Mauricio Pimentel apuesta por dar vida en escena a cuento de Poniatowska

La adaptación de “La vendedora de nubes” surgió a partir de la pregunta “¿por qué una niña o un niño tiene que salir a vender una nube debido a su extrema pobreza?”.

La pieza, que recurre entre otras herramientas a máscaras, tiene nueva temporada sábados y domingos en el Foro La Gruta. (Foto: Especial)
Ciudad de México /
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El actor, director, productor y profesor de teatro Mauricio Pimentel decidió emprender hace un par de años la adaptación a los escenarios del cuento de Elena Poniatowska “La vendedora de nubes” a partir de preguntarse: “¿Por qué una niña o un niño tiene que salir a vender una nube debido a su extrema pobreza y por qué los adultos llegamos a ese extremo de aceptar que salgan a la calle a vender algo”.

“Uno de los retos más importantes fue cómo no transformar, no hacer una dramaturgia específica de la palabra o el texto, sino más bien respetar el cuento y hacer la traducción escénica; en todo caso hice una dramaturgia escénica para poder llevar a la escena el cuento, es decir, mi interés o uno de mis objetivos es que el cuento cobrara vida en el escenario y lo pudiera ver en traducción”, indica Pimentel.

Admirador de la obra de la premio Cervantes 2013, a quien considera una voz muy potente de la historia mexicana, descubrió que Poniatowska tiene textos dedicados a las infancias y entre ellos se halló este relato fantástico, ambientado, no obstante, en lo que podría ser cualquier mercado del país.

“Es un cuento emblemático de Elena, su acervo tiene varias cosas para niños. Desde hace muchísimo leo 'La vendedora de nubes' y siempre percibí una carga dramática, muy teatral en él, aunque no fue escrito para teatro. Eso me atrapó”, expone Pimentel sobre el montaje del Colectivo Teatral Mexicano Los Alichanes, compañía que se enfoca específicamente con producciones para las infancias y jóvenes.

La pieza, que recurre entre otras herramientas a máscaras, tiene nueva temporada sábados y domingos en el Foro La Gruta, del Centro Cultural Helénico, del 17 de octubre al 1 de noviembre, a las 12:00 horas.

El escenario aparece totalmente vacío y los actores van poblándolo. Se va abriendo un gran telón, en referencia a los tendidos del mercado. Las nubes son unas cuerdas que bajan técnicamente con un mecanismo teatral donde sucede la magia. Todo eso va envolviendo y aterrizando a los espectadores.

La obra arranca con un tren, que para el dramaturgo y director es subirse a la imaginación de la niña.

“Los niños entienden perfectamente las convenciones teatrales. Cuando éramos niños a una silla la convertíamos en un caballo. Yo lo que hago es jugar con las convenciones teatrales. Con el trabajo actoral se hizo una dramaturgia corporal, que permite que los actores construyan universos que no existen materialmente; es decir, el cuerpo es la metáfora”, detalla Pimentel el dispositivo escénico.

Actúan Diana Becerril, Magdalena Alpízar, Antony de la Vega, Víctor Vargas Avena y Dania Fuentes Marín, coordinadora de dramaturgia corporal. La iluminación es de Rodolfo Mora y Cristófer Pérez; la musicalización y diseño sonoro, de Alfonso Olguín; y las máscaras y el atrezzo, de Quy Lan Lachino.

Después de una primera temporada en 2024 en el Teatro El Milagro, La vendedora de nubes llega al Foro La Gruta y después irá al Centro Cultural La Titería de Marionetas de la Esquina, en Coyoacán.

“Estoy muy contento de tener esta compañía. En la pandemia tomé la decisión de dedicarme a trabajar como director para las infancias Y tiene mucho que ver conmigo mismo el teatro que hago para niños; finalmente me hablo a mí mismo también o le hablo al niño como me hubiera gustado que me hablaran a mí. Esta obra representa de manera personal un ir sanando, y, profesionalmente, un gran reto. Me gustaría seguir ayudando a nuestras infancias a que tengan identidad, imaginación, a que la desarrollen, a que amen México y al teatro. Ojalá alguno de esos niños que vaya a ver La vendedora de nubes en algún momento piense en el arte como opción de vida. Ese es uno de mis sueños”, comparte Pimentel.

