La portada del Foreign Tongues se aproxima al estilo de Francis Bacon. Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood revueltos en una sola cara por el pincel figurativo de Nathaniel Mary Quinn.
El mutante irradia la extraña, insólita energía de los tres octogenarios que se adaptan al capricho de las modas y a cualquier generación, pues fieles al sonido derivado del Rythm & Blues, el jazz, el folk, la batahola del Hard Rock, la ligereza pop y la tersura hip–hop que los vivificó desde el Voodoo Lounge (1994), los Rolling Stones aún conservan el mismo sitio en el Billboard de ambos siglos: el álbum de estudio número 25 de la banda más vetusta del rock inglés (de 1962, año de su génesis, solo sobreviven dos miembros de The Who, aunque Roger Daltrey y Pete Townshend dan poca batalla debido a los rigores de la edad y por separado) se compone de 14 potentes tracks que prosiguen en la línea del disco anterior, Hackney Diamonds (2023), producido también por el estadunidense Andrew Watt.
“Siempre piensas lo mismo: este podría ser el último disco”, suele decir Mick Jagger, y es por eso que con la prisa de quien teme que el reloj siga su marcha, la mayoría de las canciones del Foreign Tongues se grabaron en los Metropolitan Studios del oeste de Londres en menos de un mes y añadieron los cortes de batería que Charlie Watts dejó antes de morir en 2021, en los Hanson Recording Studios de Los Ángeles, California. No obstante, la proeza no parece tal, pues el sonido es de una calidad tan rigurosa que parece que lo hicieron con la calma ingeniería de un grupo debutante.
“Rough and Twisted” inicia el viaje con la energética guitarra de Richards, siempre bien acompañada por la armónica de Jagger. El corte que le sigue, “In The Stars”, complementa la cadencia con bajo y requintos vigorosos que subrayan la ironía de una letra dedicada a los creyentes del tarot. No obstante, estas dos primeras rolas no clarifican el espíritu del álbum, pues su forma se definirá conforme percibimos el apoyo de los colaboradores especiales: Steve Winwood en los teclados de “Jealous Lover” y el toque de soul, la parsimonia de la caja de ritmos hip–hop three; los tambores de Steve Jordan en “Divine Intervention”; el sintetizador de Robert Smith y el apoyo vocal de Bruno Mars para “Never Wanna Lose You”; Paul McCartney en el bajo de “Some of Us” y “Covered in You”.
Sin embargo, del Foreign Tongues aún quedan otras gemas como “Side Effects”, donde Ronnie Wood despliega riffs de antología; la engañosa “Ringing Hollow” (oda al amor desencantado pero no por una mujer sino por Norteamérica, en la que evocan su lejana, lejanísima juventud, cuando adoraban todo lo que simbolizaba la tierra del Tío Sam: sus películas, sus cigarrillos, sus autopistas, sus bares, sus rocolas. En suma, todo lo que representaba lo americano para esos jóvenes británicos que en la ancianidad advierten que la Estatua de la Libertad ya es solo una pálida fachada), y el cover que dedican a la malograda Amy Winehouse, “You Know I’m No Good”, que en voz de Mick suena igual de descarriada, autodestructiva, que la versión de la chica de Camden Town que murió a los 27 e ingresó al fatídico club de los músicos caídos antes de cumplir tres décadas (Brian Jones, fundador y guitarrista de los propios Rolling; Jimi Hendrix, Janis Joplin, Morrison, Kurt Cobain).
Foreign Tongues: la traducción común sería lenguas extranjeras pero, tal vez, el adjetivo exacto es forasteras: de otro espacio, de otro lugar, porque, eso sí, el órgano lingual es propio de los Rolling. Y es que, como explicó Keith Richards, el logo de la banda no está basado en la boca de Jagger: “es la lengua de Kali. Kali, es la dios hindú. Cinco brazos, una hilera de cabezas a su alrededor, un sable en una mano, llamas saliendo de la otra, y la lengua fuera. Pero se va a cambiar. Ese símbolo no va a quedarse como está. A veces ocupará toda la imagen. Quizá vaya convirtiéndose lentamente en una polla” (Keith Richards. Autobiografía desautorizada, de Victor Bockris).
AQ / MCB