‘La muerte de Robin Hood’: una mentira dentro de otra mentira

Cine

Michael Sarnoski presenta a un Robin Hood que enfrenta la vejez, la violencia y el peso de una versión de sí mismo que ya no puede soportar.

Hugh Jackman en ‘La muerte de Robin Hood’. (Lyrical Media)
Fernando Zamora
Ciudad de México /
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No estropea uno una película que se llama La muerte de Robin Hood anunciando que, en efecto, el héroe morirá. Lo importante es que la sangre que sigue corriendo en la imaginación de los intérpretes del mito llegará hasta una niña que no sabe qué hacer con la verdad. Y como todos los que no sabemos qué hacer con el pasado, lo que aparece en cierta niña es una interpretación de la leyenda familiar. Ni la historia es exacta ni la mentira es cualquier cosa.

La mentira de Robin Hood (que así podría llamarse la película) contiene al mito que es evidentemente una mentira dentro de otra mentira. Sucede como con toda historia de familia, a menudo es necesario mentir para evitar que el oprobio siga pasando de generación en generación.

Lo primero que hace Sarnoski el director es devolver cuerpo al héroe. Interpretado por Hugh Jackman, Robin está viejo y arrastra muertos. Tiene, además, la conciencia de todo lo bueno y lo malo que se cuenta sobre de él. El mecanismo que utiliza La muerte de Robin Hood consiste, sí, en demoler el monumento, pero si lo hace con elegancia, es algo que tiene que decidir el espectador. Aquí entra la famosa abadía. No se trata, como podría pensarse, de un espacio en el que habrá redención. 

Robin llega herido y el tiempo se modifica. Mientras que afuera sigue insistiendo el tiempo de la violencia, adentro, en el espacio sagrado, Brigid, interpretada por Jodie Comer resulta la contraparte indispensable para Robin Hood. No sólo introduce una tensión sensual, ella tiene motivos para odiarlo. Y Robin está consciente de ello. Parte de su cansancio proviene de que ha tenido que vivir dentro de una versión de sí mismo que terminó siendo más grande de lo que puede soportar porque, ¿quién es él? Un héroe, una víctima y un monstruo.

Robin quiere salir de todos estos calificativos y Sarnoski construye la fuga de modo argumental. El guion, que se coloca en la medianía, tiene en ello un punto interesante, nos obliga a reconocer que los espectadores también queremos que reaparezca el Robin Hood que nos contaron de niños. Por eso es necesaria la mentira de la que hablo aquí. Es lo único que vale la pena ver como cine de arte. 

Robin tiene frente a sí un cuerpo joven y puede decir la verdad, permitir que todo lo que ocurrió siga avanzando. Lo que decide, en cambio, es robar al pasado y entregar el origen de una leyenda que, por sabida, no se nos cuenta. Así que hasta que llega el enfrentamiento entre Robin y Brigid creemos que la obra sólo estaba desnudando al mito. Aquí viene el giro de tuerca. Y si nos gusta pensar en el significado de la narrativa o el significado de la palabra cine, lo que hace el director es preguntarnos ¿para qué sirve la leyenda?

La crítica más leída en el mundo está dividida sobre todo por la reconstrucción de mitos que es parte de lo que está haciendo el cine de maquinaria. Una lectura más fina de La muerte de Robin Hood nos permitirá advertir que la pregunta en torno a la pertinencia de las leyendas se hace visible. Ahora bien ¿hay que hacer el esfuerzo intelectual para llegar a un punto interesante en esta clase de filmes? Tal vez no, pero el Robin que se nos presenta no puede cambiar lo que hizo ni impedir la sangre. Puede, en cambio, modificar el futuro que atravesará la puerta cuando él desaparezca. La sangre al inicio de la película no deja de correr. Robin decide que continúe otra cosa, una mentira, esa leyenda en la que él vivirá todavía. Como un héroe más.

¿Dónde ver La muerte de Robin Hood?

La cinta de Michael Sarnoski está disponible en las carteleras comerciales del país.


La muerte de Robin Hood

Michael Sarnoski | Estados Unidos, 2026

AQ / MCB

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