—¿Cómo fue el proceso para que cobrara vida en el escenario un cuento tan descriptivo, por ejemplo, para sentir el mercado que Poniatowska narra en su relato o a los mismos personajes?

Justo ahí fue lo maravilloso, porque nos dedicamos al trabajo de la imagen. El narrador o quien está narrando el cuento es el propio escenario. Elaboramos muchísimo trabajo corporal, el cuerpo como representación de la metáfora. Y a partir del cuerpo se van construyendo los personajes, interpretados por cinco actores que encarnan a varios, para lo cual utilizamos máscaras y máscaras mexicanas. Esto nos permite un juego maravilloso con el color, el folclor, la música, los dichos de los vendedores, la identidad, lo mexicano, que nos lleva a todo un contexto y nos recrea el momento en el que se está planteando La vendedora de nubes. A través del juego y la imaginación pudimos desarrollar la escena.

—¿Por qué una actriz adulta interpreta a la niña vendedora de nubes?

Diana Becerril es una actriz maravillosa, con un gran trabajo para infancias; es una profesional en trabajos para infancias. Tiene casi 40 años, con cualidades físicas maravillosas, porque es pequeña y tiene un gran trabajo de construcción corporal. Tú lo que vas a ver es a una niña, impresionantemente. Yo sigo investigando, trabajando y apostando por enfatizar que el teatro para infancias no puede ser un género menor ni tampoco simplificado; al contrario, el público de infancias exige de nosotros ir muy adelante de nuestros espectadores niños, porque a ellos les gusta o no les gusta, les aburre o no.

“Y yo insisto con los actores en algo (que no desarrollé yo, obviamente), que es la pedagogía de la ternura: los adultos tenemos que ayudar a nuestros niños a guiarlos, a abrirles la posibilidad de creación del mundo, del imaginario; por tanto en la actuación debe haber una especialización en teatro para infancias, no cualquier actor puede hacer teatro para infancias. Hay que dejar de pensar que los niños no piensan, porque, al contrario, son de una inteligencia impresionante, que nos compromete y confronta a nosotros y tenemos que estar en presente todo el tiempo como actores”.

—¿Por qué cambió al personaje del vagabundo en el cuento original por una vagabunda?

Sí, mantengo en la estructura a los personajes de la señora emperifollada, al militar, al político y al estudiante. Sólo cambié que en lugar de vagabundo hombre fuera vagabunda mujer, un poco ahí tratando de interpretar que es una mujer también quien arropa a la niña. Eso me pareció interesante por su cercanía con todo nuestro discurso y por el empoderamiento de la mujer y de la niña.

—El cuento de Poniatowska, aunque fantástico, encierra crítica social. ¿Cómo retrata usted eso?

Sí, es uno de los planteamientos más interesantes: que la niña necesita vender una nube porque su casa es muy pobre, y pareciera que a nadie le interesa comprar una nube, porque no les es conveniente o no les interesa. La nube es como la metáfora de los ideales y de los sueños. Y pareciera que los adultos estamos determinando la vida de los niños o tratando de apagar sus ilusiones o sueños. Nuestra protagonista quiere vender esta nube, pero al final se da cuenta de que es un tesoro y que a las nubes (como a los sueños y las ilusiones) no se les puede obligar a irse con alguien más. Es maravilloso.

“Este cuento es una fábula social, que nos representa a muchos. Yo trabajo con el concepto del adultocentrismo, que es cuando los adultos tomamos las decisiones por los niños y decidimos qué tienen que ver y qué no. Este cuento retrata esta visión de cómo los adultos nos metemos en la vida de los niños. Y debemos preguntarnos no sobre la niña y la pobreza, sino por qué una niña tiene que salir a vender una nube y por qué los adultos llegamos a ese extremo de que una niña salga a venderla”.

PCL

  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.

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