Vender puentes: Van Morrison y las complejidades del alma

Música

‘Somebody Tried to Sell Me a Bridge’ es el título del nuevo disco de Van Morrison, quien recurre a viejos temas de amor y nostalgia relatados en primera persona, en la eterna búsqueda por comprender las complejidades del alma humana.

Van Morrison en concierto en 2025. (EFE/Sergio Pérez)
Adrián Acosta Silva
Ciudad de México /

Es difícil entender el alma humana,

pero más difícil aún es entender la propia

A. Chéjov, Un drama de caza

Los títulos de los discos esconden secretos. Son ventanas hacia obras cuya autoría está hecha de claves interpretativas, sonidos, palabras e imágenes que configuran el ingenio y la creatividad de los productores, músicos, compositores, cantantes y publicistas involucrados en sus hechuras. Detrás de cada título yacen los restos de un tiempo traducido en estados de ánimo, ritmos, pausas y profundidades sonoras que configuran pequeñas postales creativas del talento o limitaciones de sus autores.

Algo así pasa con la obra de músicos como Van Morrison (Belfast, 1945). “Gira con el golpe”, aconseja un viejo dicho popular boxístico que fue tomado por Morrison como título de uno de sus discos (Rollin’ With the Punches, 2017). Antes, había tomado otra frase sobre el cambio y las pérdidas: “¿Qué está mal en esta foto?” (What's Wrong With This Picture?, 2003). Ahora, la historia de una antigua y popular anécdota neoyorquina encabeza su disco más reciente: “Alguien intentó venderme un puente” (Somebody Tried to Sell Me a Bridge, 2026).

Los títulos de los discos transmiten ideas. Hay algo parecido al hilo conductor de una pedacería dispersa reunida a lo largo de 49 discos de estudio grabados a ritmos de rock, soul, folk, blues y jazz. Solo el viejo León de Belfast sabe si eso es cierto, pero a sus (casi) ochenta y un años (los cumplirá el próximo agosto), una misma idea de tonalidades cambiantes flota en el río caudaloso de las composiciones y tonalidades acumuladas en el tortuoso camino de luces, autopistas, fango y lodo que ha recorrido en los últimos sesenta años. Esa idea es el alma humana, sus misterios, profundidades y abismos.

Los títulos de los discos son atisbos de curiosidad a los contenidos y estados de ánimo que habitan las creaciones de Morrison. Desde sus primeros discos “¡Te va a volar la cabeza!” (Blowin' Your Mind!, 1967) y el deslumbrante “Semanas astrales” (Astral Weeks, 1968), hasta “Sin gurú sin maestro, sin método” (No Guru, No Teacher, No Method, 1986), el “Desarticulado discurso del corazón” (Inarticulate Speech of the Heart,1983), “Nacido para cantar: sin plan B” (Born to Sing: no Plan B, 2012), o “¿Qué se va a hacer?” (What's it Gonna Take?, 2022), constituyen los registros de una vida forjada metódicamente entre los ecos del blues norteamericano, el folk irlandés, el sonido Motown de Detroit, y las gaitas celtas, entre violines londinenses y saxofones de Chicago, entre armónicas, pianos, clarinetes, coros y baterías. Sus influencias también se nutren de la rebeldía espiritual de los años sesenta y la sensibilidad poética de finales del siglo XIX a través de los textos de W.B. Yeats.

Su disco más reciente recurre a viejos temas de amor y nostalgia relatados en primera persona, en la eterna búsqueda por comprender las complejidades del alma humana, pero ahora recreados con la vieja anécdota del truco que un neoyorkino hábil, cínico y desesperado intentó hacer en algún momento de la década de los años veinte del siglo pasado para vender el puente de Brooklyn a ciudadanos ingenuos y también desesperados. En esta obra, Morrison reúne 20 piezas que incluyen colaboraciones con legendarios guitarristas de blues de su generación como Taj Mahal y Buddy Guy, el maestro del country-blues Elvin Bishop, y el tecladista John Allair. Con su pandilla de músicos, Morrison reinterpreta y reinventa canciones de John Lee Hooker (Deep Blue Sea), Leadbelly (On a Monday), B.B. King (Rock Me Baby), Fats Domino (Ain't That a Shame), así como un puñado de sus propias canciones.

Aunque se trata de un disco marcado por la heterogeneidad y en algunos casos por la reiteración de ritmos y tonalidades, Somebody Tried to Sell Me a Bridge es la confirmación de una trayectoria sonora que profundiza las huellas cuidadosamente marcadas en el largo camino recorrido por el músico irlandés, que en abril pasado se hizo merecedor del premio Lifetime Achievement Award 2026 otorgado por Jazz FM, una organización británica representada por el veterano músico, productor y promotor Jools Holland.

Somebody tried to sell me a bridge/ Like they said money, money means everything / They tried to play me, play me for a fool / But they weren't really listening / They tried to sell me a bridge

Hoy, la venta de puentes sigue siendo una estafa que utilizan empresarios sin escrúpulos vueltos políticos con máscaras de profetas para vender ilusiones y falsas grandezas, prácticas propias de tiempos de confusión e incertidumbre sobre presentes y futuros de individuos y sociedades. Quizá ese sea el secreto mejor guardado de Sir Van Morrison a lo largo del tiempo: la persistencia de la ingenuidad y la codicia como monedas de cambio en las aguas profundas de las sociedades contemporáneas, donde canallas, truhanes, mafiosos y carteristas de toda calaña coexisten con individuos ambiciosos, inocentes e ilusos que siempre están a la espera de un milagro, dispuestos a vender sus almas al diablo, sin importar demasiado el precio a pagar.

AQ / MCB

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