El amor en los animales

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En los animales también hay violencia y ternura, desapego y cariño, parejas para toda la vida y otras de paso. Como sucede en las sociedades humanas.

‘La vida amorosa de los animales’ ofrece respuestas sencillas sobre el arte de la seducción y la sexualidad en la naturaleza. (Wikimedia Commons)
Andrea Serdio
Ciudad de México /

En una época de ecocidios en nuestro país —y en muchos otros lugares del planeta, claro está— como los sucedidos con la construcción del Tren Maya y el derrame de petróleo en el Golfo de México; de la caza ilegal de especies como la vaquita marina y la totoaba, que las ha puesto en peligro de extinción; de la tala clandestina en los hábitats de la mariposa monarca y de tantas otras acciones humanas que atentan contra la vida animal, es importante conocer cómo los animales buscan no solo sobrevivir sino que, ante condiciones cada vez más adversas, no renuncian al amor y al placer.

La vida amorosa de los animales es un libro de Fleur Daugey y Nathalie Desforges publicado en la colección Travesía de la editorial Océano en 2017; después de nueve años, el libro conserva y aun incrementa su vigencia. Es un volumen breve, ameno, con ilustraciones y textos que llevan de la mano a un mundo desconocido, habitado por seres a los que casi nunca prestamos atención, o vemos con prejuicios o aires de superioridad, sin darnos cuenta de los lazos que existen entre ellos y nosotros cuando se trata de perpetuar la especie.

Con humor, las autoras desmontan mitos y a través de ocho lecciones nos enseñan que, para reproducirse, con frecuencia “un macho y una hembra se aparean”. Pero no siempre es así. Existen animales hermafroditas, como los caracoles, las babosas, las estrellas de mar, los gusanos de tierra y numerosos peces que poseen ambos sexos y producen tanto óvulos como espermatozoides.

Los animales, si así puede decirse, son unos liberales. Los machos pueden lucir plumajes vistosos, como las aves del paraíso; o melenas impresionantes, como los leones; pueden ser peleoneros, como los canguros; o luminosos, como las luciérnagas, con un impresionante y resplandeciente trasero verde; o extraordinarios bailarines, como el saltarín cabeza roja, y todo para impresionar a las hembras, para seducirlas y tener sexo con ellas.

Pero si hay animales hermafroditas y heterosexuales, hay otros que suelen cambiar de sexo, como sucede con los peces cuando envejecen. O cuando su pareja muere, como lo hace el pez payaso. “Convertido en una hermosa hembra, atrae a su nuevo compañero”, escriben las autoras. El gobio cabeza roja unas veces es hembra y otra macho; su cuerpo se adapta a sus deseos y le aparecen ovarios o testículos según sea el caso.

Los machos despliegan variadas y en ocasiones efectivas estrategias de seducción, pero hay hembras como la del aguacatero begalí, un pájaro que vive en África y Asia, que toman la iniciativa y cortejan al macho “cantando e hinchando las plumas rojas del cuello”. Así pasa también con el torillo batallador, parecido a la codorniz, cuya hembra canta para “atraer al macho”, pero también para marcar sus límites y alejar posibles rivales de su sagrado territorio.

En el reino animal existen los papás y mamás que viven y crían solos a sus hijos, como las hembras del lince o el perezoso; o como el macho del hipocampo. Existen hembras que solo utilizan al macho para reproducirse, pero que se sienten mejor viviendo con otras hembras; lo mismo sucede con los machos. En los animales también hay violencia y ternura, desapego y cariño, parejas para toda la vida y otras de paso. Como sucede en las sociedades humanas.

La vida amorosa de los animales ofrece respuestas sencillas a preguntas antiguas sobre el arte de la seducción y la sexualidad en la naturaleza. También, en estos días de guardar, nos debería hacer reflexionar sobre el valor de la vida, de todos, no solo de los seres humanos.

AQ / MCB

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