Las mujeres han sido castradas durante siglos por la Iglesia: Soraia Chaves

Entrevista

La protagonista de ‘O crime do Padre Amaro’ afirma que Portugal está volviendo a un conservadurismo que creían ya superado y que las mujeres van a tener que luchar nuevamente por su derecho a ser libres.

Soraia Chaves, actriz portuguesa. (Foto: Juan Carlos Aguilar)
Ciudad de México /

Soraia Chaves abre al máximo sus ojos pardos y pregunta si la película El crimen del padre Amaro, de Carlos Carrera, causó escándalo en México como la que ella protagonizó en Portugal hace dos décadas.

A 150 años de la publicación en 1875 de la novela homónima de José Maria de Eça de Queirós (1845-1900) y de los aniversarios de nacimiento (180) y luctuoso (125) del narrador, ensayista y periodista portugués, Chaves conversa sobre por qué debutó en el filme de Carlos Coelho da Silva y cómo a partir de ahí siguió interpretando personajes de mujeres con los que reafirmaba su identidad.

“Las mujeres han sido castradas durante siglos por la Iglesia”, recuerda la protagonista de series de televisión coproducidas con España, como Sequía y Operación Marea Negra.

Y advierte que el conservadurismo está de regreso, por lo que las mujeres “vamos a tener otra vez que luchar por nuestro derecho de simplemente ser, sin juicio, con libertad”.

La actriz de cine, teatro y televisión visitó México con misiones culturales: rendir homenajes a su director de cabecera, António-Pedro Vasconcelos (1939-2024), obrero del Cinema Novo portugués, y a su maestro de actuación, João Canijo (1957-2025), a quien la Cineteca Nacional dedicó una retrospectiva en 2013 y quien regresó en 2024 a presentar sus filmes Mal vivir y Vivir mal.

Chaves ofreció pláticas sobre actuación y lecturas de poemas de Fernando Pessoa en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM, como parte también de la conmemoración extendida por los 160 años de relaciones entre Portugal y México, organizada por la embajada del país europeo, cuyo titular, Manuel Carvalho, se despide de su labor diplomática en el país, donde buscó siempre reforzar lazos culturales.

En la carrera de Soraia destacan, además del debut en O crime do Padre Amaro (2005), sus colaboraciones con Vasconcelos en las películas: Call Girl (2007) sobre una escort, Maria; A bela e o paparazzo (2010), en torno a la actriz acosada Mariana; y Amor impossível, donde la policía “Madalena” investiga un feminicidio. Las tres las presentó en diversos foros, como la Cineteca Nacional, donde se paseó fascinada por sus pasillos, sin dejar de tomar fotos en una exposición sobre María Félix.

“A Vasconcelos le interesaban los guiones con narrativa, con historia, porque él era un contador de historias que gustaba de contar con la estructura de un guion clásico y también tenía interés por los diálogos. Era una persona súper humana, muy fascinada por la mujer, a la que siempre puso en un lugar de poder en su cine, porque la admira, eso a mí me fascina. Y su cine es de denuncia, de resistencia contra injusticias en la sociedad, tenía esa visión política y social”, expone Chaves (Besteiros, Oporto, 1982).

Todos los nombres de los personajes de Soraia Chaves en estas películas empiezan con la M, de mujer.

¿Por qué eligió las películas de António-Pedro Vasconcelos para presentarse en México?

Él es un director muy importante de nuestra cinematografía, empezó con el Cinema Novo desde los años 50, 60. Y con él he tenido el placer de hacer tres películas. Desgraciadamente murió en 2024, y ha sido una gran pérdida. Me pareció bonita la idea de homenajearlo por la relevancia que tuvo en mi carrera como actriz y en el cine en portugués en general. En Cineteca Nacional escogimos presentar Amor impossível porque fue la única con el formato para proyectarla aquí. Pero es perfecta, porque se trata de una película muy intensa, muy bonita, aunque muy dura, sobre el amor, las relaciones humanas dentro de un mundo tan deshumanizado, sobre los afectos. Vasconcelos logró un filme muy profundo sobre qué es el amor y qué es la obsesión.

