Kane y la habitación trasera

Los paisajes invisibles

El universo de ‘Backrooms’ nació de una imagen anónima y creció gracias a la imaginación colectiva de internet, hasta convertirse en una de las franquicias de terror más exitosas del momento.

Fotograma de ‘Backrooms’, de Kane Parsons. (IMDb)
Iván Ríos Gascón
Ciudad de México /

Desde hace cuatro años, sus videos acumulan seguidores de manera sostenida. El canal Kane Pixels, de YouTube, cuenta con 3.23 millones de suscriptores a partir de los clips The Backrooms, seguidos de la serie The Oldest View, cuyo capítulo The Rolling Giant es una excelente pieza de misterio ambientada en un centro comercial abandonado, donde una creatura enorme persigue al protagonista desplazándose con ruedecillas de patín. Por ese material, elaborado con el software Blender para crear contenido 3D y otras herramientas digitales, Kane Parsons fue fichado por la productora A24 para dirigir Backrooms, el rotundo éxito en taquilla que acapara la atención de la crítica y el público, ya que no solo se trata del debut de un director de veinte años sino de una producción de bajo presupuesto para el estándar de la industria, que ha recaudado más de lo invertido: costó diez millones de dólares y a la fecha ha ingresado 118 millones a nivel global.

Backrooms tiene su origen en la foto de autor no identificado, de un espacio vacío con alfombra y muros amarillos e iluminado por paneles de neón, lanzada en 2019 por el sitio 4chan.org, una web anónima que publica instantáneas de infinidad de temas sin restricciones ni censura. Acompañada de un comentario al pie que advertía el peligro de entrar a los cuartos traseros o la trastienda de otra dimensión, aquella lámina inspiró a cientos de usuarios para postear imágenes de lugares tétricos por desolados, lúgubres o ruinosos, y rápidamente se erigió como el tema predilecto del creepypasta (relatos de terror que flotan en internet, cuyo nombre combina los términos ingleses creepy, escalofriante, y copy/paste, copiar y pegar, que los internautas viralizan en foros, comunidades, redes).

Parsons llevó al extremo las posibilidades multimedia. Sus clips de YouTube ofrecen una experiencia inmersiva a través del minucioso manejo de los planos. Como siguiendo las lecciones de Alfred Hitchcock, encapsula al espectador en el rectángulo de su lente; la narración visual es subjetiva (point of view), lo que permite controlar las inquietudes de lo que acecha en derredor; manipula el desasosiego con la banda sonora (las pisadas del protagonista, sus lacónicos pero nerviosos parlamentos por lo que va mirando, el eco, ruidos de fondo, rechinidos de puertas o herrería, música ambiental que suena de improviso); usa la luz y la oscuridad para un clímax y lo opuesto. Su ingeniosa propuesta creepy: sitios improbables, imposibles. En The Oldest View “encuentra” un túnel en campo abierto. La prolongada escalinata lo conduce al macabro centro comercial.

Sin embargo, hay que decir que Parsons no descubre el hilo negro. Creador de la Generación Z y entusiasta de la estética vintage, es claro su aprendizaje en videojuegos de terror en primera persona (la franquicia legendaria Doom, seguida por Heretic, Resident Evil, Outlast, etcétera); los filmes de cámara en mano o found footage (El proyecto de la bruja de Blair, REC, Cloverfield, Así en la Tierra como en el Infierno, y otras tantas). Quizá el mentor más importante sea Stanley Kubrick con el opresivo laberinto de El resplandor (1980), y es por eso que su primer largometraje es digno de verse más de una vez: mal catalogado en el género de horror porque su lectura adecuada es el suspenso psicológico, funciona en varios niveles ya que “en sus mil alvéolos, el espacio conserva tiempo comprimido. El espacio sirve para eso”, anticipó Gaston Bachelard en La poética del espacio: nuestra mente es un Dédalo de tránsito escabroso. Ahí hay habitaciones y pasillos con cierto mobiliario, sepulto, amontonado. Infinidad de chucherías. Más aún: un monstruo feroz resguarda aquellas bagatelas. Enorme, contrahecho. Nos arrastra en su demoniaca destrucción porque el ego muta cada vez que almacenamos una silla, un radio, una mesa. Los objetos simbolizan experiencias y de ahí germinan los malos recuerdos.

El punto de partida de Backrooms es la entrada por una puerta invisible. Como lo hacemos siempre al cerrar los ojos.

AQ / MCB

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