• Ramón López Velarde: en el umbral crítico

  • Literatura

La vida y la obra de Ramón López Velarde reaparecen bajo una mirada rigurosa que reúne décadas de investigación.

Pedro Derrant
Ciudad de México /

Para Antonio Nájera Irigoyen

Desde el momento mismo de su publicación (y hasta nuevo aviso), la biografía que Pablo Sol Mora le ha dedicado a Ramón López Velarde se convirtió en el referente obligatorio para entender la vida del “padre soltero de la poesía moderna en México”.

A pesar de que en once décadas de tradición crítica no han escaseado las vidas de López Velarde, por una de esas caprichosas coincidencias de la bibliografía no es difícil organizarlas en dos grandes grupos en los que coinciden (casi a la perfección) dos bloques temporales con dos enfoques de estudio.

Todas las biografías globales de Ramón López Velarde se escribieron entre 1946 y 1989 —E. Soto Campos, Ramón López Velarde. Biografía (1946, inédita hasta 1978); E. Molina Ortega, Ramón López Velarde. Estudio biográfico (1952); B. Dromundo, Vida y pasión de Ramón López Velarde (1954); E. García Barragán y L. M. Schneider, Ramón López Velarde. Álbum (1988); G. Sheridan, Un corazón adicto. La vida de Ramón López Velarde y otros ensayos afines (1989)—, mientras que entre 1988 y 2019 se publicaron los trabajos que investigaban a detalle un periodo de la vida del poeta —J. F. Pedraza Montes, Ramón López Velarde en San Luis Potosí (1988); S. Ramírez, La edad vulnerable. Ramón López Velarde en Aguascalientes (2010); y E. Lumbreras, Un acueducto infinitesimal. Ramón López Velarde en la Ciudad de México (2019).

La simetría no es inexplicable. El año bisagra entre los estudios integrales y los episódicos, 1988, es el del centenario de López Velarde: efeméride que ofreció la coyuntura perfecta para que todos —funcionarios, periodistas o poetas— contribuyeran con su granito de arena en el vasto desierto de los homenajes. Unos años después, Gabriel Zaid sentenció que se había “escrito tanto y tan descuidadamente sobre López Velarde que la industria lopezvelardeana pudiera cambiar de giro: dedicarse a las aclaraciones”. De ahí que las biografías generales, menos exhaustivas, dieran paso a biografías más delimitadas, en las que la pretensión había dejado de ser abarcarlo todo, pero a cambio ganaban en profundidad.

La sabiduría del corazón. Biografía de Ramón López Velarde (Debate, 2026), de Pablo Sol Mora, supone un hito de los estudios lopezvelardeanos porque reconcilia las dos tendencias: recupera la ambición de las grandes empresas anteriores (entre las que hay que destacar los trabajos de García Barragán, Schneider y Sheridan), sin olvidarse de recoger los descubrimientos de las investigaciones miniaturistas. La organización año por año, tema por tema, le permite a Sol Mora moverse con soltura entre esos dos ritmos: ahora nos cuenta la relación de López Velarde con María Magdalena Nevares, ahora se detiene para enmendarle la plana a una entrevista en la que la novia miente y se quita cuatro años. Poco a poco, el libro se constituye como una auténtica summa de los estudios lopezvelardeanos: en él pueden encontrarse, aunque sea esbozadas, las interpretaciones más aceptadas y los grandes temas que han ocupado a la crítica. Si yo tuviera alumnos, esta sería la obra introductoria que les recomendaría para mapear el tortuoso territorio lopezvelardeano.

Portada de ‘La sabiduría del corazón’, de Pablo Sol Mora. (Debate)

Pero que La sabiduría del corazón sea una especie de “López Velarde para principiantes” revela también su gran carencia: a fuerza de ser cauteloso, de trabajar con un rigor más propio del académico, el biógrafo termina por ofrecer una imagen consabida del poeta, una que todos se sentirán cómodos de suscribir, pero que carece de la electricidad de lo nuevo. Los grandes trabajos críticos —y las biografías lo pueden ser— ambicionan inventar un modo inédito de leer a un autor. Uso la palabra en el sentido corriente y en el etimológico. Inventar: decir embustes; invenire: encontrar algo en el camino. El crítico se lanza al vacío porque lo que dice no es comprobable y, en esa medida, puede presentar como cierto algo que no lo es; pero, si la suerte y la elocuencia lo acompañan, es posible que toque una fibra inusitada de la verdad.

Esto es especialmente trágico porque es evidente que en el capítulo dedicado a La sangre devota Sol Mora estuvo a punto de descubrir su López Velarde. Después de estudiar tres ensayos de Ramón, enuncia con toda lucidez su poética: si el escritor parte de un “examen riguroso de sí mismo”, a través de una “extremada atención a su vida interior” y un “puntilloso escrutinio al mundo que lo rodea”, entonces la originalidad poética no es otra cosa que el subproducto de un rigor crítico. El propio López Velarde lo formula así: “el sistema poético nace convertido en sistema crítico”.

Crítico literario él mismo, director de Criticismo, única revista en México dedicada por completo a ese ejercicio, Sol Mora tenía a la mano la provocadora lectura de un Ramón López Velarde como poeta-crítico (o, más temerariamente, de un crítico que escribe poesía). En lugar de manifestarlo y explorar hasta las últimas consecuencias esta idea —que pasaría, entre otras estaciones, por conectar a López Velarde con la genealogía de los poetas modernos en los que las dos actitudes, creación y crítica, son una y la misma: Eliot, Cuesta, Auden—, Pablo Sol Mora sostiene la prudencia hasta el final.

Todas las virtudes del libro —su esmerada exégesis, su cuidadosa revisión de las fuentes, su claridad para echar luz sobre las zonas más contenciosas— convierten a esta en la mejor biografía que se haya hecho hasta el momento del poeta; sin embargo, su falta de audacia es la gran X en la frente de este López Velarde. Pablo Sol Mora estuvo a punto de escribir un libro clásico, pero se detuvo en el umbral crítico.

AQ / MCB

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