Nacida en la Ciudad de México en 1983 y radicada desde hace varios años en Nueva York, Valeria Luiselli regresa a su ciudad de origen para presentar su más reciente novela Principio, medio, fin, publicada este año por Feltrinelli, que con este libro debuta en español.
Autora de las novelas Los ingrávidos (2011), La historia de mis dientes (2013), Desierto sonoro (2019) y de los libros de no ficción Papeles falsos (2010) y Los niños perdidos (2016), en Principio, medio, fin Luiselli se embarca en la construcción de una épica familiar en la que su protagonista intenta reconstruir la vida para ella y para su hija luego de un divorcio, por medio de un viaje a Sicilia, donde ambas dan forma al pasado familiar. A la novela la atraviesa una profunda reflexión sobre el quehacer de la escritura y una amorosa reivindicación del derecho a la imaginación.
He leído casi todos tus libros, excepto La historia de mis dientes, y tengo la impresión, al terminar de leer Principio, medio, fin, que de alguna forma todos tus libros, ya sean de ficción o no ficción, dialogan entre sí. Hay un tema, una voz o una idea que migra de un libro a otro. ¿Es algo que sucede de manera natural o es algo consciente en tu escritura?
Efectivamente, hay hilos que recorren todos los libros, y creo que tiene que ver no tanto con una intención explícita cuando empiezo a escribir un libro, o sea, nunca estoy buscando explícitamente las conexiones con los libros pasados, más bien lo que me sucede es que siempre dejo puertas medio abiertas en los libros que no termino de cruzar porque no es el tema de ese libro, no es la médula a la que quiero llegar. Para no hablar en abstracto y ponerte un ejemplo más concreto, cuando escribí Desierto sonoro (2019) me volví una experta teórica en temas de sonido, digo experta teórica en el sentido de que aprendí cosas muy técnicas como con qué grabadora se graba qué y cómo se hace una grabación al aire libre o cómo hacer una grabación de un paisaje sonoro, pero no había grabado nada; fue un ejercicio plenamente ficcional. Pero se me quedó la espinita de saber hacer realmente eso que hacían mis personajes de ficción y entonces me puse a buscar a gente que tuviera interés en hacer un proyecto grabando sonidos en la frontera y encontré a dos personas maravillosas. Uno de ellos es Ricardo Giraldo (La Corriente del Golfo), que tiene mucha experiencia trabajando con sonido, producción, fotografía, es un humanista pleno, y también al maravilloso Leonardo Heiblum, que es un músico excepcional, muy creativo y que lleva toda la vida grabando sonidos del mundo. Juntos hicimos un colectivo, Ecos de las tierras fronterizas.
Y bueno, básicamente, terminando Desierto sonoro, me pasé los siguientes cinco años grabando desiertos sonoros.
Conectando con lo sonoro, al final de la versión impresa de Principio, medio, fin, viene un código QR que lleva al libro sonoro y se especifica que “todos los sonidos del libro fueron grabados en la isla de Sicilia y en las islas Eólicas”, también se señala que las grabaciones incluyen mareas, paisajes subacuáticos, vientos mediterráneos, lluvias, exhalaciones estrombolianas, y más. Y pensé que mientras leía podría escuchar este paisaje sonoro y que sería fenomenal. Pero no, ese material solo se puede oír en el audiolibro. Sentí que me había perdido la mitad del libro, aunque ya lo había terminado.
Sí, es como la otra cara de la luna, hay un archivo fotográfico en la novela impresa y en la novela sonora hay un archivo sonoro de volcanes, vientos… Todos los sonidos los grabamos en la isla de Sicilia y en las islas circundantes, en el archipiélago de las Eólicas, son como una especie de coro griego de elementos que va acompañando de un modo más emotivo la grabación. El sonido no es ilustrativo de lo está ocurriendo a nivel de eventos, pero sí a nivel de espacios y ambientes. Ahorita estamos terminando una especie de página solo con archivos sonoros que vamos poder ligar a eso.
