‘El Mandalorian y Grogu’: cine pop de aspiración elegíaca

Cine

Diseñada para convertir a Grogu en fenómeno cinematográfico, ‘El Mandalorian y Grogu’ apuesta por la nostalgia y repite los códigos emocionales clásicos de Star Wars.

Fotograma de ‘El Mandalorian y Grogu’, de Jon Favreau. (IMDb)
Fernando Zamora
Ciudad de México /

Star Wars como franquicia comenzó un 25 de mayo de 1977. Hace 49 años, apareció Episode IV: A New Hope. Y con todo ese tiempo, el universo original sigue inflado de secuelas, cómics, videojuegos y toda clase de operaciones industriales. El Mandalorian y Grogu aparece en cartelera justo en este contexto. La película está concebida no como continuación del streaming televisivo sino en el intento, más o menos consciente, de devolver escala de gran cine a una serie de películas cuya existencia depende de un grupo de ejecutivos en Disney. Son ellos, me parece, quienes se dieron cuenta de que Grogu era una nueva gallina de huevos de oro. Porque es tierno, consumible. Se digiere con tanta facilidad como una hamburguesa. 

Ahora bien, el problema de los ejecutivos de Disney no era entender las posibilidades de Grogu sino cómo transformar este fenómeno diseñado para el streaming en un acontecimiento fílmico. He aquí la contradicción industrial y lo más interesante de la película. A decir verdad, es que poco importa al público si es buena o mala. Los amantes de Star Wars van a ver que es magnífica, pero si uno busca cine para meditar, El Mandalorian y Grogu resulta tan pobre como querer meditar escuchando la canción pop más cursi de la radio.

​¿Qué significa en esta década una nueva película de La guerra de las galaxias? ¿Podemos seguir entendiendo este universo con seriedad como una forma de mitología? Recordemos a Umberto Eco quien en Apocalípticos e integrados decía que la cultura de masas puede producir sistemas simbólicos muy complejos por más que están construidos con mecanismos emocionales elementales. La oposición simplista entre alta cultura y cultura pop no resiste hoy un estudio serio. Wagner es un monumento de la cultura, pero está lleno de elementos que, como los de esta película, rozan la telenovela tropical. Hay, sin embargo, una diferencia que debemos pensar: mientras que los héroes wagnerianos mueren cantando, uno se ha quedado ya fijado con la imagen de Luke asombrado cuando escucha el parlamento más ridículo de la saga: “Luke, yo soy tu padre”. Otra diferencia entre los personajes de Wagner y los protagonistas hollywoodenses está en que el músico alemán tenía una aspiración totalizante. Puede que, en 1977, ese 25 de mayo en que se estrenó, Star Wars tuviera también esa aspiración. 

Hubo quien vio en sus ideas una mitología moderna que abrevaba en el western clásico de su país y en el cine de propaganda contra los japoneses. El asalto final a la Estrella de la Muerte tenía mucho de Midway de 1977. En aquel tiempo, Lucas aspiraba a ser heredero de Kurosawa pero finalmente (y uno lo agradece) ha perdido toda solemnidad. Lo ha dejado todo a Disney. Y el director Jon Favreau se instala en elaborar el vínculo entre Din Djarin y Grogu. Detrás de su máscara, Pedro Pascal sigue siendo un gran actor. Una última reflexión: Octavio Paz decía que la modernidad hizo que el cambio mismo se volviera tradición, que la ruptura constante de las fórmulas se volviera ley en el arte moderno. 

Desde las vanguardias hasta el cine contemporáneo. Aquí sucede lo contrario. La película repite las fórmulas emocionales de Star Wars, sus iconos y sus ritmos narrativos. Disney administra litúrgicamente este archivo colectivo, pero, sobre todo, la dimensión elegíaca del blockbuster. No se trata ya de inventar mitologías, basta conservar las antiguas con un poquito de melancolía.

¿Dónde ver El Mandalorian y Grogu?

La película de Jon Favreau se encuentra en carteleras de cadenas comerciales en el país.

El Mandalorian y Grogu

Jon Favreau | Estados Unidos, 2026.

​AQ / MCB​

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