“El poema en prosa representa una primera vanguardia”: Rogelio Guedea

Entrevista

En entrevista, Rogelio Guedea aborda su trayectoria como poeta e investigador, la evolución del poema en prosa en Latinoamérica y sus vínculos con las vanguardias.

El poeta, ensayista, novelista y traductor Rogelio Guedea. Autor de ‘Una luz que se alarga. El poema en prosa latinoamericano’. (Cortesía)
Ernesto Herrera
Ciudad de México /

Rogelio Guedea es narrador, ensayista, académico y, ante todo, poeta. Así resume su trayectoria: “Yo esencialmente soy poeta. Comencé escribiendo poesía y sigo escribiendo poesía”. Su más reciente libro, Cómo me haces falta, acaba de ser publicado por el Fondo de Cultura Económica. “Antes salió uno que se llama Lady Gaga”, comparte, “a quien investigué por mi hija y descubrí que era una poeta. Y Círculo de Poesía sacó un libro que es una antología de veinte años de poesía que se llama Acta de fe, ahí se puede ver mi evolución. Luego de la poesía me moví al microrrelato, luego hacia el cuento tradicional —acabo de sacar un libro en España en la editorial Pretextos—. Luego entré a la novela”.

“Posteriormente, cuando terminé mi doctorado y empecé mi vida académica, decidí que mi ámbito especial de investigación iba a ser la poesía, porque yo había hecho antologías, traducción, colecciones. Empecé publicando un libro sobre Jaime Sabines, del que este año es su centenario; luego escribí Poetas del medio siglo (Mapa de una generación), que publicó la UNAM; luego uno sobre la generación del 30, que publicó la Universidad Veracruzana; luego Reloj de pulso: crónica de la poesía mexicana de los siglos XIX y XX, también en la UNAM; luego coordiné, para el Fondo de Cultura Económica, el volumen Historia crítica de la poesía mexicana. Acabo de publicar La palabra armada, que revisa una generación de poetas que participaron en contra de las dictaduras; fueron los llamados poetas coloquiales o exterioristas como Ernesto Cardenal, Juan Gelman, Roque Dalton”.

Entre los últimos libros de Guedea también se encuentra la antología Una luz que se alarga. El poema en prosa latinoamericano (UNAM; 2024), que está llamado a ser un libro de referencia como la Antología del poema en prosa en México de Luis Ignacio Helguera.

¿Cómo llegaste a este tema?

Yo detecté que había una carencia en cuanto al estudio del poema en prosa latinoamericano. Hay un estudio de Jesse Fernández que llegaba apenas a la vanguardia y yo agregué dos generaciones más: los coloquialistas y los neobarrocos.

En sí, la idea de este libro es sistematizar, estudiar y dejar una obra que pudiera ordenar lo que estaba muy desperdigado. El libro me llevó muchos años de investigación, porque había que ubicar textos, elegir autores representativos, cómo fue evolucionando el poema en prosa, quien lo empezó, las influencias externas, cómo llegó a Latinoamérica, como se hizo su práctica más habitual, cómo después se entroncó con el llamado cuarto género que es el microrrelato. Muchos poetas prosistas que fueron antologados por Luis Ignacio Helguera dentro del poema en prosa, después fueron antologados como microrrelatistas. La idea era un poco entrar en estas coyunturas de la evolución del género y presentarlo, porque se pensaba tanto en el lector erudito investigador como en el curioso.

Ya que mencionaste a Helguera, ¿qué tanto fue una fuente de inspiración para ti?

Yo creo que el libro de Helguera es emblemático porque no hay otras antologías. Eso en lo mexicano; la de Jesse Fernández abarca lo latinoamericano, pero se queda en la vanguardia. En un nivel más amplio, mi inspiración para el tema de la poesía fue Octavio Paz. Él se queda con los Contemporáneos y yo quise meterme en una generación, la de Medio Siglo; luego dije: voy a agarrar la del 30. Tengo pendientes libros sobre la generación del 40 y del 50. En ese sentido, Paz fue una inspiración y quise hacer algo que él ya no hizo.

Entrando en tu libro, para mí el poema en prosa y el verso libre son parte del inicio de la modernidad y anuncian las vanguardias del siglo XX. Más que Aloysius Bertrand, para los modernistas la influencia fue Baudelaire.

Sí, definitivamente. Le puse como título al libro Una luz que se larga porque está la idea de que se rompe con los esquemas encorsetados de la poesía. Y aunque Baudelaire no fue un Mallarmé en Una tirada de dados, donde podemos ver los guiños de la vanguardia y la experimentación con el lenguaje, es importantísimo porque representa el espíritu de una época que quiere salirse de un corset. Y en el poema en prosa eso es muy notorio, se hace elástico como lo hizo en Hojas de hierba Whitman, que representa otra tradición poética muy potente, y de mucha influencia para nosotros, como lo es la norteamericana. Para mí también, como tú lo dices, el poema en prosa representa una primera vanguardia, es la primera gran explosión e implosión de la poesía en el siglo XIX.

