiados y personas forzadas a dejar su patria. Escribió sobre el aumento del nacionalismo, la persecución, el odio al extranjero, el colapso de un proyecto unificador como el imperio de los Habsburgo.

“En Europa, vemos a la Unión Europea presionando. Gran Bretaña, donde vivo, ha dejado la Unión Europea. Hay otra vez un clamor por el nacionalismo. Así que hay similitudes. La gente ve los tiempos sobre los que Roth escribió y lo que puede decir sobre su época: su humanidad, sus sentimientos y simpatías, su ternura hacia los despojados, los refugiados, los victimizados”.

Pim se documentó con la lectura de las biografías que escribieron David Bronsen y Wilhelm von Sternburg, ambas tituladas Joseph Roth. Eine Biographie, además de todos los libros de Roth y su vasta producción periodística. En 2019 viajó a Ucrania antes de la invasión rusa y visitó los lugares donde vivió Roth. Caminó las calles por donde pasó, se metió a los edificios que siguen en pie. Visitó también Viena, Ámsterdam, Ostende, París, la última ciudad que alojó al autor de La leyenda del santo bebedor (1939), su última obra. A Berlín no pudo llegar debido a la pandemia de covid.

Con su oficio de periodista, Keiron Pim entrevistó a la historiadora Darcy Buerkle. “La esposa de Roth, Friedl, sucumbió a una enfermedad mental. Encontré a la historiadora Darcy Buerkle, especializada en la salud mental de las judías en la Viena de inicios del siglo XX, que fue de mucha ayuda para entender las presiones psicológicas de Friedl”.

Así pudo profundizar en la segunda esposa de Roth. “Andrea Manga Bell era de etnicidad afrocubana. Es interesante que, cuando los nazis llegaron al poder y perseguían a las minorías raciales, Roth estaba en una relación con una mujer negra. Fue útil para mí entender las experiencias de Andrea Manga Bell como una mujer negra en la Alemania nazi.

Pim se emociona al contar que durante sus pesquisas encontró a un hombre que en su niñez conoció a Roth. “Se llama Dan Morgenstern, Su padre, Soma Morgenstern, fue buen amigo de Roth. Cuando lo conocí, en 2020, tenía más de noventa años. De niño, Dam visitó a su padre en París en 1938. Roth se alojaba en el mismo hotel. Dan me compartió sus memorias, limitadas, pero valiosas. Estaba muy contento de encontrar a una persona que conocía a Roth”.

¿Qué le asombró sobre la vida de Roth en conexión con su obra?

Roth estaba traumatizado por el destino de Friedl, por su enfermedad mental, por perderla. De manera velada, escribió sobre ello en sus novelas. En Job, por ejemplo, hay un personaje, Miriam, la hija de Mendel Singer, el personaje principal, que enloquece de manera parecida a Friedl. Roth se dirigió a los padres de Friedl para decirles que ella no debería leer ese libro, que podría arruinarla. Lo extraño es que escribió este libro con la visión de que fuera muy popular, porque necesitaba el dinero para pagar la atención psiquiátrica de Friedl.

Política, historia y religión me parecen temas cruciales en Roth. ¿Cómo los relaciona?

Hay un quiebre a partir de 1930, cuando empezó a escribir sobre el pasado. Antes, en la década de 1920, cultivó las llamadas novelas de regreso a casa, ficción contemporánea sobre soldados alemanes o austriacos que regresaban muy traumatizados de la Primera Guerra Mundial y luchaban por encajar en la sociedad. Roth sentía una gran simpatía por esos soldados que regresaron muy heridos, y miraba cómo la sociedad intentaba ocultarlos, ponerlos en hogares de cuidados en el campo para que nadie tuviera que mirarlos.

Así llega el colapso de los Habsburgo.

En los años treinta, Roth comienza a ocuparse del pasado. Esto coincide con el colapso de Friedl, que provocó el rechazo del presente, o quizás el retiro del presente. Roth se convierte en un alcohólico y se desvanece del presente doloroso hacia el pasado. Escribe entonces sobre el imperio austro-húngaro antes de su colapso a finales de la Primera Guerra Mundial. “Era el mundo en el que creció. Roth dijo que, aun con sus fracasos, era mejor que lo que sucedió después. Creyó que la restauración de la monarquía de los Habsburgo era muy importante y se embarcó en una misión delirante para restaurar a los Habsburgo en Austria. Roth pensó que sería una fuerza resistente contra el nazismo.

¿Qué hay de la religión? Roth nace judío pero La leyenda del santo bebedor es muy católica.

Roth nació y creció judío, en un pequeño pueblo de Europa oriental, Brody. Era visto como tierra sucia, no de donde estarías orgulloso de venir. Roth sentía esa vergüenza, la absorbió e internalizó. Desde muy joven quiso mudarse a las ciudades metropolitanas occidentales y convertirse en escritor y en un intelectual sofisticado y urbano. Intentó romper con Brody y Galizia, también con su judaísmo, y se convirtió en católico. Una vez dijo: “Tengo un corazón católico y un intelecto judío”.

