Michele Mari: “La literatura es un modo de corregir mi vida”

Entrevista

De visita en México, el escritor italiano Michele Mari habla sobre su novela ‘I convitati di pietra’, ganadora del prestigioso premio Strega 2026.

El escritor italiano Michele Mari. (Especial)
Ciudad de México /
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Michele Mari (Milán, 1955) vino a México como favorito a la hasta entonces inédita presentación fuera de Europa de los seis finalistas del premio Strega, el 2 de julio, en el Museo Nacional de Antropología. Como se esperaba tras una primera votación del jurado de los Amici della Domenica en la que, entre 79 obras, su novela I convitati di pietra (Einaudi, 2025) consiguió 280 votos, el 9 de julio ganó en Roma el máximo galardón de las letras italianas en una segunda ronda entre los seis finalistas, en la que obtuvo 190 votos contra 152 de Matteo Nucci y su Platone. Una storia d’amore (Feltrinelli, 2025).

I convitati di pietra ya había ganado en mayo el premio Strega Giovani 2026, que otorga un jurado de más de mil jóvenes de 16 a 18 años, que tiene como objetivo promover la lectura y difundir la narrativa italiana contemporánea entre los adolescentes.

A pesar de contar con más de una treintena de obras, entre novela, cuento, poesía, teatro, ensayo y cómic, el escritor milanés revela cómo cambió su vida I convitati di pietra, de la que ya una productora compró los derechos para llevarla al cine, que se presentó en México en el contexto de que Italia es el país invitado de honor a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, aunque Michele Mari no está entre los 61 autores anunciados para la FIL.

“Me siento un poco confuso porque no me esperaba esta popularidad, estas ventas. Necesito una pausa, un poco de tranquilidad y de aislamiento para entender cómo seguir adelante”, apunta el exprofesor de la Universidad Estatal de Milán e hijo del diseñador Enzo Mari y de la escritora y diseñadora Iela Mari.

Michele Mari cumplió su promesa hecha en el auditorio Jaime Torres Bodet de conceder una entrevista sobre I convitati di pietra, que refrendó horas antes del 22 de julio pasado, fecha en que se inicia su historia sobre un grupo de treinta jóvenes que en ese mismo día, pero de 1975, al año de graduarse del bachillerato, acuerdan una rifa en la que cada uno aportará una suma a un fondo común que se repartirá entre los tres últimos que queden con vida.

A lo largo de los 78 años en que transcurre la historia y que concluye en 2053, Mari comparte su humor negro a través de personajes entrañables como Brodo, Semprini, Rivadeneyra, la Ricci, la Bathory, imaginaria descendiente de la Condesa Sangrienta, Erzsébet Báthory, o Anna Mascolo.

La vejez, la brujería, las apuestas sobre quién será el próximo en morir, los asesinatos, el onanismo disfrazado de Parkinson, el coctel de enfermedades que atrae la longevidad, las obsesiones cinéfilas, el amor, Gene Hackman, Sergio Leone, los cómics... están en el menú de cada una de las más de setenta cenas.

De la abundante obra de Mari, se han traducido al español sus novelas Tutto il ferro della torre Eiffel (Todo el hierro de la torre Eifel, Seix Barral, 2002), con el escritor Walter Benjamin como protagonista, y Verderame (Verdigrís, Muñeca Infinita, 2007), sobre un juego imaginario entre un adolescente y un anciano con problemas de memoria; sus cuentos Tu, sanguinosa infanzia (Tú, sangrienta infancia, Pomelo Press, 2026) y Rosso Floyd (Rojo Floyd, La Bestia Equilátera, 2013), su celebración a la banda de rock progresivo Pink Floyd, un volumen en el que juega con testimonios, reales e imaginarios. I convitati di pietra ya está en proceso de traducción al español.

¿Qué le motivó escribir I convitati di pietra?

Es difícil decir. Fue una idea, un capricho, una invención que seguramente nació de la larga frecuencia con que me encuentro con mis compañeros de clase del liceo, con los que he tenido muchas cenas, no tan maniacas como en mi libro. Nos hemos visto durante muchos años, quizá dieciocho. Empezamos a prestar atención al envejecimiento, al tiempo pasado, al hecho de que todos teníamos más o menos setenta años. Es evidente que estas reflexiones han actuado de un modo subterráneo.

¿Qué motiva a Michele Mari a escribir?

Eso es también difícil de responder. Puedo decir que la literatura, sea leída o escrita, es un modo de resarcirme, de corregir lo que ha sido mi vida, de recuperar cosas que no he vivido, enfrentándome años después con los medios, las reglas y las convenciones de la literatura.

