Lucía Ferreyra: “Trabajo la forma más que la narrativa”

Alejada de la narrativa convencional, Forastero plantea un juego entre la memoria y el presente de los personajes 

'Forastero' de Lucía Ferreyra
Ciudad de México /

Un par de jóvenes regresan a Mar del Sur a pasar el verano. Entre los recuerdos, el calor y la playa pasan sus días, únicamente alterados por la presencia de una antigua amiga. A partir de retazos de memoria y silencios, la argentina Lucía Ferreyra crea Forastero, que se desmarca de narrativas convencionales y cuyo estreno comercial tiene lugar en la Ciudad de México.

¿Qué detona 'Forastero'?

Desde niña tenía la necesidad de filmar y registrar lo que era el pueblo donde pasaba las vacaciones. A pesar de que era un lugar bastante feo, me enamoré de él y a partir de ello construí una historia que me permitió experimentar con la forma, los tiempos y los personajes.

¿Por qué en un sitio con playa usar el blanco y negro?

Me interesaba sumergir al espectador en una experiencia sensorial, rítmica. Creí que tanto el blanco y negro como el registro fílmico en 16 mm me ayudarían a abstraer al espectador y meterlo en una especie de limbo, donde los tiempos corren de diferente manera.

El uso del blanco y negro se ha convertido en una moda, sobre todo en propuestas de cine "indie".

Sí, pero no es mi caso. La primera versión de Forastero fue un cortometraje; desde entonces supe que sería filmada en blanco y negro. De hecho, mucha gente lo rechaza porque lo asocia a películas lentas.

La narrativa se construye a partir de diálogos espontáneos y situaciones cotidianas, no hay grandes acontecimientos.

Quería balancear los diálogos con las pequeñas acciones. Hay una parte narrativa y otra más libre. La parte guionada fue más fácil porque los actores son profesionales, al menos los protagonistas; y la parte más libre consistió en motivar a los actores para que convivieran con el espacio. Gracias a esto surgieron acciones espontáneas. No trabajé las actuaciones por medio de ensayos, sino de lecturas para después dar lugar a cierta improvisación.

Plantea situaciones abiertas a la interpretación del espectador. ¿Por qué?

Intenté manejar la trama por el costado. Los personajes rozan los temas pero sin tocarlos de manera frontal. Todo el tiempo busqué evitar lo obvio. Me interesan las películas que son una especie de círculo donde el espectador va rebotando sobre la trama, pero sin llegar a caminar sobre ella. Creo que esto potencia la experiencia de una película. Me interesa trabajar la forma más que la narrativa, asumiendo, por supuesto, que me puedo equivocar.

Suele manejar una cámara alejada de los personajes.

Algunos críticos me han dicho que soy una directora pudorosa. No lo sé, creo que no era necesario. Me interesaba mostrar la incidencia del paisaje sobre ellos, y no la incidencia de los personajes en el paisaje.

¿Pero no pone una barrera con el público?

Es verdad, me han dicho que puede repeler al público y dificultar su ingreso a la película. Tuve conciencia de esto durante la segunda parte del rodaje y me gustó tomar el riesgo.

La película se estrenó en la Cineteca Nacional. ¿Qué tan difícil es colocar un mediometraje en salas?

La primera versión duraba 70 minutos. Entraba bien en todos lados pero la sentía medio rígida. El montajista la redujo y quedó en 60, una duración perfecta para sostener el ritmo que necesitaba. Algunos festivales me han rechazado porque no llega a la duración mínima para un largo; los exhibidores no se arriesgan porque el público no está acostumbrado.

  • Víctor González
  • Reportero y conductor de Noticias en Telediario y Milenio Televisión. Desde 2017 ejerciendo en medios de comunicación con la intención de informar lo que sucede en la comunidad, en la política y el día a día de la sociedad regiomontana.

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