La comprobación científica de los fantasmas puede explorarse a través de los pasadizos georeferenciados. La otra Comala es un espacio que puede ayudar a comprender la sinapsis que se produce cuando la literatura se nutre de los detritos, las esquirlas y las imágenes fijas que se atoran en nuestra memoria. A esa ciencia la podríamos llamar epigenética de la imaginación.
En el caso de Comala podemos empezar diciendo que los primeros huesos humanos encontrados ahí datan de hace tres mil años. Por ese lugar pasan los olmecas que atraviesan el país de costa a costa cuando todavía no es país y se puede decir que con ellos convivieron y guerrearon los toltecas, los chichimecas y los nahuas, hasta que los tarascos edifican su reino. Los historiadores de Colima denominan a esa parte del territorio como la República de Indios que resiste la colonización española hasta que seis años después de la caída del imperio azteca a la zona entra la encomienda dada al arquero Bartolomé López de Sanlucar, en reconocimiento por su capacidad para enfrentar a los enemigos de Tenochtitlan encabezados por el emperador Moctezuma. El regalo del capitán general Hernán Cortés, sucede en forma de cédula real firmada el 30 de diciembre de 1527. A su muerte, el arquero deja cien monedas de oro que lega a su familia, para que estas pasen de generación en generación.
La Encomienda del arquero que comprende Comala da origen a las haciendas de Nogueras que pertenecerán al artista Alejandro Rangel Hidalgo, pariente del cura; Santa Cruz que cambia de nombre por Hacienda de San Antonio cuando el alemán Arnoldo Vogel la compra en 1904 para producir café; Los Colomos; La Media Luna y la Hacienda del Carmen que el reparto agrario expropia para la creación de los ejidos.
La Media Luna es hoy una población de 66 habitantes y se ubica a una latitud de 19° 12’ 40’’ N y una longitud de -103° 33' 33" W aproximadamente. No quiero escribir lo que sigue, pero todos somos hijos de Pedro Páramo. Mentir es un deporte porque la Hacienda de la Media Luna y el Comala que Rulfo se inventa solo suceden en su cabeza. Tal vez atada a la memoria de su infancia en Jalisco, muy cercana a la verdadera Media Luna donde su padre muere asesinado por la espalda. A partir de ese momento Rulfo es llevado a un orfanato, a vivir con su abuelo y a conocer de las balaceras, epitafios y muertos producidos por la revolución cristera. Hay quien dice que el padre de Rulfo hace un pacto con el Diablo que vive en la zona y extravía unas monedas de oro que nadie vuelve a encontrar. Ni siquiera el crimen organizado.
Los restos de La Media Luna aún se pueden visitar como uno de los atractivos que ofrece el pueblo mágico de Tapalpa. Hace algunos años, cuando Evelio Rosero publicó Los ejércitos donde un anciano huele los árboles frutales y mira desde la barda de su casa a un grupo de guerrilleros, soldados o narcotraficantes bajar por la montaña para destruir el pueblo, muchos entendimos eso como el instante decisivo en que se terminaba la era del realismo mágico latinoamericano. Hace dos semanas, con los hechos de sangre sucedidos en Tapalpa, una tercera Comala de muertos se erige dueña de la escena. Las piedras desmoronadas no alcanzan para cubrir las tumbas. La muerte ya no tiene gracia ni nutre al misterio. La caída del Mencho, también hijo de Pedro Páramo, subraya un país de tierras flacas, finales que no llegan, infinitas fosas abiertas y semanas donde la literatura sigue siendo reemplazada por una lista interminable del horror.
AQ / MCB