La tarde ya caía, el ambiente ya se sentía: botas norteñas, sombreros y asistentes luciendo sus mejores looks que marcaban la antesala de una escena que confirmaba algo: el Meximalismo llegó para quedarse, y es que en la Noche de Museos de marzo este estilo aterrizó con fuerza.
Sí, hace apenas unos días el Centro Histórico se llenó de capas, rebozos y joyería —inspiradas en la lucha libre, el barrio, lo bélico y la tradición—, y es que a poco más de una semana aún hay mucho por digerir, porque esta "servida" de moda se acompañó con mucho y de más.
Esa noche aprendimos que, ahora, el animal print convive sin complejos con jerseys de futbol y esos tesoros heredados de algún tianguis. Porque en el Meximalismo, las prendas de confianza y orgullo lo son todo.
Textiles, paliacates, plumas y mucho brillo
Una explosión de creatividad “mexa” inundó las jardineras del Franz Mayer, acercando la moda meximalista a quienes acudieron al llamado. Las pasarelas, eso sí, al principio se mantuvieron mesuradas en colores y texturas, en una "aparente contradicción" que celebraba los orígenes ancestrales desde una mirada contemporánea.
Pero este estilo va más allá. Para los asistentes, el uso del color y la intervención de prendas lo es todo, porque aquí la experimentación manda. No hay límites: maximalismo o meximalismo, la expresión de identidad y corporalidad es el eje.
¿Mexa o maxi?El ruido visual necesita raíz, memoria y barrio...
El maximalismo —esa corriente que presume el “más es más”— apuesta por la saturación visual: colores que chocan sin pena, texturas que se enciman y objetos que cuentan historias desde el exceso. Es una estética global, casi sin acento, que celebra la abundancia como declaración de estilo.El meximalismo, con toda la actitud chilanga. No nace en pasarelas europeas, sino en la banqueta, en el tianguis, en el brillo heredado del Divo de Juárez y la elegancia que dejó María Félix. Creado por Dixy Rodríguez, este movimiento no solo viste: habla. Toma el exceso y lo vuelve identidad.
Entre los pasillos, un jersey con la Virgen de Guadalupe robaba miradas. Lo portaba Stuff Killah, creador de contenido enfocado en el mundo del futbol, quien —inspirado en el jersey mundialista del 98— decidió experimentar con esta propuesta de vestir, deconstruyendo una prenda que, como él mismo dice, “no tiene nada fuera de lo común”.
Pero lo tiene: es un statement que desafía lo convencional y busca identidad, una identidad que se construye, y no la que se adquiere en un anaquel de Zara.
Ya en la pasarela — entre una atmósfera que remitía a Pose y a la cultura del ballroom neoyorquino—, quedó claro que las influencias no son exclusivamente regionales, lo que abre la pregunta: ¿qué hay de México en el acto de servir moda?.
Aquí, los asistentes no son espectadores de un front row al estilo Milán; se vuelven críticos que, con una “chelita” en mano, buscan inspiración y referencias de los diseñadores emergentes. Ahí estuvieron, por ejemplo, proyectos de la Ibero que comenzaron desde lo minimalista para después explotar en propuestas con luces LED, que iluminaron a lo que ya venía.
Los destellos Meximalistas
Después llegaron los destellos, deconstrucciones al estilo Mad Max, máscaras y un aire posapocalíptico. Hombros anchos que remitían a armaduras — las de Tenoch Huerta como Namor— y que daban paso a una mezcla donde mitología y ficción convivían sin fricción. Alas de mariposa luminosas abrían camino a volúmenes extremos: maxi mangas, maxi chaparreras y mucho maxi mexa.
Desfilaron siluetas intensas que recordaban los cobertores de tigre, esos que resguardan cuando el frío cala, pero aquí apilados en capas. Y, casi como cliché inevitable, las referencias a Frida Kahlo, un guiño que para el extranjero resulta cumplido, pero que en México se ha vuelto constante.
Dixy RodríguezLa chilanga que convirtió el estilo en manifiesto mexa
Dixy Rodríguez, chilanga de nacimiento y actualmente instalada en Toronto, es la mente detrás del “meximalismo. Lejos de las tendencias pasajeras, su propuesta toma lo que vive en la calle —del tianguis a la estética popular— y lo eleva a narrativa visual. Su voz ya no pasa desapercibida, medios como CoolhunterMX y Hotbook han puesto el ojo en su trabajo, reconociéndola como una figura clave en la moda contemporánea latinoamericana.
Entre tanto concepto, una figura destacó: una mujer enfundada en corsé con crucecitas y vírgenes, mangas rosas extra anchas pintadas por ella misma y trenzas de adelita contemporánea... Su nombre es Diana, conocida en redes como Morena Magic.
Morena vende ropa de segunda mano, de tianguis, y apuesta por que el meximalismo tenga mayor representación en medios, para permitir una verdadera experimentación con motivos mexicanos: colores, texturas y esa religiosidad heredada tras la conquista, que también se hizo propia.
“Es importante alejarnos de todos los estereotipos blancos y europeos, para celebrar nuestra belleza y nuestras raíces”, afirma.
Arte performativo
El Franz Mayer ofreció un ejercicio de arte performativo: una liberación de lo sexual, lo sensual y lo exótico del barrio. Vestidos no binarios que evocaban a Quetzalcóatl o incluso a un jabón Zote; una estética que no es para "blanditos", esos que prefieren el clean look o el old money, aquí no caben.
Y es que en un contexto sociopolítico y cultural donde “lo mexa está de moda”, los pasillos del museo se convirtieron en un espacio de resignificación cultural. Porque eso sí hay que decirlo, y repetirlo: México está de moda.
Para Johnny Carmona, especialista en moda y host de este espectáculo, el Meximalismo es un estilo que puede explorarse desde pequeñas dosis hasta llegar a su máxima expresión:
“Experimenten poco a poco, ármense un atuendo y recorran los pasillos del edificio, de su casa o su azotea… y vayan sintiendo. Creo que mucho de lo que usamos tiene que ver con cómo nos hace sentir… para llegar a una narrativa personal”.
Los asistentes bailaron, gritaron y vibraron con cada textura, color y trenza. El arte drag fue el complemento perfecto, la pasarela rompió las reglas. No hubo espectadores pasivos ni miradas perdidas en el teléfono o en la crítica distante.
Este evento incluyó al espectador, que —como muchos dijeron— encontró en cada pieza una invitación a arriesgarse. Lejos de los canales tradicionales, el espectáculo lo protagonizaron los asistentes. Porque entender el meximalismo no basta con explicarlo: lo recomendable es vivirlo, poco a poco y, ¿por qué no?... en su máxima expresión.
CHZ