A Sor Juana habría que reinventarla digitalmente: Jorge Gutiérrez Reyna

Entrevista

En entrevista, el autor de ‘La invención de sor Juana’ cuenta la labor detectivesca que tuvo que realizar en archivos de diferentes países para localizar las primeras ediciones de la Décima Musa.

Jorge Gutiérrez Reyna, historiador mexicano. (Foto: Johann Rodrigo Romero Ayala)
Adriana Cortés Koloffon
Ciudad de México /

En plena pandemia, Jorge Gutiérrez Reyna (Monterrey, 1988), poeta, doctor en Letras y autor de El otro nombre de los árboles y Óyeme con los ojos, poesía visual novohispana (selección y prólogo), viajó a Chile tras los pasos de sor Juana Inés de la Cruz para rastrear sus primeras ediciones y sus variantes. En La invención de sor Juana (sus ediciones, sus editores, sus textos) (Lumen, 2026) da cuenta de esa labor detectivesca. El libro se divide en dos partes: la primera se refiere a lo que denomina el “periodo mexicano” (1668-1688) de la jerónima, cuando en sucesivas publicaciones se le llamaba “Fénix de México”; aún no se publicaba su obra en España. La segunda, “Musa Décima” (1689-1725), corresponde a los años en que su obra fue best seller en las grandes ciudades del Imperio español. Sor Juana, afirma el autor, pasó entonces de ser “Fénix de México” a “Décima Musa”, título que le confiere la Inundación castálida, su primera publicación en Europa, financiada a instancias de María Luisa Manrique de Lara, quien fue virreina de la Nueva España y amiga de la monja. La autoría, el plagio y la localización de las obras, son retos que debió enfrentar Gutiérrez Reyna, perteneciente a una generación de jóvenes sorjuanistas, durante su investigación.

¿Por qué buscó a sor Juana en Chile?

Los libros de sor Juana viajaron, se dispersaron por el mundo, y quien quiera ir en su búsqueda tendrá que seguirle las huellas hasta donde sea que estén. Uno de los lugares más importantes en lo que respecta al resguardo de sus ediciones antiguas es la Biblioteca Nacional de Chile donde se encuentra la Sala Medina reunida por el gran bibliógrafo José Toribio Medina, que era un diplomático chileno quien a finales del siglo XIX y principios del XX se dedicó a reunir todo lo que pudo de materiales bibliográficos publicados en el virreinato americano. Viajó por México, Perú, buscando, registrando, catalogando, y derivado de ese gran trabajo fue su monumental La imprenta en México, catálogo bibliográfico donde registró todos sus hallazgos. Don José Toribio Medina aprovechó que en ese entonces las medidas de seguridad de las bibliotecas no eran las actuales, pues muchas cosas, hay que decirlo abiertamente, se las robó. En la Biblioteca Nacional de Chile creo que ningún sorjuanista había trabajado antes. Eso habrá que decirlo.

En la primera parte, las “ediciones sueltas” ocupan un lugar crucial, mientras que en la segunda usted se refiere a las compilaciones, ¿por qué?

Esas ediciones sueltas se llaman así porque en ellas se imprime una sola obra de sor Juana de forma autónoma. Dentro de la fase mexicana (1668-1688) casi todo lo que ella publicó son las llamadas ediciones sueltas. Ediciones impresas en México o en Puebla. Un juego de villancicos. Un soneto en un folleto de fulano de tal. Tenemos, por otro lado, las ediciones europeas que son compilaciones, volúmenes gruesos de 200, 300, 400 páginas que, evidentemente, ocupan más lugar en el espacio, ocupan más lugar en los libreros, son más caros, más pesados y, por tanto, más difíciles de perderse. Es mucho más fácil el estudio de las ediciones antiguas europeas que son volúmenes gruesos. Además, están en bibliotecas españolas, mexicanas, también en la Biblioteca Nacional de Austria hay muchas que están citadas en La invención de sor Juana. Lo difícil es localizar las sueltas americanas. En su investigación siento que nadie se había metido con plena conciencia. Son muchas, volátiles, se han dispersado y están en un montón de lugares: Chile, Nueva York, Monterrey. Entonces, hubo que ir a buscarlas una por una. Cada juego de villancicos, cada edición de los Ofrecimientos del Rosario, que son como 30, cada edición de la Carta Atenagórica. Esa fue la parte más complicada y la que más años me tomó realizar.

¿Hay villancicos atribuidos a sor Juana, escritos por otros autores?

Esto dificulta más la investigación para hacer un trabajo de este tipo. Hay géneros como el villancico que oscilan entre lo individual y lo colectivo. Por tanto, hay unos villancicos que están impresos en las obras de sor Juana y sabemos que no son de su autoría. Hay otros que sí son de sor Juana y han sido atribuidos a otros autores. Y, por último, hay unos que son, francamente, una colaboración, que sor Juana metió mano en villancicos ajenos, los mejoró, puso de su cosecha y los publicó como suyos, pero en realidad fueron escritos a cuatro manos. Hay géneros así, de autoría variable, flexible. En estos casos lo que debemos hacer es, primero tratar de pensar no bajo los criterios actuales de plagio, de autoría, de derechos de autor y demás. Tenemos que movernos un poco al siglo XVII, donde esos conceptos o bien no existían o estaban apenas formándose en la mente de los autores. Entrar al circuito editorial de la época barroca es también familiarizarte con sus prácticas y darte cuenta de que son diferentes a las nuestras. Hay varias cosas que suceden en la carrera literaria de sor Juana, las cuales a uno le parecerían escandalosísimas.

