Vicente Quirarte, el Vampiro Alfa | Por Roberto Coria

Memoria

“Siempre encontraste el modo de conciliar a la razón y la imaginación, de transmitir tu inmenso conocimiento de forma lúdica y cautivadora”, le escribe su amigo al poeta muerto el pasado 11 de agosto.

Vicente Quirarte, autor de ‘Sintaxis del vampiro’, exploró el horror desde la literatura y la imaginación. (Foto: Octavio Hoyos)
Roberto Coria
Ciudad de México /
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Partiste de este mundo físico hace varios días, querido Vicente, y apenas reúno fuerza para dedicarte estas líneas. Te conocí de otro modo desde la enfermedad. Cuando diagnosticaron la mía, me exigiste que lo escribiera todo, como una forma de exorcismo. Lo hago ahora desde los mundos que nos hermanaron en el primer momento. Porque tú, a diferencia de Henry Jekyll, tuviste tantas facetas: el amigo generoso, el maravilloso anfitrión, el narrador, el poeta, el ensayista, el académico, el funcionario, el historiador, el erudito decimonónico, el cinéfilo, el dramaturgo, el viajero, el enamorado de la Ciudad de México, el bon vivant, el gourmet, el bromista, el amante de la Mujer... En todas brillaste. Y lo que de inmediato me sorprendió, fue que entre todas encontraras el espacio para explorar y defender los territorios de la imaginación. Eso era algo raro a finales del siglo pasado, y sin duda abrió las puertas para que hoy sea tan normal. Solo lo hacían de manera ocasional sabios como José Emilio Pacheco o Carlos Fuentes, a quienes admirabas. Nunca tuviste vergüenza de admitirlo. En tu discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, recordaste la máxima que enseñó su tío a uno de nuestros héroes: todo gran poder implica una gran responsabilidad. Siempre encontraste el modo de conciliar a la razón y la imaginación, de transmitir tu inmenso conocimiento de forma lúdica y cautivadora. Los últimos días te he visto tanto en los videos de las incontables conferencias y entrevistas que ofreciste, y nunca dejarás de sorprenderme. Llegué a tí a través de tu inigualable Sintaxis del vampiro, y tan pronto la devoré, descubrí que quería hablar como tú. Sé que nunca podré alcanzarte, pero siempre me inspiras para ser mejor. Eres el Vampiro Alfa, como bien te nombró una amiga. Predicaste con el ejemplo. Solías decir que hay que ser leal con el joven que fuimos. Me gusta creer que reconociste eso en mí hace 28 años, y que por eso apoyaste mi naciente carrera. Cuando me invitaste a co-coordinar tu diplomado “Una mujer llamada Mary Shelley y un monstruo llamado romanticismo”, fue un sueño hecho realidad. El día que me convocaste a comer en tu casa, me sentí como el niño al que dejan sentarse en la mesa de los adultos. Hicimos tantas cosas juntos: los cursos, los diplomados, los ciclos de cine, el colectivo Cadáver Exquisito, la difunta Casa Poe, las obras de teatro, las Jornadas de Literatura de Horror en la Feria del libro de Minería... Que me pidieras prologar la nueva edición del libro por el que te conocí, fue un momento culminante. Tengo tantas cosas que agradecerte. Más allá de las satisfacciones profesionales, me ayudaste a ampliar mi familia con personas maravillosas. Te encuentras en los mejores sucesos de mi vida. Eres mi Maestro y mi hermano de elección. Atesoraré el haber estado cerca de ti hasta el último instante de mi existencia. La noche que moriste, Ana Luisa —que colocó un Hombre Araña en tu féretro— vio un murciélago volando desde la ventana de nuestra habitación. Estoy seguro que eras tú, examinando tu vasto legado y recorriendo la ciudad que tanto amas con tus nuevas alas.

AQ / MCB

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