Hay una cercanía en la voz de la narradora que se percibe de inmediato, no solo en esta novela, sino en todos tus libros. ¿Cómo trabajas esa voz, cómo la construyes y desde dónde? Porque si bien hay guiños autobiográficos, estos se transforman en literatura.
Es mi trabajo poder lograr esa sensación de que te están hablando directamente. Pero creo que más que decirte que es mi trabajo, te diría, muy honestamente, que para mí tiene que ver con procesos de escucha. Sobre todo, en esta última novela, donde los últimos cinco años he estado tan involucrada en proyectos sonoros, en silencio, escuchando a veces viento o una tormenta de polvo o voces al lado de la garita en un cruce fronterizo. Ese estado de quietud al que te obliga la grabación sonora es también un espacio muy propicio para la escucha en un sentido más interno en el proceso de la escritura. Entonces, cuando empiezo, muchas veces empiezo en falso, con una voz que al final no me suena a algo real y descarto, y empiezo otra vez, hasta que hay algo en una voz que digo “esto sí es honesto, viene de un lugar muy real, con esta vamos”.
Al final del libro se incluye una serie de polaroids que pertenecen a tu archivo personal y eso me hizo recordar una charla en el espacio de la autora Laia Jufresa, Escribir es un lugar, en la que cuando hablaste de tus procesos de escritura mostraste unas polaroids colgadas en una especie de tendedero en una de las habitaciones de tu casa, y eso me hizo preguntarme si tu escritura parte de una imagen o de una idea.
Las imágenes son fundamentales para mí. En particular, tomar fotos polaroids a lo largo de los procesos de escritura me es muy necesario, porque no trabajo con la trama como elemento de propulsión de la escritura. Para mí la trama emerge de procesos más ensayísticos, de indagar en torno a núcleos gravitacionales que son, fundamentalmente, preguntas que me urgen, que me importan, que me mueven. En este libro, por ejemplo, las preguntas sobre los principios: ¿qué es un principio?, ¿cómo se vuelve a empezar?, pero en el fondo, mis notas son siempre notas muy de la vida cotidiana. En el momento en que ya llego a un lugar —después de dos o tres años de escritura— en donde empiezo a hilar la trama, necesito las fotos para encontrar una gramática interior de los libros. Pongo las fotos en superficies, a veces colgando de hilos, otras en un piso o en una mesa, y escribo frases para hacer estructuras temporales. Son como piezas de un rompecabezas que escribo en retrospectiva.
En ninguno de tus libros había percibido tanto como en este una reflexión sobre la escritura y lo que es una novela. Como la narradora es también escritora, en medio de la reconfiguración de su propia vida, cada tanto reflexiona sobre su escritura y la reconfiguración de la misma.
Sí, esta narradora es escritora y nunca me había animado a que mi narradora o narrador fuera escritor. Siempre han sido alguna otra cosa que me ayuda a pensar en los procesos creativos. Pero esta vez dije ya basta, lo que realmente necesito es entender mis procesos de escritura, los procesos de escritura, y no necesito camuflajear a esta narradora en otra cosa para, tangencialmente, ensayar sobre los temas que me están ocupando, sino que realmente quiero entender, más que en abstracto, los procesos de escritura, mi relación con la escritura, con el quehacer de la escritura. Y el libro tiene mucho de eso porque en algún momento, a la mitad de mis treinta, sentí que mi relación con la escritura se había degradado, que había llegado a un lugar muy oscuro en mi relación con esa cosa que siempre fue una enorme pasión, que siempre me trajo tantos gustos, que siempre me generó juego y curiosidad, y era hora de reinventar esa relación, de volverla a construir y la voz de la narradora me ayudó a indagar en eso.
Parece que al crecer renunciamos al derecho a imaginar, que nos negamos el acceso a esa tierra fértil, y en esta novela, además de hacer un elogio a la imaginación, reivindicas este derecho a través de la voz de la niña narradora. Pienso en específico en una escena muy bella cerca del final del libro, donde la madre de esta niña se da cuenta de que, si no es capaz de entrar en el juego de su hija, no podrá entenderla, sino sólo imponerse.