Debutó con una película muy fuerte, en el papel de Amélia de O crime do Padre Amaro. ¿Por qué decidió entrar al cine y a la actuación con la adaptación de un clásico, tan polémico?

Me pareció absolutamente extraordinario que hicieran una adaptación al cine de esa obra específica de Eça de Queirós, porque es un clásico genial de nuestra literatura. La historia me impresiona mucho por la denuncia de la hipocresía, de las costumbres, con esa crítica social tan valiente y muy inteligente. Sí, la obra y el personaje de Amélia son fuertísimos. Y siempre es un placer tremendo interpretar mujeres escritas o imaginadas por gente como Eça de Queirós. O crime do Padre Amaro es una de las obras más geniales que tenemos. Así que el pasar el casting y lograr el papel fue un inmenso orgullo.

En México Carlos Carrera realizó una película tres años antes de la de Carlos Coelho da Silva.

Sí, lo sé, con Gabriel García Bernal. ¿Y fue un escándalo también?

Polémica. Más que nada porque la actriz en el papel protagónico, Ana Claudia Talancón, sale desnuda, envuelta solo bajo un manto con la Virgen de Guadalupe.

Claro, cuando hablamos de una historia que involucra a la Iglesia y el papel de la mujer y el pecado, y lo que es cierto y lo que es malo, a mí me parece muy importante que se hable de eso, que se quiten las ideas que la Iglesia ha impuesto sobre las mujeres, sobre su sexualidad, sobre su libertad, sobre todo, porque las mujeres han sido castradas durante siglos por la Iglesia. La Iglesia siempre ha castrado a las mujeres y las ha puesto en el papel de que si tienen pasiones, si son carnales, son ya fruto del pecado. Y a mí me parece muy fuerte y muy importante en cuanto mujer afirmar un lugar en la sociedad en que se diga que eso no es así. Tomar ese lugar con libertad y orgullo me parece importante.

¿Y cómo encaró eso cuando debutaba en aquella época con esa película?

Fue importante en esa época. Eran los inicios de la década del 2000, pero la gente seguía con una mentalidad muy conservadora. Y ha sido un escándalo la película en Portugal, no por cosas como la que mencionas del manto, sino por la sexualidad que se enseñaba, porque Portugal es más conservador que los países de América Latina. En Portugal, el impacto mayor fue ver en la película a una mujer desnuda. Y una cosa que me impresionó bastante es que, de hecho, en la novela de Eça de Queirós, el padre Amaro seduce a una niña, alguien mucho más joven que él, hay pasión entre los dos, pero cuando ella queda embarazada, es él quien la deja, la obliga a practicarse un aborto y ella muere a causa de la acción del cura. Se exhibe la hipocresía, eso está muy claro. Pero a nadie le interesó eso; lo único que les llamó la atención y que criticaban es cómo es posible que una mujer sea tan sexual y tan libre con su cuerpo y se desnude. ¿Y cómo puede ella hacer eso al cura? Cuando para mí es tremendo que el cura obligue, fuerce a una mujer a abortar. Toda la hipocresía está ahí.

¿Y cómo es que se atrevió a hacer esos desnudos en su primer papel? Ya han pasado 20 años.

Y fue mi primer trabajo; no había tenido ni clases de teatro ni nada. ¿Cómo me atreví? Precisamente porque tenía una pasión y un deseo muy grandes por actuar. Y cuando me proponen encarnar a un personaje en la adaptación de una obra de Eça de Queirós, que a mí me sigue pareciendo que fue un sueño, ni siquiera se me pasó por la cabeza un “no”. Era: “No tengo experiencia, pero es apasionante, un desafío gigante que no sé cómo voy a hacerlo, pero lo haré, con mucha pasión y convicción de que lo quiero defender, de que lo quiero hacer”. Fue con deseo y confianza de poder hacerlo que lo hice.

¿De verdad, nunca había tomado clases de actuación?