Cuando empecé la lectura de I convitati di pietra pensé en “The Suicide Club”, el cuento de Robert Louis Stevenson. ¿Su libro es un homenaje a Stevenson? Sé que es uno de sus autores favoritos.

Sí, hay un eco de Stevenson, un homenaje. No creo que haya más que eso. Otros referentes pueden ser la comedia negra, como la de Agatha Christie, en particular Diez pequeños indios (1939), pero también la tradición cinematográfica que nace de este tipo de libros. Stevenson es un autor muy importante para mí. He traducido algunos de sus libros, como La isla del tesoro y Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Creo que el homenaje mayor a Stevenson lo hice con la novela Roderick Duddle (Einaudi), que apareció en 2014. Ese libro es un homenaje, sobre todo a Charles Dickens, porque narra la historia de un joven en la Inglaterra del siglo XVIII, un huérfano perseguido por gente malvada, una situación típica de Dickens. Pero, en la segunda parte de la novela, este chico se embarca como mozo en una nave, y hay piratas, aventuras. Ahí el homenaje a Stevenson es más explícito.

Mencionó en la presentación del Strega en México que el título I convitati di pietra aludía al comendador de Don Giovanni. El título me parece más una metáfora del lector.

No es algo que hubiera pensado, que los convidados de piedra pudieran ser los lectores, los espectadores. Cuando encontré el título, mi intención era que los convidados de piedra deberían corresponder a los lugares vacíos dejados en la mesa por aquellos personajes que iban muriendo, y así encarnar el sentido de culpa de los sobrevivientes que siguen jugando y viviendo, porque en este libro jugar y vivir son la misma cosa. Así que imaginé una mesa en la que, en vez de reducir los cubiertos o los lugares, quedaran los mismos lugares de los primeros años, pero simplemente vacíos en correspondencia con los muertos.

Hay más de treinta personajes en su novela, aunque al final la historia se estrecha con pocos de ellos. ¿Cómo puede un autor manejar tantos personajes?

Los más importantes son los que quedan al final, son los que tienen más páginas disponibles, a los que he dado más psicología, de los que he proporcionado más información sobre sus pasiones, sus manías. También he podido manejar a los otros personajes, liberándolos rápidamente, dejándolos salir de escena uno después del otro. Este manejo, esta impiedad con la que los he eliminado, he podido hacerla porque no tienen tiempo para convertirse en personajes, son como embriones de personajes, corresponden a su nombre y apellido, en el orden alfabético de la clase, pero de ellos se dice muy poco, fundamentalmente el modo en que mueren, por lo que ha sido más fácil manejar y organizar la trama.

Uno de esos personajes, Semprini, tiene una obsesión con Gene Hackman. ¿Las muertes del actor y de su esposa Betsy Arakawa en febrero de 2025 fueron un detonante para que Michele Mari emprendiera esta novela sobre la longevidad, el juego, el amor, el tiempo?

No me había dado cuenta. Pero quizá fue un detonante, algo que me ha empujado a un libro que tiene una reflexión sobre el envejecimiento y su relación con la muerte. Tanto es verdad que si el detonante ha sido esto, le he hecho públicamente un tributo a Gene Hackman a través de la pasión cinéfila de uno de mis personajes.

En I convitati di pietra hay tributos al cine, a la literatura, pero también a los cómics, incluso a la pornografía o las apuestas. ¿Por qué la cultura popular está tan presente en su obra?

Desde niño, nunca he hecho mucha distinción entre cultura alta, culta, académica y cultura popular. El cómic, el cine, la fantasía, las fábulas, han entrado en mi imaginario con el mismo derecho y con la misma autoridad con la que podrían entrar los grandes autores del canon literario. Mezclar lo alto y lo bajo, lo culto y lo popular no es una operación experimental, de laboratorio. Se trata del modo en que he estructurado la cabeza y la personalidad.

La novela empieza el 22 de julio de 1975, la fecha fatídica de la primera cena de los estudiantes de III A, donde se acuerda la rifa. ¿Qué representa esta fecha?

Elegí la fecha casualmente, porque cuando nosotros, los estudiantes de la III A, terminamos el colegio en julio de 1974, era más o menos el 19 o el 20, no recuerdo exactamente. Hice memoria y me pareció que el 22 podría ser una fecha apropiada para escenificar el primer encuentro después de un año de la graduación de madurez.

