El Códice Azcatitlan, uno de los manuscritos pictográficos más importantes sobre la historia mexica, regresó a México para una exhibición temporal en el Museo Nacional de Antropología (MNA) en el contexto del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre nuestro país y Francia.
El documento podría regresar a México de forma definitiva; ha estado resguardado desde el siglo XIX en la Biblioteca Nacional de Francia, y se exhibirá en México.
“Hay un esfuerzo del gobierno mexicano por negociar su repatriación”, confirmó el doctor Baltazar Brito Guadarrama, director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia a pregunta expresa de MILENIO.
“Sí ha sido solicitado por algunos pueblos, como el ñañú, de Hidalgo. Las pláticas están en curso, pero el gobierno de México es quien tiene la facultad y el INAH otorga su apoyo técnico para esta solicitud”, precisó.
Sobre la posibilidad de un acuerdo con Francia, explicó: “Sí han respondido, delegaciones de especialistas franceses han venido a ver las condiciones de conservación en México. Considero que tenemos todo lo necesario para resguardar este patrimonio. Depende de sus leyes y de las nuestras. Este préstamo es un primer paso. Sí existe la posibilidad y la viabilidad”.
Blanca Jiménez Cisneros, embajadora de México en Francia, tras referirse al préstamo temporal y a las negociaciones del códice, dio a conocer que representantes mexicanos trabajaron con legisladores franceses durante la discusión de una nueva legislación sobre la restitución de patrimonio.
“México no estaba inicialmente contemplado en el diseño de esa legislación y las autoridades mexicanas participaron en conversaciones con diputados y senadores franceses para plantear el caso mexicano”, explicó Jiménez.
Dos relatos que cruzan el Atlántico
Claudia Curiel de Icaza, secretaria de Cultura, encabezó la ceremonia de la inauguración de la exposición El códice Azcatitlan. México Francia, 200 años de amistad con un mensaje que destacó el carácter histórico del intercambio.
Dijo que dos relatos de la peregrinación cruzan ahora el Atlántico en sentidos opuestos, el Códice Boturini (Tira de peregrinación) viaja a la Biblioteca Nacional de Francia, y México abre a su público el relato del Códice Azcatitlan.
Curiel recordó que la historia inició en la comunidad ñañú, de Ixmiquilpan, Hidalgo, que impulsó la petición para que el Códice Azcatitlan pudiera estar nuevamente en México: “Lo que pone en el centro el vínculo de los pueblos originarios con su memoria y su patrimonio”, subrayó.
Sobre el acuerdo bilateral, la funcionaria precisó que el intercambio temporal y recíproco de estos códices fue acordado durante el encuentro oficial entre los presidentes Claudia Sheinbaum y el Emmanuel Macron en noviembre de 2025 en el contexto de los 200 años de relaciones diplomáticas entre ambos países.
Jean-Charles Bédague, director de las colecciones de la Biblioteca Nacional de Francia, destacó el significado institucional del intercambio. “La posible movilización de dos instituciones con motivo del bicentenario de las relaciones franco-mexicanas es una prueba muy concreta de amistad de un lado y otro del Atlántico”.
Sobre el valor de las colecciones, Bédague dijo que “viven” de la investigación. “Requieren el entrecruzamiento de las disciplinas, las lenguas, las tradiciones científicas; exigen también confrontar las miradas”.
El funcionario destacó los avances en digitalización: “Hoy, casi un millar de documentos provenientes de la Biblioteca Nacional de Francia y relativos a la historia y a las culturas de México están accesibles en Memoria, la plataforma digital del Gobierno mexicano”.
Y cerró con una reflexión sobre la responsabilidad compartida: “Nosotros hemos heredado documentos que una larga historia nos transmitió. Nosotros conservamos aquellos que vendrán después de nosotros. Entre los dos países nos toca permitir que alrededor de estos documentos se creen nuevos saberes”.
Delphine Borione, embajadora de Francia en México, recordó que a lo largo de dos siglos de relaciones ha habido grandes momentos, “así como su cuota de turbulencias. Esta historia está marcada por intercambios, pero lo que siempre prevalece es el respeto, la admiración y la curiosidad mutua, tenemos algo esencial que intercambiar. Francia ha soñado con México y México ha soñado con Francia y todos han soñado juntos a través de nuestros ideales comunes. La amistad franco-mexicana, por tanto, en una visión común de cómo debería ser el mundo, uno más justo y respetuoso de los derechos de las mujeres, de la diversidad y de la dignidad, de los pueblos y de las culturas”.
Roberto Velasco Álvarez, secretario de Relaciones Exteriores, enfatizó el papel de la diplomacia cultural en este tipo de iniciativas. “La diplomacia cumple una de sus tareas: reunir a un pueblo con su memoria”.
El canciller recordó el significado de los códices elaborados por tlacuilos sobre materiales como piel de venado o amate: “No son sólo objetos del pasado, son formas de pensamiento, archivos de una civilización. Como ha dicho la presidenta Claudia Sheinbaum, sus pictografías representan la memoria viva de nuestra historia, la voz escrita de nuestros antepasados y la raíz profunda de nuestra identidad”.
La muestra Códice Azcatitlan presenta 24 imágenes de gran formato que relatan el acontecer del pueblo mexica desde su salida de Aztlán hasta su asentamiento en el Valle de México y los primeros años de la Colonia. El acceso es gratuito y la pieza permanecerá en el MNA hasta el 31 de diciembre de 2026.
La travesía
El códice ha sido parte de varios acervos. Se cree que el primer propietario fue el texcocano Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, en el siglo XVII.
Finales del XVII Al morir Ixtlilxóchitl, político, historiador y descendiente de Nezahualcóyotl, sus documentos pasaron a Carlos de Sigüenza y Góngora, quien heredó su vasta biblioteca a la Compañía de Jesús.
1737 Tiempo después, interesado en los testimonios históricos del México antiguo, Lorenzo Boturini adquirió una compilación de manuscritos de tradición indígena de los fondos jesuitas.
1743 Cuando Boturini fue deportado a Europa su colección fue confiscada y trasladada a la Cámara del Virreinato. En 1791, llegó a la Real y Pontificia Universidad de México, donde Antonio de León hizo una copia del códice.
1830 El francés Joseph Marius Alexis Aubin llegó a México para hacer un estudio en física, su interés por las culturas prehispánicas lo llevó a adquirir parte de los documentos reunidos por Boturini, entre ellos el códice.
1889 Tras sus investigaciones, Aubin regresó a Francia y se llevó los documentos con él; en 1889 se los vendió al coleccionista franco-mexicano Eugène Goupil, quien los conservó hasta su muerte.
1896 La viuda de Goupil, Augustine Élie, donó la colección a la Biblioteca Nacional de Francia, donde hasta el día de hoy se resguarda el Códice Azcatitlan, el cual se exhibirá hasta el 31 de diciembre en el Museo de Antropología.
BSMM