En un mundo dominado por hombres, Delfina Ogarrio, personaje central de la novela De plata maciza, de Claudia Solís-Ogarrio, se abre paso con inteligencia, pero también con valor y la firme voluntad de construir su propio camino, incluso contrariando a sus padres.
Esta novela enmarcada en el México revolucionario será presentada el próximo 6 de octubre en la Casa Universitaria del Libro con la participación de Mónica Lavín, Ana García Bergua, Diego Prieto Hernández, Arturo Herrera Barré, Andrea Cataño-Michelena y la autora, con la moderación de Ignacio Casas. Y es precisamente de esta historia, que tiene como hilo conductor un tejo de plata, sobre la que habla su autora, nieta de la protagonista —quien fue cortejada infructuosamente por Amado Nervo—, en la siguiente conversación.
Usted es reconocida sobre todo como poeta (aunque también es comunicóloga, traductora e internacionalista). ¿Por qué decidió escribir De plata maciza?
Decidí escribir la novela porque yo tenía en mis manos los elementos para tejer una historia que clamaba escribirse, con personajes que escapaban a la gran historiografía oficial y que había que sacar a la luz. Sus protagonistas contribuyeron también a la construcción de nuestro país. Levanté el primer andamiaje del relato en el taller de narrativa de la maestra Mónica Lavín y más adelante con la maestra Ana García Bergua. De plata maciza es mi primera novela y trabajé doce años en ella. Ahora la edita el sello de Gobillard Editores. La estrella de la novela es una mujer.
En mi familia corre tinta de imprenta. Mi abuelo paterno, Fidel Solís, poblano, fue periodista desde muy joven, lo fue durante más de 70 años. Y también tiene publicadas varias novelas. Fue director local entre otros, de El Demócrata, un diario fundado por Madero y dirigido por el periodista Rafael Martínez “Rip-Rip”. Te estoy hablando del año de 1915. En su casa de Mixcoac, mi abuelo tenía una importante biblioteca y una cantidad fenomenal de periódicos acumulados. Había en su estudio varias máquinas de escribir Remington de la época. De niña, pasaba horas enteras hojeando volúmenes y jugando con las teclas. Ahí descubrí la literatura y la historia. Mi padre tuvo una influencia capital en esto. Más adelante, todos esos libros y documentos me ayudaron a construir la novela. Yo tenía en la mira escribir una historia “de carne y hueso” viva, humana. Trenzar un gran relato de la vida cotidiana de una familia, en el corazón de la Revolución Mexicana. Con seres humanos como tú y yo con sus desafíos, amores, secretos, traiciones, sueños y anhelos en la vertiginosidad de ese capítulo tremendo de la historia de México, atravesado también por la pandemia de 1918 y los efectos de la Primera Guerra Mundial. Quise narrar algo ameno y esperanzador. De todo eso trata De plata maciza.
El nombre de su protagonista es Delfina Ogarrio, ¿tiene algún parentesco con usted?
Delfina Ogarrio, efectivamente, se trata de mi abuela paterna. Mujer singular. De familia y educación porfiriana. La madre de Porfirio Díaz Mori y la bisabuela de Delfina, Juana Nepomucena García Mendoza, fueron amigas. Ambas venían del pueblo de Yodocono, en Oaxaca, en el municipio de Nuanduco o Nochistlán. La amistad entre ellas traspasó generaciones. Delfina estudia de niña en Las Vizcaínas, fundada por vascos en el siglo XVIII. Y más adelante ingresa en la Normal para Profesoras, que crea Porfirio Díaz. Contraviniendo a una madre que no la quiere, quien tuvo dieciséis hijos de los cuales sobrevivieron ocho, entre ellos, Delfina, la economía familiar requería ingresos. Ella se incorpora a trabajar en la secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. Forma parte del equipo de colaboradores de don Félix F. Palavicini, encargado del despacho de tal institución en el gabinete de Carranza. Delfina es responsable de la elaboración de una campaña para concientizar a los habitantes de los poblados de la necesidad de vacunarse contra el tifo y la fiebre tifoidea. En Instrucción Pública conoce a grandes personajes de la época, como el poeta Amado Nervo, quien la pretende, pero a ella nomás no le gusta. Cuando Carranza muda el gobierno a Veracruz, Delfina también se va al puerto desobedeciendo a sus padres. Ahí descubrirá una nueva vida, edifica con su trabajo y esfuerzos su independencia y autonomía y descubrirá también, el amor.
¿Delfina podría considerarse una feminista?