La novela transcurre durante 78 años. Avanza a través del pasado, del presente y el futuro, de 1975 a 2053. ¿El tiempo y sus consecuencias son también los invitados de piedra en la vida real de las personas?

Si me refiero a mi clase histórica debo decir que no, porque no hay una real correspondencia entre mis compañeros de clase y mis personajes, a partir del hecho de que mis compañeros de clase están aún vivos, mientras la mayoría de mis personajes murieron muy temprano. Además de esta distinción, muchas cosas que caracterizan a mis personajes son parte de mi percepción de la realidad. Por ejemplo, la dificultad de tener una relación dialéctica con el tiempo, la dificultad de aceptar la evolución, el envejecimiento, la madurez, son cosas que me pertenecen. Soy un poco como mis personajes cuando digo que envejecieron sin haber madurado: se han convertido en niños viejos, en niños cristalizados.

Ya que su libro tiene cosas autobiográficas, ¿cómo se relaciona con sus personajes?

He intentado reflejarme un poco en todos los personajes, o en algunos, pero hay cinco o seis que reúnen requisitos que me corresponden, como Rivadeneyra, Semprini, Brodo, la Migliavacca. Son los personajes con los que más me identifico, casi mis representantes, mis portavoces.

Ya que usted es fanático de los cómics y del cine, pensé que Semprini sería su alter ego.

He intentado, pero sin mucho éxito, no ser demasiado Semprini y hacer que Semprini no fuera demasiado yo. No lo he logrado y ese Semprini se queda hasta el final.

Las mujeres de su novela me parecen fascinantes. ¿Cómo fue hallándolas?

Me han venido así. Sus nombres son musicales, sugestivos, divertidos, extraños. Cada vez que introducía un nuevo personaje, cada vez que lo imaginaba, me venía a la mente uno o más nombres, e inmediatamente elegía uno.

Es curioso que haga esa relación entre ese personaje hermoso de la Bathory con el de su supuesta ancestra, la Condesa Sangrienta, Erzsébet Báthory. ¿Su Bathory existe?

No, existió la condesa húngara acusada de asesinatos, violencia, tortura. Es un personaje histórico. En mi vida, en Milán, en el Liceo Clásico Berchet, nunca hubo una Bathory.

En principio, Luca Brodo se presenta como un personaje detestable, pero uno empieza a estimarlo a medida que avanza la novela.

Es verdad. Estoy muy contento porque es un personaje al cual quiero mucho.

¿Qué representa Brodo?

Brodo encarna los impulsos masoquistas, las fantasías irracionales, el pensamiento mágico, la idea de la brujería, de las macumbas, de los rituales, del vudú, de los fetiches. Es un personaje muy infantil, pero también muy creativo, sulfúreo, aislado. Es un personaje que tuvo que construirse un mundo fantástico a partir de la pornografía. Suscita mi simpatía por su soledad creativa.

Me hizo mucha gracia cómo México aparece en su novela, con mucho humor negro, con ese sueño profético de Anna Mascolo sobre su muerte. ¿Por qué aparece México?

Cuando escribí eso no sabía que estaría en México, y no tiene relación con el viaje.

Pero ¿por qué México se convirtió en el brazo ejecutor del destino de la Mascolo?

No lo sé. Quizá porque mi hijo trabajó como cocinero en un restaurante mexicano en Roma durante algunos años, y yo veía a los repartidores de fajitas, de tacos. Eso me vino a la mente cuando escribía sobre la muerte de la Mascolo.

Retomo la relación entre Gene Hackman y Betsy Arakawa para preguntarle si considera a I convitati di pietra una novela de amor, de amor con mucho humor negro.

Sí, también es una novela de amor. En un cierto punto, la Bathory y Semprini se lo preguntan. Ella le dice que tal vez la suya podría considerarse una historia de amor. Y él responde que sí, pero qué pena que no la hayan hecho realidad setenta años antes.

Cuando se anunció en Roma que había ganado el Strega 2026, tras la ceremonia en la Piazza del Campidoglio declaró a la periodista Loretta Cavaricci que I convitati di pietra no es su mejor libro. ¿Por qué piensa eso? Y, entonces, ¿cuál lo sería?

Simplemente quería decir que no es mi libro más característico, más representativo, y que quien me conociera solo por este libro no se haría una idea exhaustiva de mi obra. Para eso hay otros títulos más adecuados para ello, como Leggenda privata (Einaudi, 2017) o Tu, sanguinosa infanzia (Einaudi, 2009). Gracias al Strega muchos lectores me conocerán, así que lo que dije fue un aviso, una instrucción de uso.

AQ / MCB

  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.

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