‘Sirat’: vibrar, bailar, vivir

Cine

Dirigida por Oliver Laxe y nominada al Óscar a mejor película internacional, ‘Sirat’ es la historia de un padre que busca a su hija entre los ‘raves’ del desierto.

Sergi López y Joshua Liam Herderson en ‘Sirat’. (IMDb)
Fernando Zamora
Ciudad de México /

Para entender la razón por la que Sirat se perfila como contendiente al Oscar como mejor película internacional es importante no imponer un aparato contextual excesivo. Como en toda obra de arte, Sirat se sostiene en sí misma y, es más, su punto de partida es canónico: un hombre busca a su hija.

Para ello se mete en el mundo del rave. No se trata, en apariencia, de un misterio sofisticado, pero el hombre toma la decisión de ir hasta Mauritania, cruzar el desierto. Aquí entra de modo ambiental, simbólico o incidental, la música electrónica.

El trayecto trae a memoria El cielo protector de Bertolucci: en el desierto se pierde el viajero: en un té, un rostro, una hija. La experiencia visual se vuelve tan envolvente que nos atañe a todos. Porque los ravers a quienes siguen el protagonista y su hijo Esteban no van en pos de la música. En la radio se habla de la situación actual, la Tercera Guerra Mundial ha comenzado. ¿Están escapando? Los personajes coloridos de Sirat no guardan ya ilusiones, pero la película sí. Occidente, lejos de los raves, ofrece un espacio temporal en que el mundo todavía puede habitarse.

Sirat habla de los héroes más improbables del cine: combatientes de una guerra que la música electrónica les permite habitar. Y ellos están, todos, cicatrizados. Sirat se inscribe en el linaje del gran cine. No porque reproduzca fórmulas sino porque hace suyas las dos grandes historias de esta parte del mundo: el héroe que sale de casa (Moisés) y el héroe que vuelve a casa (Odiseo). Laxe hace que Luis, el padre que busca a su hija, se convierta en ambos a su manera. Y, sin embargo, como siempre, es necesario seguir a Sontag: no interpretar lo que necesita ser experimentado. Por eso hablemos del aspecto material: la fotografía es seca, contrastada e implacable. Desierto, rostros, El paisaje es lugar del encuentro del misticismo milenario que encuentra un raver o María la egipcia. El sitio en el que los místicos cristianos buscaban a Dios. Así que el entorno se vuelve, al modo de Laxe en el sitio de encuentro con el misticismo milenario de los antiguos padres del cristianismo. El sitio en el que no hay control y un rave, un baile, cumple su función decisiva: orar: a mí todo me suena igual, dice Luis en una escena, la mujer que repara una bocina le pide, tócale, fíjate, dice, es un latido que en todo momento podría desaparecer.

La actuación obedece al misticismo del guion: los rostros están ahí para ser leídos, no como textos, sino como superficies expuestas a un dolor existencial. Los personajes cambian con esta mirada. Así que, llegados aquí la invitación es a exponerse a Sirat con la exigencia más radical del arte: exponerse: atender a la forma, bailar con la película. Puede que hacia el fin uno quiera pensar en Jesús caminando sobre las aguas, puede que, incluso, la escena final tenga un poder político que en este momento es necesario, pero ante una obra de arte dicha lectura sobra. Mejor mirar las bocinas que en el desierto están relacionadas simbólicamente con la Kabah, sitio de peregrinación de todo buen musulmán. Estos ravers no están buscando una fiesta más, están dando sentido a todo lo que significa ser humano. Así que recordemos, mejor, El arpa Birmana, esa película que trata de un monje que se dedica a lo más humano que podemos pensar: enterrar cuerpos, ayudarlos a migrar entre esta vida y una que sólo podemos intuir en un texto religioso o en el hipnotismo de la música electrónica: vibrar, bailar, vivir.

¿Dónde ver Sirat?

La cinta nominada al Óscar tiene funciones en la Cineteca Nacional y algunos cines comerciales. Próximamente disponible en plataformas de streaming.

Sirat. Trance en el desierto

Oliver Laxe | España, Francia | 2025

AQ / MCB

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