"Todo se derrumbó" de Mer Rodríguez

El maestro Manuel Alejandro y la artista Mer Rodríguez nos comparten la historia detrás de “Todo se derrumbó”, una canción que nació del desengaño y terminó convertida en una de esas piezas capaces de ponerle palabras al dolor de millones.

Avelina Lésper y Mer Rodríguez en "El Arte de la Canción: Segunda Temporada"
Hassam San Luis
CDMX /
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El maestro Manuel Alejandro y la artista Mer Rodríguez nos comparten la historia detrás de “Todo se derrumbó”, una canción que nació del desengaño y terminó convertida en una de esas piezas capaces de ponerle palabras al dolor de millones. Interpretada y cantada por generaciones, esta composición encontró en México un público que la hizo suya, porque en sus versos reconoció la herida de un amor que parecía sólido y de pronto se rompe.

La canción surge de una idea profundamente humana: hablar del fracaso amoroso no desde la rabia ni desde los celos, sino desde el dolor. Para Manuel Alejandro, cuando existe pasión puede haber engaño y celos, pero cuando se habla verdaderamente del amor, lo que queda después del desengaño es una herida. De ahí nace “Todo se derrumbó”: de esa sensación de descubrir que aquello que uno creía tener ya no existe.

La fuerza de la canción está precisamente en su capacidad para convertir una emoción universal en palabras exactas. Manuel Alejandro explica que, al escribir, no puede sobrar ni faltar una palabra. El reto está en tomar aquello que normalmente nos hace gritar, llorar o destrozarnos y transformarlo en algo bello. Esa es, quizá, una de las grandes dificultades del arte: codificar el dolor hasta convertirlo en una obra con la que otros puedan sentirse identificados.

La artista Mer Rodríguez da vida a esta experiencia con una obra visual inspirada directamente en la canción. En su dibujo, una figura parece diluirse mientras su mundo se derrumba a su alrededor. El caos, el llanto, la desesperación y el desencanto aparecen contenidos dentro de un espacio íntimo, ese lugar donde, como explica Mer Rodríguez, uno finalmente puede permitirse sentirlo todo.

Para Mer Rodríguez, la conexión con “Todo se derrumbó” también fue personal. Aunque es una artista joven, reconoce que el amor y el dolor pueden sentirse con una intensidad particular durante los primeros años de la vida adulta. A partir de una experiencia propia de desamor, recuperó aquellas sensaciones de sentirse desolada, de entender que no quedaba nada más por hacer que dejar que el dolor existiera y observar cómo todo se iba derrumbando.

"Todo se derrumbó" de Mer Rodríguez

Uno de los elementos más poderosos de su obra es un teléfono colocado sobre la mesa. El objeto funciona como el testigo de una llamada que puede representar el comienzo de la tragedia o el final definitivo de una historia. Para Mer Rodríguez, el sonido de una llamada que termina tiene algo de corazón que deja de latir: un pitido que anuncia que todo terminó, pero que, paradójicamente, también confirma que la emoción sigue completamente viva.

La canción y el dibujo se convierten así en un mismo retrato del desamor. Dos lenguajes distintos que hablan de una experiencia que casi todos hemos vivido: el momento en que una relación se rompe, el silencio que queda después de una llamada, las lágrimas que aparecen cuando ya no hay nada que arreglar y esa sensación de que, por un instante, el mundo entero se viene abajo.

Pero para Manuel Alejandro, hay algo más detrás de esa tristeza. El compositor asegura que un corazón roto siempre inspira más que uno feliz. La alegría, dice, puede ser una construcción que el ser humano busca para enfrentarse a una existencia marcada también por el dolor. Y precisamente porque conocemos la tristeza, buscamos la felicidad. El sufrimiento, entonces, no solamente destruye: también puede impulsar la creación.

Mer coincide en esa mirada. Aunque el dolor puede ser devastador, también posee una intensidad extraordinaria. Derrumbarse permite experimentar emociones, pensamientos y sensaciones que, con el tiempo, pueden convertirse en memoria, en aprendizaje y, como en su caso, en una obra de arte.

Manuel Alejandro y Mer Rodríguez representan así dos generaciones que se encuentran en un mismo territorio: el de la sensibilidad. Él, con una trayectoria dedicada a transformar emociones en canciones; ella, con una mirada joven capaz de convertir esas mismas emociones en imágenes. Dos formas de crear que demuestran que el arte no tiene edad y que una experiencia puede seguir encontrando nuevas maneras de ser contada.

“Todo se derrumbó” es, finalmente, un testimonio de que incluso las heridas pueden tener belleza. De que el desamor puede convertirse en música, el recuerdo en dibujo y la tristeza en una obra capaz de acompañar a quienes atraviesan exactamente lo mismo. Porque cuando todo se derrumba dentro de nosotros, quizá el arte sea una de las formas que encontramos para volver a construir.

Escucha esta entrevista completa en “El Arte de la Canción: Segunda Temporada” Celebrando los 80 años de la Sociedad de Autores y Compositores de México en Milenio Televisión.


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