‘Tabaco para el puma’, de Juan Hernández Luna: treinta años del mago escapista

Literatura

En su trigésimo aniversario, vuelve a circular ‘Tabaco para el puma’, novela con la cual Juan Hernández Luna obtuvo el premio Dashiell Hammett en 1996.

Portada de ‘Tabaco para el puma’, de Juan Hernández Luna. (FCE)
Daniel Galan
Ciudad de México /
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El Fondo de Cultura Económica relanzó Tabaco para el puma, de Juan Hernández Luna. Con esta novela, el escritor nacido en la Ciudad de México y que vivió gran parte de su vida en Puebla obtuvo el premio Dashiell Hammett en 1996. Hernández Luna obtuvo el Dashiell Hammett por segunda ocasión con Cadáver de ciudad (2007). Murió de manera prematura; quizá por eso su obra ha caído en el olvido.

La historia nos presenta a Ezequiel Aguirre o Skalybur el Inmortal, un mago de profesión que atraviesa el divorcio luego de que su esposa lo encontrara en una movida. La ruptura lo hunde en la soledad y busca como único objetivo hacer un gran truco de magia de la mano de su hija y sus amigos.

Hernández Luna articula dos narrativas que destacan por su precisión e ironía. Las descripciones construyen, por un lado, la historia del mago, que tiene lugar en la década de 1990. Paralelamente, cuenta un suceso situado en 1931 sobre un grupo de pobladores que protestan contra el alza de los precios de la luz eléctrica.

La estructura de la novela es polifónica y encuentra equilibrio entre el humor, el misterio y el contexto histórico. Los personajes que acompañan al protagonista intervienen de manera orgánica: se infiltran en una boda de las altas esferas de la sociedad poblana o resuelven acertijos con piezas de talavera.

A la trama principal se añade un lente periodístico. El camote flamígero cubre sucesos cotidianos, como un torneo de dominó exclusivo para el gremio de meseros, o los crímenes cometidos por La mano furtiva. Las notas periodísticas son piezas de un rompecabezas que el lector debe armar.

Aparecen magos de naturaleza ígnea, actores improvisados y estudiantes de cine que, al adentrarse en los escenarios políticos, terminan por descubrir una red de corrupción.

Hernández Luna convierte la experiencia de lectura en un entramado con el que hace alarde de sus habilidades como escritor y escapista. Skalybur reta a la muerte con el deseo de demostrarse a sí mismo de lo que es capaz; solo requiere de un tigre y una caja de madera con doble fondo.

Más que ceñirse a las convenciones de la novela negra tradicional, Hernández Luna echa mano de sus personajes, estudiantes de cine, acróbatas y meseros, como cauce de sus propias aficiones musicales, cinematográficas y políticas.

La carga histórica de la novela es fruto de la intuición de un narrador que combina misterio, romance, humor y tensión en un espectáculo en el que nada está asegurado. El asombro es el verdadero sello de Hernández Luna, capaz de orquestar y descubrir el misterio con una reverencia final.

AQ / MCB

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