Es el caso del certamen literario del Triunfo Parténico, organizado por la Real y Pontificia Universidad de México en 1682, donde Francisco de Acevedo, fiscal del concurso, le cede a sor Juana el primer lugar…

Autor, editor, plagio, edición, reedición, emisión, todos esos términos hay que entenderlos en su propio contexto, en el siglo XVII. En el certamen del Triunfo Parténico, don Carlos de Sigüenza y Góngora es juez y aun así gana un primer lugar. Imagínate si eso pasara en la actualidad, que el juez del certamen del Premio Aguascalientes, por ejemplo, ganara el Premio Aguascalientes y que nadie se escandalizara por ello. Sor Juana no había ganado el primer lugar, sino el tercero, pero como entró con un seudónimo, Juan Sáenz del Cauri, no supieron que era sor Juana sino hasta después.

¿Por qué introduce a autores del siglo XX que arrojan luz sobre su lectura de sor Juana? Quizá en contra de los sorjuanistas más ortodoxos que se manifiestan por una lectura de su obra a partir sólo de sus contemporáneos.

De pronto aparecen en el libro Pound, Borges, T.S. Elliot, Alejandra Pizarnik, Virginia Woolf, autora de Una habitación propia. Por el hecho de estar sor Juana en el siglo XVII y ellos en el XX, no me parece que se encuentre distante de esos autores. Creo que gran parte del interés de sor Juana radica en su capacidad para dialogar con diversos presentes. Me gusta tender esas relaciones entre ella y otros tiempos, me parece fundamental. Para mí es una contemporánea en el aspecto de la creación poética, de la tradición mexicana de poesía. Para sor Juana su celda del convento de San Jerónimo fue lo que ella tuvo como un cuarto propio. El convento la contiene, la encierra, pero en ese encierro ella se permite escribir y pensar y sentir con libertad.

Portada de ‘La invención de sor Juana’, de Jorge Gutiérrez Reyna. (Lumen)

¿Qué opina de Las trampas de la fe, de Octavio Paz?

Desde el absoluto respeto, yo a Las trampas de la fe le tengo mucho cariño, hice mi tesis de licenciatura sobre ese libro de Paz, me parece admirable, y al mismo tiempo creo que es necesario leerlo con ojos muy críticos. Una vez mi maestra Dolores Bravo nos dijo que Octavio Paz desconocía el arte de las comillas. Es un libro de su tiempo, y las partes que están más fuertemente arraigadas al momento histórico en que fue producida, son las que hoy nos parecen más inapropiadas. Cuando Paz psicoanaliza a sor Juana y dice que la figura paterna, masculina, que la envidia del pene, que enterrar al padre, ¿qué necesidad de andar psicoanalizando a la Décima Musa? La prosa es cautivadora, seductora.

¿Es necesaria una nueva edición crítica de las obras de sor Juana?

Ninguna edición crítica es definitiva, porque una edición crítica para mí es la lectura integral que una generación propone de un autor, generalmente de uno de sus autores clásicos. Es necesario que cada generación rehaga las suyas. La edición de Méndez Plancarte es preciosa, un monumento. Pero esa edición fue hecha en la década de los 50 con los criterios que en ese entonces regían la elaboración de las ediciones críticas. Creo que es indispensable hacer una edición crítica que parta de una labor filológica de cotejo de todos los testimonios y las ediciones disponibles, —eso no se ha hecho—, es decir, cuáles son las correctas, dónde están las ediciones correctas, cuáles son las variantes que existen, eso es todo el trabajo que traté yo de hacer en el libro. Otra parte fundamental tiene que ver con la organización de esos materiales, porque cuando yo conocí las ediciones antiguas me di cuenta de que el orden de los materiales importa. Entonces pienso en unas nuevas obras completas ordenadas de acuerdo con los volúmenes antiguos y no con criterios modernos, eso también me parece importante.

¿Y las notas del padre Alfonso Méndez Plancarte?

Creo que de su trabajo lo que peor ha envejecido son las notas, porque vamos a decirlo abierta y llanamente, son las notas hechas por un católico ultraconservador, sacerdote michoacano de los años 50. Méndez Plancarte a veces se escandaliza. Sor Juana, una monja del barroco mexicano, le parece de pronto escandalosa, y no lo digo yo, él mismo lo pone en las notas a las obras de sor Juana. Dice que es hija natural, que nos duele que sea hija bastarda, como se decía en la época, y yo digo, ¿y por qué nos va a doler en el siglo XXI que sor Juana no sea hija de unos padres casados? Al contrario, es admirable que en una época en la cual eso estaba mal visto, se haya convertido en la Décima Musa, a pesar de todas esas trabas sociales que tuvo en el siglo XVII. Una nueva edición tendría que actualizarse, además, en lo que respecta a su formato. Es indispensable que esas obras de la jerónima entren al mundo de lo digital. Sor Juana se reinventa una y otra vez, habría que reinventarla digitalmente en una nueva edición y acostumbrarnos a un portal de internet donde se pueda consultar sus obras de una forma distinta a como se ha hecho hasta ahora.

AQ / MCB

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