Sí. Se tarda un poco la narradora en llegar ahí. Está un buen tiempo sin entender que su hija está llevando las riendas de la historia y de sus vidas a través de las preguntas y las demandas y los retos que impone, y de la enorme imaginación y disposición al juego que propone la hija. Y le cuesta un poco a la narradora entrar, se resiste hasta que dice “Ok, juguemos, hagamos esto”. Y en ese momento es cuando la novela se desdobla en otra voz —sin decir mucho de la novela para quienes no la hayan leído—. La voz, la presencia, la imaginación de esa niña va creciendo, se va imponiendo en la novela, va imponiendo su torrente, su derecho a ejercerse hasta que se ejerce de lleno.
Y el territorio de la imaginación como el espacio que posibilita la reconstrucción de la propia vida que se plantea desde el inicio de la novela.
Eso yo creo que es lo central. Hace rato hablábamos de las preguntas que a mí me conducen a lo largo de mi proceso de escritura, y te mencionaba al paso la pregunta por los principios, por el inicio de las cosas, por el origen. Mi hija, hace muchos años, leyéndole mitos, historias de creación en noches en donde estaba teniendo mucho insomnio, me preguntaba por qué en los inicios siempre parece haber una ruptura. Y efectivamente, todos los inicios son el mar y el cielo que se separan, la tierra y el cielo que se pelean, los elementos que se disocian, y bueno, obviamente yo no tenía una respuesta para esta pregunta enorme que estaba haciendo, y se convirtió en la pregunta central, en el inicio del proceso de escritura de este libro, ¿qué es esto de los principios?, tanto en un nivel cosmogónico —¿por qué pensamos en el inicio de las cosas así?—, como en la escala ínfima de la vida humana, en donde una y otra vez tenemos que volver a empezar porque algo se cayó, perdimos algo enorme, algo se derrumbó, una muerte, un final desastroso de algo, una ruptura intensa, y bueno, hay que volver a empezar.
Y también hay una reflexión entre la memoria, lo vivido y lo escrito. Y me gustaría plantearte la siguiente pregunta, un poco siguiendo el juego de la novela: ¿un libro es un presentimiento o una predicción?
Qué bonito. Creo que las dos cosas están ahí. Creo que las predicciones y los presentimientos —y se habla mucho en el libro de ambas—, no son más que formas muy atentas de la observación. Es decir, Plinio el Viejo, que es como un fantasma que recorre el libro, hacía muchas predicciones y hablaba de las predicciones en su enorme obra La historia natural, y decía cosas como “cuando el mar está más caliente, podemos predecir que vienen las medusas”, “cuando hay espuma encima de las olas, se predice que está por llegar una tormenta de viento”, etcétera, esas predicciones no son más que observaciones muy atentas de la naturaleza y sus comportamientos. Hay un hermoso poema de Emily Dickinson que define el presentimiento como una larga sombra: “el presentimiento es esa larga sombra que indica que el sol se pone” o indicadora de que el sol se pone, en mi mala traducción. [Risas]. Pero esa idea de que el presentimiento es una sombra gracias a la cual sabemos que algo más va a pasar, me parece muy acertada. Cuando presentimos algo, lo que estamos viendo es la sombra de la cosa antes de que ocurra.
Y la literatura un poco es eso…
Exacto. Nos da la urdimbre con la cual podemos observar con ese tipo de atención las cosas.
Hay muchos fantasmas en tus libros, ahora que lo mencionas. ¿Por qué están siempre esas voces principales, pero no protagónicas?
Me acompañan mucho a lo largo de la escritura algunas lecturas, y no son para mí un archivo muerto, sino voces vivas con las que estoy dialogando, cuestionando, jugando y por eso mismo constituyen parte misma del libro. Incluso, los archivos que utilizo son también parte de la cosa final. Me interesa pensar en los libros como receptáculos de su proceso de escritura, no como un producto final bien amarradito en donde no se ven las huellas de su proceso, sino al contrario. No mostrar todas las huellas, porque son demasiadas, pero sí algo del proceso de su hechura, que nos dé una entrada más corpórea, más material, más activa como lectores.
AQ / MCB