En algunos sentidos, podía ser muy hostil hacia la gente judía, Pero amaba la cultura judía de Occidente. Lo que realmente odiaba era a las personas como él, los que habían ido a Occidente e intentaron convertirse en algo más. Los encontró falsos y nada confiables. Roth era un personaje muy complicado. Su funeral en París, en 1939, encarnó los conflictos y las tensiones dentro de él, porque no podía saberse si sería un funeral católico o judío.

¿Por qué admiraba al imperio de los Habsburgo? Muchos de sus personajes no vivían ahí muy bien.

Roth escribió una introducción a La marcha de Radetzky cuando fue serializada en un periódico en la que reconocía que el imperio de los Habsburgo tenía sus fracasos, pero era preferible al mundo que lo había reemplazado. Creía que una presencia fuerte, benevolente, paternal, como el emperador Francisco José, era mucho mejor que un demagogo.

¿Por qué lo paternal?

Roth nunca conoció a su padre y su vida fue una búsqueda de figuras paternas, sacerdotes católicos o profesores que lo llevaban bajo su espalda y lo educaban. Valoraba también al imperio austro-húngaro como una forma de unir a Europa. Pensaba que eso era mejor que todos esos pequeños Estados-nación, liderados por nacionalistas que luego empezaron a pelear contra los demás, a perseguir a las minorías. Roth veía al imperio de los Habsburgo como una casa con muchas habitaciones para muchas personas, donde los judíos, los bohemios, los eslavos, podían vivir.

¿Considera que Roth veía al imperio austro-húngaro como un dios que da estabilidad?

Sí, porque los emperadores austriacos fueron conferidos como emperadores apostólicos. Eran los únicos monarcas que tenían ese estatus apostólico conferido por la Iglesia católica. Se creía que estaban conectados con dios, de una manera que el rey o la reina de Inglaterra no lo estaban.

La leyenda del santo bebedor es muy elocuente sobre esa aspiración a lo divino.

Fue el último libro que escribió y una especie de fantasía, de deseo cumplido, porque Roth había pasado su vida adulta esperando milagros, deseando a dios para que curara a Friedl. Se sentía frustrado y repetía que “Dios estaba escondiéndose detrás de las estrellas”. Roth absorbió la creencia en milagros en Brody, porque los judíos jasídicos creen en ellos. Cuando Friedl cayó en la locura, Roth escribió a los padres de ella para decirles que había pasado demasiado tiempo esperando un milagro. “La vida me ha derrotado”, confesó. Ese último libro es tan emotivo porque puedes ver todo lo que Roth quería para su vida: una serie de milagros… que nunca sucedieron.

¿Cómo fue la relación de Joseph Roth con el sionismo?

El sionismo inició en el siglo XIX. Como la persecución de los judíos en Europa Oriental y Rusia se volvió cada vez peor, los judíos intentaban encontrar respuestas. Decían que su hogar no estaba en Rusia, ni en Europa. Esto es importante. Una de las razones por las que el imperio de los Habsburgo representaba mucho para Roth fue porque era un lugar donde los judíos podían vivir. El emperador Francisco José era conocido por ser inusualmente bien dispuesto hacia los judíos. Roth sabía que los judíos, sin tener un hogar, serían vulnerables. Podía ver cuál sería el rostro de los judíos sin el imperio.

El sionismo era un intento desesperado para encontrar un lugar seguro para los judíos. Roth podía entender eso hasta un punto, pero despreciaba el nacionalismo de cualquier tipo, tan fuertemente que no podía simpatizar con el sionismo, otro nacionalismo. Dijo algo sobre que era incluso más estúpido que otros nacionalismos, porque los judíos no son una nación, sino una especie de supernación, un pueblo que se extiende por otras naciones. Si hubiera sobrevivido a la guerra y vivido para ver el Holocausto, tal vez Roth habría aceptado que debía existir un hogar judío. Solo podemos especular.

La obra de Roth está permeada por el humor, a pesar de los sufrimientos de los personajes.

Es muy importante. Para los judíos, el humor ha sido un mecanismo para cubrirse, y en Roth la ironía ocupa una gran parte de su escritura.

¿A qué atribuye que Roth sea hoy más popular que otros escritores de lengua alemana de su generación, como Robert Musil, Hermann Broch e incluso Thomas Mann?

En los casos de Mann y Musil, sus libros más conocidos son largos para un lector casual. En cambio, los libros de Joseph Roth son muy cortos, de cien, ciento veinte páginas. La marcha de Radetzky, su novela más larga, tiene 350 páginas. No es, digamos, El hombre sin atributos. A Roth le gustaba pensar de sí mismo que era un hombre simple. Escribió obras que podían haber sido complicadas para un escritor menor y las hizo parecer simples.

Y no hemos hablado de su periodismo. En los últimos veinte o treinta años, los lectores reconocen a Roth como un periodista, un reportero, pues Hoffmann tradujo buena parte de sus artículos. Son digeribles, accesibles, piezas de folletín, dos o tres páginas, muy fáciles de leer. En ese sentido, Roth es un autor contemporáneo. Podemos entender muchas de sus novelas como si hubieran sido escritas por un periodista.

AQ / MCB

  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.

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