Hugo Münsterberg (nacido en Danzing en 1863) fue pionero de la crítica de cine, pero más que reseñar valores estéticos en una película propuso pensar a la cinematografía como extensión de nuestra psique. Valor sentimental de Joachim Trier se estrenó en 2025 en Cannes. En The Photoplay, de 1916, Münsterberg sitúa al cine como extensión de procesos mentales. Y hay concordancia: la película Valor sentimental nos introduce en una extensión de nuestro propio proceso espacio-temporal. La película trasciende la narración de una historia afectiva para construir una arquitectura psíquica en que atención, memoria y emoción se transforman en dispositivos mentales. La película activa el inconsciente del espectador. La imagen encuentra efecto en su capacidad de imitar la lógica del pensamiento. Fragmenta temporalmente la memoria en un orden que tiene lugar no tanto en la narración sino en su disposición afectiva. Para Münstenberg (me atrevo a sospechar), Valor sentimental, lejos de ser un drama narrativo, sería ejemplo de lo que es cine de arte: la vida interior de los protagonistas sale de la pantalla y nos conmueve.
Durante una escena, la protagonista mira en silencio una ventana. El sonido ambiental se atenúa hasta desaparecer casi por completo. El autor nos introduce así en la atención voluntaria, el encuadre fijo y sostenido. El cuadro no muestra el entorno, sino que delimita el campo de nuestra conciencia. El cine selecciona. Lo que queda fuera de cuadro es correlato. Vista así, esta escena no es lenta en el sentido que damos al cine comercial: es precisa, el ritmo coincide con el tiempo de atención de la mujer. Más adelante, Trier introduce un recuerdo infantil. No hay transición explícita, es un corte abrupto que sin embargo mantiene la continuidad pues la memoria no representa al pasado; es siempre una reconstrucción subjetiva del presente, de modo que, Valor sentimental, más que imitar cronologías, las asocia lógicamente el recuerdo; es parte de un dispositivo que está hablando a nuestra conciencia si es que, claro, lo permitimos. Así, la escena en que la protagonista observa algo banal confirma la tesis de que los objetos no son importantes más que como catalizadores psíquicos: forma y función se unen, el montaje no conecta imágenes sino estados mentales.
En uno de los momentos más lúcidos del filme, la protagonista confronta a un familiar en un espacio reducido. La cámara se aproxima. Aísla los rostros. No importa ni siquiera la actuación, sino la forma: el close-up es la equivalencia visual de la intensificación emocional. En cuanto al final, sin estropearlo, la protagonista debe tomar una decisión verbalmente inexplicable. La escena se construye con gestos mínimos, respiración, miradas, movimientos apenas perceptibles. A esto Münsterberg lo llamaba “la voluntad” como categoría estética porque el cine, decía, no representa acciones, representa decisiones, y el suspenso no emerge de lo que ocurrirá sino de la indecisión mínima. Desde la perspectiva de Münsterberg, Valor sentimental no sería simplemente una película lograda, sino un ejemplo casi didáctico de lo que el cine puede ser cuando se libera de la representación externa y se orienta hacia la interioridad, ahí, donde está el verdadero realismo, en la estructura invisible de la mente del espectador. Ahí donde el cine llega a su estado más puro, más allá del relato: se vuelve experiencia interior.
¿Dónde ver Valor sentimental?
La película de Joachim Trier actualmente está disponible en algunas salas de cine y en streaming con Apple TV, Prime Video, MUBI y Google Play.
Valor sentimental
Dirección: Joachim Trier | Noruega, 2025.
AQ / MCB