Portada de ‘Una luz que se alarga. El poema en prosa latinoamericano’. (UNAM)

El poema en prosa, apuntas, es un nuevo molde. En cuanto que se trata de una nueva forma que se introduce en nuestro idioma, me parece que es como cuando el soneto y el endecasílabo entran en la tradición poética española durante el Renacimiento. En este caso, son los poetas latinoamericanos quienes mejor renuevan el lenguaje en este nuevo cuerpo.

Fíjate que, comparando el periodo de la Generación del 98 y del 27, que fue la vanguardista en España, la vanguardia latinoamericana es potentísima. Nosotros leímos Trilce de Vallejo, y eso no lo tuvieron los españoles. La Generación del 27 fue importante, pero no tuvieron esa vanguardia con Huidobro o Oliverio Girondo, que me parece un poeta fundamental, me parece un poeta del que todavía se siente su poder. Todos, el propio Neruda. Los españoles estuvieron muy encorsetados y los latinoamericanos estuvieron muchísimo más abiertos a las formas nuevas, a la experimentación.

Cuando los españoles entran en la guerra civil, sufren un impasse muy fuerte. En Latinoamérica, donde existía esta reverberación del lenguaje, es cuando se vuelcan al poema en prosa y se hace una tierra fértil. Fervor de Buenos Aires de Borges es un gran libro donde el lenguaje es nuevo más allá del modernismo.

Hay dos solitarios que caben en el apartado vanguardista de tu prólogo, Macedonio Fernández y Gilberto Owen, en los que no te explayas.

De la generación de Contemporáneos, mi poeta favorito es Owen. Es un gran poeta y se nota ese fraseo diferente por su estadía en Estados Unidos. Él es un vaso comunicante muy importante para esta nueva dicción que se estaba dando que después cayó muy bien en poetas como Ernesto Cardenal. Y sin duda Macedonio Fernández también es importante.

Después de los vanguardistas, los otros ejes que apuntas, son los coloquialistas y los neobarrocos. Con los primeros el lenguaje se hace más sencillo y los neobarrocos alcanzan otro nivel de abstracción. Pero en ambos casos la realidad se hace presente; con los coloquialistas la realidad social y con los neobarrocos la individual.

He tratado de darle en este, y prácticamente todos mis libros, así como en mis clases, tono un poco didáctico. En cada poeta hay muchas líneas, tanto internas en un libro como entre libro y libro. Te pongo dos ejemplos de la propia vanguardia latinoamericana: Neruda saca dos libros, Residencia en tierra y España en el corazón, hay un poeta ahí del lenguaje y un poeta de lo social y político; Vallejo a su vez saca Trilce y España, aparta de mí este cáliz. Yo creo que a partir de ahí empiezan a jalar la generación de Ernesto Cardenal y Pedro Mir, que tiene un poema maravilloso que se llama “Hay un país en el mundo”; ellos jalan a estos poetas de corte social porque les tocan las dictaduras y estos temas sociales. Hay obviamente como todo un desgaste y rupturas y estas continuidades hasta que llegan los neobarrocos y dicen ellos “el lenguaje es nuestro espejo y tenemos nosotros que explicarnos a partir del lenguaje”; entonces, ellos empiezan a trabajar este tema y, un poco, a denostar el trabajo figurativo de los coloquialistas.

Pero, al final del día, yo que he estudiado esto de las rupturas, siempre estoy hablando de rupturas y continuidades, y de aglutinaciones, porque van de alguna forma jalando de la misma zona. Nada más que hay ciertas fluctuaciones dentro de lo que es la evolución de la tradición poética y luego tenemos los inclasificables como Macedonio Fernández y Gerardo Deniz. Yo creo que en las propias vanguardias estaba esta pulsión por lo social y político, sin dejar de ser, como Vallejo, un poeta del lenguaje, digamos, pero en España, aparta de mí este cáliz y en Poemas humanos encuentra uno otro tipo de poeta.

Hay dos escritores mexicanos que también destacan por su singularidad. Están los poetas que escriben poemas en prosa, pero Julio Torri y Juan José Arreola son prosistas puros que hicieron poemas en prosa. Torri ejerciendo con conciencia un género de “esterilidad”, como él lo calificó, o marginal en sus inicios. También estuvieron en una zona periférica en cierto momento.

Torri y Arreola, aunque son prosistas, obviamente tienen una pulsión poética bastante importante. Y, como lo dices, en ese momento estuvieron al margen, pero ahora, con el boom del microrrelato se convirtieron en el centro de ese cuarto género. Más allá de las omisiones que inevitablemente hay, me gustaría que se comenzara a trabajar con gente nacida después de los 50.

AQ / MCB

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