El Museo Amparo cumple 35 años como un espacio que no sólo conserva objetos sino cartografías del tiempo. La propuesta curatorial que presenta Una vuelta en espiral. 35 años de la colección Museo Amparo no es una retrospectiva lineal, es más bien una lectura en espiral que permite superponer capas temporales, narrativas institucionales y miradas individuales.
El recinto ha puesto a dialogar 400 piezas de su acervo con la mirada de la artista Fabbienne Hess, quien presenta de forma paralela la exhibición Lo invisible y sus tramas, cuya apuesta complementa el relato institucional, explicó Ramiro Martínez, director del Museo Amparo.
Previo a las inauguraciones de ambas muestras, que tendrán verificativo este sábado 17 de mayo, Hess explicó que trabaja con lo que no siempre aparece a primera vista: "Con tejidos de relaciones, materiales tácitos y procesos invisibles que sostienen las superficies visibles".
Su obra, detalló la artista suiza, funciona como una lupa sobre hilos de diferentes lienzos de seda que unen piezas en movimiento, gestos curatoriales e historias infinitas que aluden a piezas de la colección y a procesos de trabajo del personal del museo.
Esa forma de recorrer invita a una experiencia que se bifurca entre lo visible y lo que queda detrás: "Lo cotidiano del museo, sus decisiones, sus comisiones, sus tensiones con el mercado y la comunidad, y la trama humana y técnica que sostiene cada exhibición".
Al final de la muestra el asistente puede leer lo que dicen los propios colaboradores del Museo Amparo que nunca se ven y que retomó la artista para su propuesta.
El acervo del museo
Pamela Desjardins, la curadora de la exposición, dijo que Una vuelta en espiral. 35 años de la colección Museo Amparo plantea una lectura de la memoria de este recinto y de su acervo.
"La espiral como dispositivo no es sólo una figura estética. Funciona como principio de lectura. En lugar de comenzar con un relato cronológico que dicte una progresión única, la muestra propone itinerarios que regresan sobre sí mismos para revelar diferentes piezas, muchas de las cuales nunca se habían exhibido".
Al entrar a la exposición, el público encuentra una primera sala que opera como un gabinete de curiosidades: piezas pequeñas, extrañas, ajenas a las piezas “principales que solemos asociar con la historia del museo. Este gabinete, con su intimidad y su rareza, anticipa la intención curatorial: sacar objetos de su contexto habitual para permitir combinaciones inesperadas y, desde ahí, hacer surgir nuevas preguntas".
Para el placer de los espectadores se muestra la joya de la corona: Retrato de Elizabeth, que pinto en el año 2000 Julio Galán (Coahuila, 1958-Zacatecas 2006).
"Luego observamos la idea del cuerpo que tiene una identidad familiar, un paseo exterior" para dar paso hacia la naturaleza y los territorios lejanos, y terminar el recorrido con una sala dedicada al material audiovisual del archivo del museo, recopilado por Rafael Ortega.
Asimismo, el director del Museo Amparo indicó que esta muestra es una producción nacional realizada con el estímulo fiscal del artículo 190 de Efiartes.
Precisó que para enriquecer el discurso curatorial se encargó obra a artistas contemporáneos como Alejandra Venegas, Dulce Chacón y Héctor Zamora.
PCL