Nada. Pero tuve la suerte de que el productor, que sabía que no tenía formación de actriz, me presentó a uno de nuestros mejores directores, que en enero falleció, João Canijo. Él fue mi primer maestro, me preparó, tuve tres meses clases con él, que era para mí descubrir todo. Y fui muy afortunada, porque ha sido la mejor persona que podría haber tenido para introducirme en esta profesión, me dio una base muy fuerte para poder actuar en ese momento, y para la vida. Y, claro, en la preparación estaba muy concentrada, con ganas de hacerlo bien, pero ya en el rodaje entendí que era muy joven, que no tenía experiencia y estaba muy nerviosa. Solo lo comprendí en el momento de estar rodando en el set. Y no ha sido fácil. Estaba con los mejores actores portugueses, con un equipo enorme, y era mi primera vez. Pero siempre he tenido una actitud de enfrentar las cosas, los desafíos e ir hacia adelante.

Después vinieron los filmes con Vasconcelos, en los tres interpreta también roles subversivos a los papeles tradicionales que suelen asignarse a una mujer: una escort, una policía y una actriz.

Para mí es lo más interesante: cómo, por medio de esos personajes, darles fuerza a otras mujeres. Como actriz, representar mujeres así es para mí un acto de afirmación, de libertad, de: “Soy mujer y estoy aquí”. Y eso es importante en nuestra sociedad.

¿Cómo han repercutido en usted como persona esos personajes?

Pues en el primero (Amélia) ha sido muy difícil. Te decía que la gente era muy conservadora. Yo era modelo; entonces, sufrí muchísimo con los prejuicios. Sufrí muchísimo también porque no me creían con la seriedad que tenía en mi trabajo, creían que era solo una actriz que quería ser famosa y se desnudaba para eso, que esa era mi intención. Así me veían, y era difícil para trabajar. O crime do Padre Amaro me ha dado mucha fama, pero lo que me proponían eran cosas que no me interesaban tanto porque iban siempre en esa línea. O no me hacían invitaciones de trabajo en el cine, por ejemplo. Y ahí llegó Vasconcelos. Él entendió, vio esas críticas, esos prejuicios y dijo: ‘No, esta actriz tiene talento’. Y lo creía, me invitó a hacer estas tres películas en cine, y eso fue importante para consagrarme y para que luego se me abrieran más puertas con seriedad.

¿A bela e o paparazzo tiene algo de autobiográfico?

Bastante. No ha sido fácil para mí. Aquí en México lo pensaba porque trajimos la película, que no veía desde hacía mucho tiempo. Y me di cuenta de cómo realmente estaba sufriendo mucho y cómo hacer de mí misma no ha sido fácil, estaba un poco confusa. Verla ahora fue como revisitar lo que yo sufría en cuanto actriz y en cuanto a mi vida personal. No ha sido mi papel más fácil, porque era como tocar una herida. Y eso es bonito, claro que lo es, pero me dejó bastante vulnerable. Aquí en México me di cuenta, aunque también en aquella época, que era como desnudarse y enseñar la herida que existe, porque somos actrices y las mujeres actrices son más acosadas, hostigadas con la exposición. Si eres actriz, te expones. Y hay un interés (por ti) que es una barbaridad y que no entiendes, y es bastante perturbador. Tú, como actriz, tienes tu vida. Pero, algo pasa cuando eres una actriz, que parece como si no fueras real, como si fueras solo una fantasía, un objeto del deseo. Y la gente se queda con la fantasía, no llega a entender que eres una persona, una mujer, una mujer común, con emociones, y que ser actriz es solo un trabajo. Y eso es muy raro porque soy una persona bastante humilde, simple, no me deslumbra el glamur ni nada eso. Pero me encantan mi trabajo y mis personajes.

¿Y desde O crime do Padre Amaro cómo ha visto cambios ante el conservadurismo?

El conservadurismo está llegando otra vez. En estos 20 años hicimos una evolución, pero ahora mismo estamos volviendo hacia atrás desde los últimos dos años, el cambio está siendo muy rápido. Los discursos de odio contra las mujeres. Los adolescentes tienen ya una visión muy antigua que pensábamos que había sido ultrapasada. La mujer ya tenía su libertad. Pero creo que vamos a tener que otra vez luchar por nuestro derecho de simplemente ser, sin juicio, con libertad. Porque sí lo veo que la gente está más conservadora. Es impresionante, es asustador. Y creo que va a seguir así.

AQ / MCB

  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.

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