Con Carranza se fundaron los llamados clubes feministas. Carranza descubrió el peso político y social de las mujeres para avanzar el constitucionalismo. Las mujeres estaban cambiando el rostro de México y del mundo: flotaba en el espíritu del tiempo y formó parte del impacto que tuvo la Primera Guerra Mundial sobre el universo femenino. Las mujeres empezaron a trabajar en quehaceres y oficios que hacían los hombres para sostenerse, pues ellos combatían en el frente. Hasta la vestimenta nos cambió: surgen diseñadoras como Coco Chanel, que fue una revolucionaria y libera a la mujer. Imagínate trabajar en una fábrica con voluminosos vestidos largos, asfixiada por escarolas y el corsé. En De plata maciza aparecen grandes mujeres precursoras del feminismo en México: Hermila Galindo, Laura Méndez de Cuenca, Lola Cueto, Prudencia Grifell. Un número importante de ellas pertenecían a estas agrupaciones. Delfina, es posible, pudo haber tenido contacto con alguno de los clubes sin pertenecer propiamente a uno como tal.
¿A qué lecturas o información recurrió para recrear la época en que se desarrolla la novela? ¿Cómo logra esa escenografía, ese paisaje de “crisis, guerras y oportunidades”, como escriben sus editores?
Yo tenía en mis manos muchísimos diarios en los que colaboró y algunos que dirigió mi abuelo, Fidel. Me sumergió en sus días y desde luego la historia oral. Muchas anécdotas asombrosas las escuché de boca de mis abuelos en las comidas de los domingos. Consulté varias fuentes: la hemeroteca de la UNAM; los archivos de la Secretaría de Salud; el Archivo General de la Nación; el archivo de Las Vizcaínas; el archivo hemerográfico de El Universal. Complementé la investigación con muchas lecturas: Mi Revolución de Félix Palavicini quien fundó y dirigió El Universal; también leí al historiador Pedro Salmerón; muy útil fue, en la extraordinaria colección de Enrique Krauze “Biografías del poder”, el número sobre Carranza; desde luego la colección titulada “Historia de la vida cotidiana en México en el siglo XX” que dirigió Pilar Gonzalbo Aispuro y el manuscrito de La Revolución que yo viví, de mi abuelo, volumen que aún no se ha publicado. Ante todo pretendí retratar una atmósfera, una historia de familia, una cotidianidad, de una forma amena, en medio de un conflicto que se llevó un millón de vidas. Yo agregué fotografías y documentos originales propiedad de la familia que ilustran y se reproducen en el libro. La investigación histórica me valió ingresar como académica de número a la Academia Nacional de Historia y Geografía de la UNAM, institución que me premió el año pasado con el “Reconocimiento al Mérito de la Mujer Mexicana”.
Soy una persona positiva. Me parece que en todo momento la vida siempre nos ofrece oportunidades para quienes las buscamos sin cesar, sin aflojar el paso. Incluso cuando sobrevienen crisis y un conflicto de la magnitud como los que atravesó a México en los días que relata De plata maciza. La República Mexicana contaba a la sazón con trece millones de habitantes, ¡once de ellos eran analfabetas!¡Imagínate! El Estado exhortaba a las mujeres y a los hombres a ser maestros; por eso, la instrucción fue una preocupación prioritaria para Díaz para el progreso del país. Y Delfina Ogarrio, fue una de esas maestras a las que reconocieron Carranza y Palavicini con un diploma firmado por ambos.
Por último, en la reseña de su novela se lee que es “un relato sobre identidad, ambición y resiliencia que demuestra que, incluso en tiempos inciertos, hay quienes no esperan su lugar en el mundo… lo toman”. ¿Podría explicarnos estas palabras con relación a Delfina Ogarrio?
Lo que tiene Delfina Ogarrio es una fibra impresionante. Está confeccionada de una tenacidad fuera de serie. Y ante la adversidad, se las ingenia inventando negocios. Tenía una vena comercial aguda: vendía moneda fraccionaria en los mercados de El Volador, La Merced y Santa Anita; daba también clases de piano, incluso compone un vals, Misterio de amor, que está publicado; vendía ropa a señoras elegantes y empleadas de la secretaría de Relaciones Exteriores. Se compra con sus esfuerzos una casa en la colonia Doctores, barrio diseñado ex profeso para los empleados públicos federales, donde también tenían Porfirio Díaz y Carmelita una casa. Si hoy es muy difícil pagar una vivienda, imagínate lo que significaba en esos días que una maestra adquiriera una casa propia. Delfina dentro de la educación tradicional de una familia porfiriana, toma sus propias decisiones. No pidió permiso. Es profesionista, se marcha a Veracruz con el gabinete a las oficinas de El Faro, a pesar de la desaprobación de sus padres. Todo a su alrededor parecía querer doblegarla, pero nunca se rindió. Busca de manera infatigable su independencia financiera, la única y verdadera independencia de una mujer. ¿Acaso hay otra? Y con ello, afirma su identidad como mujer autónoma y libre. Y en esa búsqueda cae enamorada de Fidel quien la traiciona. Pero, la historia continua…
AQ / MCB